HONGOS ALUCINOGENOS, ADOLFO MONTAÑO, ANDRES CAICEDO, ESTANISLAO ZULETA, WILLIAM OSPINA


Diario del 2000

Sigo contando eventos de mi encuentro con Adolfo Montañovivas en Colombia. Adolfo es un amigo caleño, a quien convertí en protagonista de mi novela Los placeres perdidos, que pueden ver en su edición mexicana a la izquierda.


Ahora a Adolfo le gusta la música virreinal de negros. Hay uno, dice, en el cual los negros creen que rezándole al niño Dios se van a volver blancos.
Adolfo es poeta, músico, novelista, una especie de artista del renacimientos. Su vida es un flujo interminable de obras que produce su mente prodigiosa y se esfuman en el aire:
--Mientras estaba botando basura de mis recintos sagrados --dice-- encontré seis novelas empezadas. En una a un tipo se le atasca un jeep en un barrial. Se baja a caminar y a la orilla de un río se encuentra consigo mismo, pero cuando tenía nueve años.
Adolfo va al refrigerador y trae un frasco en el que flotan unas especies vegetales entre verdosas y cafés. Es agua de panela con hongos, dice. “A veces me la tomo yo solo, porque mis amigos tienen que manejar el barco, pero en vista de que no hay barco amarrado en nuestro muelle, ¿quieres tomar un poco?” Al principio lo rechazo pero luego comienzo a beber tímidamente, hasta que me atrevo y termino todo un vaso, incluso mastico los hongos. Recuerdo que en Los placeres perdidos, novela que escribió Marco Tulio, alcancé la dignidad de profeta y pude caminar por el auténtico paradise.
Adolfo sigue hablando. Ha anochecido, los zancudos se están dando el banquete de su vida con la blanca piel de Adolfo. A mí, curiosamente, no me atacan, es como si tuviera una capa protectora. “Yo me mantengo sobresaturado con lo que hago”, dice. “Le pongo toda la libido a la preparación de clases y eso me llena completamente, no necesito del sexo para dormir en paz, me gasto hasta la última gota en mis clases”.
Luego habla de un personaje de la novela mencionada, que es en realidad una amiga de Adolfo.
--Coco se casó y le fue como a un poerro en misa. Hace once años nos separamos. Ella estudia con Silver Stone, que es un tipo que puede clasificar cualquier planta del mundo. Tú comienzas a contar, y antes de llegar a 21, ya te dice qué planta es la que traes entre manos. Una vez me encontré con una semilla completamente metálica, una semilla de plata. En mi apartamento se torcieron los cables de la realidad. Oprimía el interruptor de una habitación y se prendía la luz en otra. Mi sueldo es vergonzoso.”
Adolfo salta de un tema a otro sin transición. Yo que conozco la alta tensión que domina su mente no pierdo la calma, el sentido ni la pista. Adolfo seguía bebiendo su infusión, encantado de extender sus brazos para que se alimentaran los mosquitos. Se quitó la camisa para que tuvieran más variedad en el menú. Porque decía, no sin razón, supongo, que la sangre de los brazos debe tener un sabor muy direrente a la sangre de la espalda, for example.
--Fui a Suecia con un coro de 48 sardinos. Huy —dice levantando los brazos y abriendo las manos, como si se dispusiera a volar— esto ya me cogió, estoy poseído, tomado, expropiado y digerido.
Yo no siento que los hongos me hayan hecho efecto.
--El mundo va pa atrás. Ya casi no hay hongos. Para encontrarlos hay que caminar y caminar cuando recién ha llovido, siguiendo rutas sin camino en los pastizales, en las faldas de las montañas, por territorios plagados de guerrillas. Imagínate esta escena: estás en el paraíso terrenal, todo es esplendor, los frutos cuelgan de los árboles al alcance de tu mano, las fieras se reúnen en torno tuyo; tendida en la hierba, al lado del rio original del paraiso, está Eva y tienes el deber de inaugurar el amor en el universo con tu mujer, la que Dios te dio, la única, la primera; Dios está allá arriba urguiéndote, vamos Adán, que hay que poblar la tierra, ¿es que no entiendes lo que quiere decir creced y multiplicaos? El pobre de Adán no entiende y Dios le dice, mira, sube a ese monte y allá nos vemos, te voy a revelar los misterios de la vida. Y allá va Adán, intrigado y frotándose las manos porque sospecha que aquello va a ser divertido. Dios le pone la mano el el hombro y le cuchichea las verdades de la vida. Adán, sorprendido, no puede creerlo, ¿de veras, Señor? ¡No puedo creerlo! El Señor está a punto de enojarse pero prefiere insistir. Mira Eva fue hecha así y así, tiene este pequeño detalle y tú tienes un otro detalle, es como la ojal y el botón. ¿El ojal y el botón? Bueno, perdón, Adán, es que me estoy adelantando, las camisas todavía no han sido inventadas. ¿Las camisas? El Señor, a punto de perder la paciencia vuelve a repetir cuchicheando el procedimiento. ¿Entiendes? Entiendo, dice Adán alborozado, corre donde Eva y le dice mirándole de soslayo el horizonte inverso bajo el ombligo. Ejem, Eva, por instrucciones del Señor, has de tenderte en la hierba y permitirme una pequeña inspección y luego, bueno... luego vemos. Y está Adán cumpliendo con los preliminares, cuando aparece un barbaján con una ametralladora, vestido en traje de fatiga, sudoroso, de mal humor, insolente. “Manda decir el comandante que cualquier inmoralidad pública debe ser castigada”.
Imagínate, un guerrillero en el Paraíso Original dando clases de moral. Pues eso es lo que está sucediendo en Colombia. Mira, dice señalando con el ceño, es decir, ceñalando, una mosca posada en su brazo. “Es la madre de todas las moscas”. ¿Cuáles son los efectos de los hongos? “Todo es exactamente igual, pero si me paro es como si pasaran siglos. ¡Qué zancudero! Es como si no tuvieran otro oficio. Escucha, escucha el paso del agua. La diferencia entre un estado con hongos y uno sin hongos, es que la naturaleza se da cuenta que uno está ahí, de que uno existe. Yo siento la mirada del árbol de las flores. Son miradas eternas, como si el árbol fuera el representante de todos los árboles. Eso suena como Platón, ¿no es cierto? Me parece que Platón comió honguitos”.
Yo estoy esperando que los hongos hagan efecto. No siento nada.
--A ver te cuento cosas. La vida no deja de asombrarme. ¿Sentiste lo de las Torres? ¿Sentiste que la historia se está partiendo? La buena suerte de los afganos. Las mujeres en los gabinetes, en los ministerios, en los partidos de futbol, las mujers sin miedos, sin reglas ...bueno, sin reglas no, supongo que ningua bomba les va a suspender la regla a las afganas.
No dejo de sorprenderme de que no me hayan picado los zancudos. Adolfo dice que posiblemente mi sangre sea venenosa. O simplemente que entre mi cuerpo y su cuerpo prefieran el suyo, porque como todo el mundo sabe, Adolfo es un ángel, y la sangre de ángel debe tener mejor sabor que la de los mortales.
--Mira volar los pájaros, mira las piedras, las piedras tienen rostro.
Vamos a caminar. Súbitamente ha amanecido y no sé como pude extraviar toda una noche. Avanzamos por la finca de Adolfo. Nos subimos a una piedra enorme. Adolfo señala un árbol.
--Es una ceiba pentandra. Manojos de cinco ramas y ramos de cinco hojas.
Adolfo me ofrece más agua de panela con hongos. Tomo un trago.
--Estar frente a esa ceiba es estar como frente a Dios. Ese árbol está haciendo una presencia.
Me pregunto cómo consiguió Adolfo esa finca si no tiene dinero y su sueldo es vergonzoso.
--Sólo tuve que desearlo. En mi casa yo dibujaba una finquita, los árboles, los ríos, los frutos y todos los hacía como cartas, como arcanos del tarot. El ahorcado. Ese árbol, con esas ramas, de pronto uno ve que ahí está él.
(Escribo estas notas sentado en una piedra).
--Qué maravilloso. Esto es lo que yo quería. Nunca tengo tiempo de sentir esto --toca la piedra con la mano, con la palma abierta.
--Los líquenes, el microcosmos. Cuando una persona muere la primera sorpresa que se lleva es descubrir que sigue ahí. El ser no tiene peso. Apenas se ha desprendido de ese principio vital. Es como si la gravedad no tuviera sentido para él. De pronto comienza a ver bosques. Uno dice quiero estar ahí. Y súbitamente está ahí. Se desplaza a planos geométricos que no comprende. A veces siento que he muerto muchas veces. Así como se apagan los días y llegan las sombras y las noches llega la muerte.
Los perros ladran.
--Son unos vendidos --dice Adolfo.
Súbitamente apunta con un dedo al cielo.
--Pasó una golondrina y le vi los panties. Mi novela, una de mis novelas. Después de la guerra nuclear todas las muñecas serán negras. El mundo estará cubiertode hollín y las llagas estarán de moda. Todo el mundo tendrá llagas, hasta las esposas de los presidetes. ¿Te confieso una cosa? En realidad esta finca no existe. Lo único real es la escritura. Es lo único real. Pasarán los siglos por encima de todas las cosas y la escritura quedará. De una u otra forma quedará, uuuuu. Uno se podría matar con mucha facilidad. Uno siempre está en el límite del no ser. Yo no tenía una finca sino que la dibujaba. Yo gano 800 000 pesos y sabes cuánto cuensta una renta en Colombia? 400 000 por lo menos. A mí no me pueden echar de mi puesto en la Universidad del Valle. Soy nombrado, soy un elegido. Veo que dos negritos, macho y hembra, corren por el paisaje. Son los hijos de Rosita y James.
--Imagínate a estos negritos viviendo en el paraíso. El Paraíso para ellos solos. ¿Sabes por qué? Porque los del ELN han espantado a todos los demás habitantes, los han aterrorizado. Paradojas de la vida: este paisaje se mantiene intacto, sin conjuntos residenciales, sin contaminación, gracias a la violencia.
Corre entre piedras gigantescas un arroyo clarísimo, de aguas transparentes, frías, mágicas.
--Me acerqué a cinco ciegos en la Biblioteca Jorge Luis Borges y les dije: No se imaginan lo hermoso que se ve el mundo: los guayacanes en celo, las camias en celo, el ilang-ilang. Flores verdes, insípidas, muy olorosas, con ellas se hacen perfumes. Y los ciegos me dijeron que les hiciera el favor de describirles el mundo. Entonces les dije, salgamos al campo. Hicimos un recorrido de varios días y yo les iba describiendo todo, y no te imaginas la alegría de los ciegos. Todos me amaban y querían hacer algo para pagarme. Las cieguita dijeron que me podían enseñar los secretos del amor de los ciegos y yo les dije que bueno. Esa parte de la historia no te la cuento, solo quiero que te la imagines. Sólo te digo que el amor de los ciegos es un millón de veces más placentero que el amor de los videntes. ¿Quieres ver una paradoja? Ese árbol-mango, da lo mejor de sí. Las golondrinas no saben de las estaciones y es por eso que no les importa cumplir con el dictum de que una golondrina no hace verano. Ellas salen a hacer sus evoluciones cuando les da la gana. Todo lo que he querido lo he pedido y lo tengo. Debería aprovechar para pedir más, ¿no crees? Hubo una época en que yo era tan deseado, que quería que el sexo no existiera. Quise ser un ángel y quedé como ángel. Voy a cine, veo besarse y me da asfixia. Quiero escribir mi biografía. Las piedras asumen mi cuerpo. En eso se distingue un rey de un astronauta. Es como si la naturaleza me obedeciera.
Adolfo está al borde de una piedra y la piedra al borde de un abismo. Temo que caiga, aunque sé que por alguna razón inextricable nada le puede suceder al frenáptero.
--Sembrar me encanta. Es una forma de ser papá y mamá. También me encanta componer. En cada melodía trato de que esté encerrado el mundo.
Le pregunto quién es la flaca de enormes anteojos y enormes botas de hule que anda por ahí con una sonrisa enigmática.
--La Flaca, Su Flaqueza Real tiene varias misiones en la vida. La primera, armarme los varetos y la segunda, llevar a la realidad mis obras, mis proyectos y vender mis vitrales. Yo los diseño casi imposibles de realizar, como Pagannini componía piezas practicamente intocables, y ella de alguna forma milagrosa logra concretarlos. Son vitrales muy complejos, que le exigen al vidrio ángulos que el vidrio no podría dar, y ella consigue domesticar el material. Nunca hemos podido vender un vitral, porque la flaca, al verlos, descubre que cualquier precio es bajo y los tasa en millones. Y cuando se los ofrecen, les sube el precio. Yo debía aprovechar mi vida para pintar, pero la universidad no me lo permite, me ahoga. Yo vivo con mis papés, con la mamá de Daniel. Mis papás están muy viejos. La muerte es obligatoria, pero parece que ellos no se han dado cuenta. ¿Qué es lo quer más deseo? Morir. Pero antes quiero terminar mi obra, y como mi obra es interminable, tendré que aplazar ese asunto.¿Cómo puede meter uno un buey en un armario? Ese es el gran misterio. Uno tiene que descifrar todos los misterios de la vida. Sólo así vale la pena vivir. Esos zapatos me gustan, se están gastando conmigo. Una vez pasé en medio de trece tipos que estaban bloquenado una calle, la calle trece. Era de mañana. Ellos estaban convencidos que la calle era de su propiedad, seguramente eran unos viciosos. Pasé entre ellos. Abrieron paso muy asustados, como las aguas a la señal de Moisés. Yo aprovecho para llorar cuando bostezo. Así me ahorro tiempo. Coco vive en París, tiene un apartamento grandísimo y una hija preciosa. La pido para mí. Si puedo la rapto.
--¿Si no tienes dinero por qué no vendes los vitrales? --le pregunto.
--Todo lo que tenga que ver con comercio, se lo dejo a los demás. El comercio es una actividad vil. Mi misión es lograr que los vitrales existan. Yo leo algo de García Márquez y se me borra al instante. Son apenas visiones planas, se disfrutan y se pierden. Por eso tiene éxito: porque lo que escribe es como la televisión, sin fondo alguno.
--Avanzamos por la finca.
--Mira, este es un mangosto, una fruta que se hace esperar diez años. Para hacerle el honor tendría uno que gastarse diez años en comerlo. Ya atardeció.
--Aquel es un madroño liso. ¿Qué te parece si le bajamos los humos?
Adolfo se pone a lavar sus perales con un cepillo de dientes y detergente.
--Cuando uno se separa de una mujer se vuelve simpatiquísimo. Hay en esto un misterio grande.
Vemos que el sobrino de Adolfo, Daniel, se dirige a la quebrada con los negritos.
--En la guerra hay una especie de parábola. Es la insaciabilidad. Uno debería tener repelente contra turiferarios, que son los que echan incienso. La vida es el colmo.
Se toca el cráneo.
--Es un buen ejercicio de humildad tocarse la calñavera: sabe lo que va a quedar cuando la carne desaparezca. Mi sobrino William llegó a ser un magnífico relojero. Lo llamaron del Hotel Dann. Los ingenieros habían desarmado el reloj de una gran lavadora y no podían armarlo. William estudió el caso, colocó todas las piezas en el suelo, después lo volvió a armar. El pelao pudo a armar la vaina. En este paraiso hay frutas que no existen en ninguna otra parte. Una vez Daniel no quería tomar sopa y yo lo convencí diciéndole que el adjetivo debe ir antes del sustantivo. El no entendía por qué y mientras trataba de entender mis razones, pues se tomó la sopa. Desde entonces hay que hablarle de ese tema para que se tome la sopa. Por eso digo que es un chico extraño, aunque él diga que el extraño soy yo. Le pregunté a Daniel qué era un sustantivo, después de que había terminado su sopa del día: A ver, Daniel, ¿qué significa un sustantivo? Significa, dijo sonriente, que no estudiaste.
Ahora sí los mosquitos me tiene atribulado. Me dirijo a la quebrada y me baño bajo el chorro de agua helada. Se realiza el milagro, me siento poderoso. Creo que los hongos están haciendo efecto.
El pelo ya escasea sobre el cráneo de Adoilfo, está canoso. Sus piernas siguen fuertes. Su Flacura Ilustrísima se dedica a podar árboles con serrucho con saña asesina.
--Mira, ese árbol que tiene un fruto se llama Muriel.
Daniel parece un pequeño mico, se le sube al cuerpo a Adolfo, y lo persigue a todas partes.
--Si quieres escalar socialmente, ésta no es la forma --le dice su tío--. ¿Cómo vitoreaban los egipcios a Cleopatra? Cleopatra, ¡ra, ra, ra! ¿Qué hizo Scherezada? Cuentos en lugar de hacer el amor. Huele més feo que boca de mudo. María Cecilia—la copropietartia de la finca, maestra de música en la Universidad— fue la que corrió con mis gastos en el psiquiátrico. Cuando yo le dije al psiquiatra que no quería seguir con el tratamiento me pidió de rodillas que no lo suspendiera; me dijo literalmente “Adolfo, tú no estás tan mal como pasa suspender el tratamiento, y yo, sí estoy muy mal, tengo mujer y cinco hijos, si me abandonas caeré en la insolvencia.” Yo he ido dos veces al prioquiátrico. La primera vez porque no sabía cuál era mi lugar en el mundo. Él psiquiatra me dijo “tu lugar está aquí”. Yo no sabía qué iba a hacer con mi vida. ¿Cuál es la pasión de Clos, de Santa? La pedofilia. Eso me lo dijo el poeta Leonardo Cano, al que yo le decía El Transgénico. Todos quieren que el lugar sea aquí. Pero el lugar es relativo. Hay tantos aquí. Cuando salí del psiquiátrico, me dije voy a ser médico. Pero en verdad quería ser literato. Quería que mi nombre fuera importante. La segunda vez coincidió con la muerte de Andrés Caicedo. Él sí se atrevió a rebasar el umbral. Yo, que lo había intentado tantas veces, no lo logré. Yo tenía crisis muy frecuentes. La segunda vez María Cecilia se entendía con el loquero. Ella me dijo que debía ir con Estanislao. Pero yo pensé que Estanislao no era suficiente. Adentro del psiquiátrico me olvidé de mis problemas. Tuve una hueva hinchada durante el 31 de diciembre. Noelia me acompañó al doctor. Yo tenía mi hueva hinchada por una patada de mi mula hija, Isabel.
Daniel le trae un grillo. Adolfo intenta asustar al grillo con una histoiria de terror que tiene por protagonistas a grillos. Pero el grillo permaneció impávido.
--Llegó al hospital una persona que había caído del quinto piso, estaba destrozado, el médico lo quería armar cosiéndolo. El médico me dijo tómese una pastilla, si no se desinflama, hay que rajar. Ante esa amenaza fuimos a visitar a William Ospina, el poeta, al que le habían sacado un riñón, quedó morriñonado.
Sin duda hay una cantidad de incoherencias en este texto, no tanto porque Adolfo estuviera desvariando, como porque mi cerebro ya estaba nublado por los hongos. ¿Les digo la verdad? Estoy recuperando este diario poco a poco y lo subo al blog para algún día trabajarlo.

Marco Tulio Aguilera

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