EL AMOR SIN AMOR: FRUTA VERDE DE ENRIQUE SERNA

Fruta verde, Enrique Serna, Autores Españoles e Hispanoamericanos, Planeta, México, 2006.

Marco Tulio Aguilera

Lo primero que me llamó la atención de la novela Fruta verde, de Enrique Serna, fue el título, idéntico al de un viejo cuento mío, publicado en un libro que el mismo Serna presentó hace muchos años en la Feria del libro Universitario en Xalapa. Asunto sin duda intrascendente, puesto que la expresión “fruta verde” es casi un arquetipo del lenguaje castellano y es el nombre de una canción popular. Y menos extraño me pareció por el hecho de que Serna y yo nos hemos seguido la huella a lo largo de los años. Yo fui uno de los primeros que destacó la calidad indudable de su volumen de cuentos, Amores de segunda mano, publicado por la Universidad Veracruzana, y él fue quizás el primer mexicano que descubrió ante el público lector de este país mi trabajo literario en un largo y documentado artículo publicado en el inolvidable suplemento Sábado de Unomásuno. Es inevitable que lo semejante busque a lo semejante y que por una especie de narcisismo externo uno exalte en el otro las calidades que cree poseer. De modo que no pido licencia y acepto el imperio de los famosos dioses literarios griegos Melees y Teleo, inventados por José de la Colina, para volver a hablar del trabajo de Enrique Serna, un escritor que respeto y sigo públicamente sin pudor.
La técnica más evidente que hallo en Fruta Verde es la de una especie de omnisciente cámara oculta que registra y juzga desde muchos puntos de vista los actos y pensamientos de una serie de personajes: Germán Lugo, joven aspirante a escritor, Mauro Llamas, dramaturgo homosexual, y Paula Recillas, cuarentona divorciada, de moral decimonónica, madre del aspirante a escritor. Se trata de una novela de educación sentimental de los tres protagonistas, pero particularmente de Germán, que vive entre los fuegos cruzados de una banda de homosexuales, todos dispuestos a seducirlo o pervertirlo; de su madre, que trata de encauzarlo por los derroteros de una moral heterosexual intolerante; de la academia universitaria que lo impulsa a defender las causas de los desposeídos … y de sus ansias de convertirse en escritor, tendencias todas que luchan por imponerse y terminan por conformar a un personaje complejo, bien trazado, con menos limitaciones que el célebre protagonista de la novela ya clásica de Luis Zapata, El vampiro de la Colonia Roma. (A propósito de la novela de Zapata vale la pena recordar el escándalo que suscitó esta obra por revelar un secreto a voces: que los homofílicos nice del DF hacían sus ligues en el Samborns y sus travesuras en los baños del mismo establecimiento. Escándalo suscitó la novela de Zapata no sólo por la temática, sino por el atrevimiento estilístico: la novela estaba escrita sin un solo signo de puntuación.)
La novela de Serna es más compleja que la de Zapata en términos estructurales y estilísticos y revela el estudio disciplinado de la novelística contemporánea, particularmente de la latinoamericana. Noé Cárdenas, en reseña aparecida en Letras Libres, califica a esta obra como “la primera novela bisexual mexicana”. Más que bisexual me parece que la obra es una novela de extremos: exhibe una especie de extremismo vivencial que practican casi todos sus personajes: son personajes excesivos, reconcentrados en su perversidad o en sus tendencias, exentos de poesía, elementalmente degenerados, unilaterales, sin que esto implique que mi juicio sea moralista o que tienda a descalificarlos: simplemente son así: casi bestiales en su sexualidad, libres de razonamientos a la hora de ejercer su sexualidad, entregados a sus preferencias. Incluso los parientes provincianos de Germán resultan ser personajes con preferencias sexuales exacerbadas y particulares. Fruta verde no es una novela tradicional sino una obra llena de variaciones y atrevimientos… que sin embargo fluye: de la tercera persona omnisciente al monólogo, del diálogo al diario íntimo, usa estilos y puntos de vista diversos, formatos teatrales, melodrama, tragicomedia, radionovela. Se nota aquí al autor estudioso, al experimentador atrevido, y a veces, al apresurado. El apresuramiento se nota especialmente en el estilo: cargado de obviedades, repeticiones, esnobismos, citas literarias oportunistas y lugares comunes. En un autor como Serna esto solo puede ser resultado de la prisa por publicar.
Lo escrito por Serna ha sido muy celebrado, tanto por la crítica como por los lectores. Es un autor mimado, un elegido, al que ya difícilmente se le juzga con objetividad. Me atrevo a decir, con poca humildad, que Enrique en Fruta verde no muestra haber digerido bien las enseñanzas de su maestro García Márquez, en cuanto a la necesidad del perfeccionamiento del estilo; me parece que se ha dejado llevar por la irresponsabilidad de un Rubem Fonseca, por esa costumbre de escribir lo primero que se le ocurre, sin recurrir luego en la revisión. Caga oro pero no lo lava, digo. En síntesis: pienso que el éxito, sin comillas, le ha hecho mal a mi amigo Enrique Serna. Hace poco otro amigo, Luis Arturo Ramos, me reprochaba que yo hablara mal de sus libros. Se refería entre otras cosas a los reparos que le había puesto a sus obras recientes. Le respondí lo siguiente: “Agradéceme que yo diga lo que pienso verdaderamente de tu trabajo: los que te alaban por escrito y te denigran de palabra a tus espaldas, te engañan y perjudican. Pienso de verdad que desde hace años tus obras vienen flaqueando, ya no dicen nada. Tienes un gran estilo pero ya no tienes nada que decir”.
Serna tiene mucho que decir, pero ahora su pata coja es el estilo. Siendo mi amigo de muchos años, pienso que es más leal hacer un comentario sin censura que uno a su gusto. Por otra parte hay gran cantidad de valores que hacen que la novela sea digna de ser leída: un atrevimiento en todos los temas que toca, una exposición descarnada del mundo de la sexualidad homosexual, su reivindicación de la bisexualidad, un enfrentamiento con el estáblishment cultural, una justificación del multichambismo al que se ve obligado el escritor en México. Que es una novela en clave es fácil descubrirlo: por ahí uno adivina al dramaturgo Olmos, a Gurrola, a Luis de Tavira, tal vez a Carballido. Se cita con nombre propio a la hermana de un ex presidente (Miss Piggy, la llama) y se la describe con adjetivos porcinos. En la novela hallé expresiones coloquiales divertidas para un ignaro como yo: supe lo que es una “mirada braguetera”, una “güagüis” y otras delicatessen. La personalidad de la madre del escritor está bien definida y es verosímil: enfrenta el problema de tener a un “degenerado” en la familia. La obra termina con un tour de forcé al que el autor ha titulado “Ofrenda” en el que ata todos los hilos y concluye airosamente una novela extremadamente delicada, difícil de escribir y, sin duda, muy difícil de escribir. Que sea autobiográfica como anota Noé Cárdenas, carece de importancia. Lo que lee el lector es lo que importa. Algún intelectual de provincia que vio la novela de Serna en mis manos me dijo que era un manual de joterías. Muy bien. Entonces además de una obra literaria es una obra científica. Vale la pena leerla. No dudo que la obra llegue a convertirse en lo que se llama “una novela de culto” entre grupos de personas con “opciones diferentes” (¡que feo suena eso!).

Marco Tulio Aguilera

Marco Tulio Aguilera

2 comentarios:

  1. Estimado Marco Tulio. Me parece muy oportuno tu análisis de Fruta verde de Serna y, sobre todo, comparto tu premonición acerca de que está llamada a ser una novela de culto. Enrique se apuntó un nuevo aserto al explorar la virilidad en su más reciente novela La sangre erguida, que consolida su exploración novelesca acerca de la sexualidad masculina, y tiende puentes hacia lo hecho por Luis Arturo Ramos en, al menos, La casa del ahorcado, también de culto. Recibe saludos afectuosos. Felicidades por tu blog, que ya criticaré con amplitud por tu proclividad hacia la impudicia.

    ResponderEliminar
  2. Estimado Marco Tulio. Me parece muy oportuno tu análisis de Fruta verde de Serna y, sobre todo, comparto tu premonición acerca de que está llamada a ser una novela de culto. Enrique se apuntó un nuevo aserto al explorar la virilidad en su más reciente novela La sangre erguida, que consolida su exploración novelesca acerca de la sexualidad masculina, y tiende puentes hacia lo hecho por Luis Arturo Ramos en, al menos, La casa del ahorcado, también de culto. Recibe saludos afectuosos. Felicidades por tu blog, que ya criticaré con amplitud por tu proclividad hacia la impudicia.

    ResponderEliminar