MARCO TULIO COME HONGOS ALUCINOGENOS GUIADO POR SU GURU, ANTROPOFAGIA, VAMPIRISMO


EL FRENÁPTERO EN MEDIO DEL PAISAJE

Habla Adolfo Montaño, el ángel terrestre
Del Diario de 2002

¿Computadoras? Las utilizo para escribir música y para el correo electrónico. Mi libro de solfeo comienza con esta idea: cualquier sonido tiene implícitos el armónico de su octava. Al final de ese sonido suena su octava. Luego la quinta de esa octava y luego la tercera mayor y una séptima menor. Éstas son las resonancias naturales. Lo que imagino en mi novela es que hay un planeta en el que todas las cosas funcionan en base al número tres. Le gente tiene tres dedos. Cada persona tiene tres cuerpos. Y si matan a un cuerpo, sigue vivo el otro. El alma está repartida en tres cuerpos. Cuando un hombre triple hace el amor con una mujer triple, y hay un embarazo, salen tres bebes que son una sola persona. Los dioses son tres personas. Las escalas de sonidos son de tres nada más. Todos los sonidos de los extremos son compinches y el del centro es antagonista. Entonces los dos sonidos amigos son función primera y el otro es función quinta. Y la música oscila entre función quintan y función primera. ¿Entiendes?” Evidentemente no entiendo nada, pero tomo nota para tratrar de descifrarlo más tarde.
“Hay una cantidad de tensiones. El medio tono es inevitable”.
“En el planeta los de las fronteras usan las dos escalas: do, re, mi y re, mi, fa; y se forma una nueva escala”.
Le pregunto qué es un armónico.
Responde que el sonido puro no existe en la naturaleza, que los sonidos están compuestos por muchas ondas y que las partes simples son los armónicos. La octava es la vibración perfecta: do, y una octava arriba, do. Los armónicos son componentes del sonido.
“El libro de solfeo que escribí no es serio en sentido académico, sino que está escrito en serio pero es en broma. No estoy inventando nada”.
Toma un hongo entre sus dedos y lo coloca contra la luna. “Estos hongos, psilosibina, parecen como oro. Parecen como oro desmayado, como caca de ángel. Debajo tienen una faldita negra. Crecen sobre la boñiga a veces después de la lluvia y cuando le da la gana a la naturaleza”.
“Una amiga hongeó a su psicoanalista y él se subió a un árbol. Creyó que era una fruta madura y se tiró y se quebró el cráneo... Yo en realidad no necesito psicoanalista”.
Le pregunto si no teme que me pase lo que al psicoanalista (he consumido hongos como un inexperto cosaco) y que me suicide.
“No, no, no” , dice enfático. “Los mismos hongos a veces no dejan que uno abuse de ellos. Yo he tenido experiencias tan terribles, tan cercanas al límite del ser, como no sentir el cuerpo, estrirar la mano y de pronto llega una mariposa negra que allí ser posa y se muere. O convertirme en mueble, en objeto y contemplarlo todo maravillado y darme cuenta quye es maravilloso quedarse inmóvil. Que hay una gracia en eso y encontrar que todo es perfecto. Que todo sigue siendo lo que es, pero hay algo que cambia. En realidad uno tiene que quedarse quieto y mirar. En realidad es algo hipnótico. Está uno en los límites de la esencia. Así como que el cuerpo desaparece o al contrario el cuerpo se vuelve algo completamente real. Es como subir...” Adolfo suspende y sale de la casa, desaparece en la noche como poseido, como ido, como tomado por un Dionisos. Yo ya casi me tomé toda mi aguadepanela con honguitos. Todavía no he masticado el hongo pero sé que lo voy a hacer. Haré exactamente lo que hice en la Plaza de Toros: camninaré tranquilamente hacia la entrada y subitamente entraré a afrontar el toro, sin preocuparmne de lo que va a pasar.
“Durante una honguiza todas las cosas se desordenan: el desorden exterior se vuelve como el desorden interior”.
De pronto se me ocurre hacer una de esas preguntas. Parece que yo creyera que Adolfo lo sabe todo, contesta cualquier pregunta como si tuviera acceso a todos los bancos de datos del universo.
—Existe el mal? — . Su respuesta es absolutamente elemental, cercana, verosimil, irrefutable:
—Claro que existe, especialmente en Colombia: los paramilitarers, la guerrilla, los narcos. El árbol de la ciencia del bien y el mal en realidad era un solo árbol, ¿sabías eso? El bien y el mal son asuntos completamente ambiguos. Una señora en una verdulería me quería convertir al protestantsmo. Le dije que uno debería amar a los enemigos y que por lo tanto debíamos amar al diablo y que el ejemplo nos lo debería dar Dios perdonando al diablo y que de paso nos evitaría este eterno conflicto entre el bien y el mal. El bien que salió de Dios es el mismo mal que salió de Dios. Unos dicen que Dios dejó una obra abierta, pero de todas maneras para el protestante el hombre es la gran maravilla de la creación. Pero veamos —dice sin asumir actitud docta alguna—: si el mundo estuviera hecho de tigres el equilibrio ecológico sería magnífico. Cada vez que pisamos una hormiga pisamos todo un universo.
Adolfo ve que tomo un trozo de hongo, que lo levanto para mirarlo a la luz de la luna y que me lo llevo a la boca.
Corpus Domini nostri, Iesucristi custodiat animam tuam in vita eterna. ¿Sabes lo que estás haciendo, Marco? Estás comiendo poder. En realidad, ¿qué quería decir ese señor cuando dijo “quien come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida eterna?” Es una religión basada en la antropofagia y el vampirismo.

Marco Tulio Aguilera

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