DF, MARIO REY, INDIGESTIÓN, TEPITO, LA VANIDAD, ENTREVISTAS


Un par de días en el DF para arreglar el asunto de la visa a Costa Rica, atender a tres entrevistas, ir a Tepito a tepitear, y disfrutar de la amabilidad de Mario Rey, que nos atendió, a "L" y a mí, a cuerpo de su propio apellido: preparó un exquisito espagueti con alcaparras y atún y "lo bañó" --suena esto simpático-- con un buen vino chileno. Hablamos de los temas de siempre. Nos actualizamos en lo referente a publicaciones, chismorreamos sobre escritores. Y en este apartado surgieron los mismos de siempre: GGM, Mutis, Eduardo García Aguilar, Fabio Jurado, William Ospina. Al comentar que Gabo y Mutis estaban bastante viejos, el primero aquejado por su ya conocida enfermedad y la pérdida de la memoria,y el segundo por una neurosis difícil de soportar, lo que hicimos fue asegurar que nosotros también estábamos madurando aceleradamente.
Las entrevistas fueron con el amigo Baltazar de Radio UNAM y con con Monterrosas, de la página cultural de la Presidencia de la República, así como con Adriana Pérez Cañedo de radio y Canal Once (quedó pendiente que me la van a hacer una buena entrevista por teléfono). En las entrevistas los periodistas --los dos con sus aristas literarias-- hicieron las preguntas de siempre y yo di las respuestas de siempre, ante el escepticismo y la sonrisa subterránea de "L", que ya ha escuchado la misma carreta veinte veces. Cada escritor se confecciona una máscara y se ocupa de adornarla. Lo que más divirtió a "L" fue que yo dijera que desde pequeño tengo una poderosa pila que me hace trabajar mucho, hacer mucho ejercicio y acometer toda clase de excesos. Alguna respuesta le llamó la atención a "L" e hizo aportaciones a la entrevista. (Dije que el amor era la superación del erotismo, frase que ambicionaba ser célebre pero que no sé si llegue a serlo). "L" afirmó que había oído lo mismo tantas veces que la entrevista podría contestarla a ella, de la misma forma que puede firmar mis cheques mejor que yo. Yo le dije a "L", con toda seriedad, que respondiera las preguntas por mí. Que contestara a mi nombre. Pero el amigo periodista, bastante serio, no se prestó al juego.

En Tepito encontré un audiolibro de Cien años de soledad a diez pesos y uno de Crónica de una muerte anunciada, por el mismo precio. Compré el libro Viaje a la semilla de Dasso Saldívar. Pagué por él cuatro dólares. Por cierto, para quien no lo sepa, este libro es una biografía bastante verosímil y documentada de García Márquez, de la que el inglés de Gabriel García Márquez: una vida se fusiló muchas anécdotas.
Nos quedamos en un hermosísimo hotel, el María Cristina... pero los zancudos no nos dejaron dormir. No sé por dónde se metieron, si había anjeos en las ventanas. Llovió, vimos a España ganar, tuve una indigestión por comer un enorme huarache con costilla en un restaurante casi callejero... delicioso, pero exploisvo), vimos llover y granizar, "L" compró el Tepito un hermoso mantel y un gabán y me regaló una camisa Hugo Boss bellísima, que moldea mi indomable panza bastante airosamente. El viaje de regreso en Autobús Platino fue excelente: soñé que iba a visitar a García Márquez y que lo hallaba aislado en un cuarto, solo, mientras sus parientes comían y se divertían en torno a una mesa, olvidándose del escritor más famoso del mundo. A propósito de esto: el amigo Baltasar, de Radio UNAM, me hizo las preguntas que acostumbro escuchar: ¿A qué se debe esta obsesión que tienes por García Márquez? ¿Por qué insistes en escribir tanto sobre erotismo? Además: ¿qué papel juega la vanidad en tu trabajo literario? Las respuestas que di tal vez pueda reproducirlas en este blog cuando Baltasar me mande el vínculo... Ello me lleva a pensar que debo escribir una especie de Tratado sobre la función de la vanidad en la creación artística... Es decir, una justificación de mis actitudes ( no hace mucho mi ex asesora en asuntos de blog me dijo: "Por eso le caes mal a tanta gente". Por cierto, de nuevo, Mario Rey también criticó mi ostensible necesidad de promover mi blog... Sí, ya sé que soy vanidoso, pero la verdad es que yo me perdoné eso hace bastante tiempo. Ahora sólo falta que me perdone el mundo y que se ocupe más de mis libros que de mi encantadora o inmamable o inmarcesible persona.

Marco Tulio Aguilera

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