EL HORROR ABSOLUTO

DIARIO COLOMBIANO 2002

Antes: un consuelo: 16 segundos en cincuenta metros crawl.


Continúo reproduciendo fragmentos de un archivo en el que relato sucesos espantosos que sucedían en Colombia en el 2002.

Tendidos en las hamacas. Pedro Botero me cuenta la experiencia de una antropóloga que llegó a visitar una comunidad en el interior de los Llanos Orientales. Los paramilitares, en cantidad de 200 atacaron la población. La reunieron en la plaza central, formando un cordón en torno a ellos. Trajeron a un grupo de guerrilleros que traían presos. Los amarraron en forma de cruz sobre la tierra, con estacas y sogas. Comenzaron a descuartizarlos lentamente: les cortaron los dedos, los pies, las piernas, los brazos, les dejaron los troncos y luego los dejaron desangrando. Antes de que muriera, un para bajó al jefe de los guerrilleros, a lo que quedaba de él, un muchacho alto, blanco, de ojos azules, lo que quedaba de su tronco sangrante, ya insensible al dolor, con los ojos llorosos, como de pasmo o maravilla, una expresión de arrobo o de terror, sin brazos, piernas, orejas, lengua. El jefe de los paras le abrió el pecho con un puñal, metió la mano y le arrancó el corazón. Lo cortó en trocitos con una hachuela sobre un tronco de carnicero y dijo al pueblo se pusiera en fila y fueran pasando uno a uno, y allí pasaron, desnudos, avergonzados, aterrorizados, a comer un trozo de corazón cada uno, y al que no quisiera comer, bala, ajusticiamiento somero, aquello era un sacrificio por Colombia, para que la guerrilla y el pueblo supieran quién tiene la razón y quién tiene la fuerza. Esto es para que el pueblo jamás olvide, este sacrificio no lo hacemos pro maldad sino como un homenaje a la patria, a los que queremos ver libre en este país de los violentos, de los apátridas, de los caínes.
¿Quiénes son los paras? Pregunto. Son unos asesinos a sueldo, eso son. Los guerrilleros, la mayoría, creen sinceramente en lo que luchan, tiene un ideal. Estas bestias de los paras son chacales, carniceros, mercenarios, cínicos.

Con siete días en Colombia he asistido a cuatro novenas. Los colombianos ya no se atreven a viajar, están prisioneros en sus casas, tratan de hallar en sus hogares consuelo. Fuimos ayer al nuevo parque de Villavicencio: un bosque de palmeras y árboles iluminados, coros de niños, vendedores, cientos de uniformados, soldados policías, guardia cívica, guardia de tránsito, guardia de comercio. Le regalé cinco mil pesos al sobrino de Rocío, la nueva novia de Pedro Botero. Y él levantó el billete para mirarlo a sus anchas, como si fuera un tesoro. Extraño niño, el cabello largo, lacio, es silencioso, retraído, no le importan las burlas de sus amigos que le dicen que tiene pelo de niña: él quiere ser a su manera y no toma en cuenta opinión de nadie. Escucha, mira, no sonríe, parece estar procesando información y uno piensa que algún día de su reconcentración saldrá algo grande.

Marco Tulio Aguilera

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