LECTURA INTIMA DE GARCIA MARQUEZ UNA VIDA



SEGUNDA ENTREGA

NUEVA VERSION: LECTURA PERSONAL DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ UNA VIDA


Sábado 3 de abril de 2010


Hay cuatro certezas en mi vida que el libro de Gerald Martin Gabriel García Márquez una vida ha contribuido a reafirmar: que Dios, si existe, debe ser mujer; que sólo los grandes mentirosos pueden ser buenos novelistas; que lo único que puede salvar al hombre de la miseria metafísica es la imaginación y que el gran arte sólo es posible en los países azotados por la desventura. Al presentar la biografía de Gabriel García Márquez en Bogotá, Gonzalo Mallarino, uno de los primeros amigos que Gabo tuvo en Bogotá, dijo que la vida de esta estrella fulgurante de la literatura contemporánea es una mentira fantástica y maravillosa.
Efectivamente desde que comencé a leer la novela de Martin no pude parar: llevaba el libro al baño y a la cocina, al hotel en Lechuguillas donde pasé con mi familia unos días espléndidos… Fue tanta la obsesión por ese libro que cuando le pregunté a mi esposa, “¿Te leo?”, ella respondió: “Ya deja esa manía, parece que estás enamorado de GM”. Ciertamente, lo asumo: si ha habido una obsesión notable en mi vida es GM, su obra y su vida, tanto así que leí Cien años de principio a fin acostado en una pensión de Cali y que mi primera novela fue acusada con justa razón de tener una fuerte influencia del rey de Aracataca y se llegó a hablar de plagio –cosa que el mismo GM desmintió públicamente (yo le había regalado mi primera novela con una dedicatoria que decía así: “Para Gabriel García, a quien pienso matar… literariamente”: año 1976, local de la revista Alternativa, Bogotá).
La de Martin es una biografía chismosa, como deben ser las biografías (no es una típica y aburrida biografía inglesa, sino una biografía muy caribeña, de negra con balcón): no sólo está basada en hechos comprobables sino en versiones y chismes de los testigos de esta vida que ya es tan pública que en realidad uno parece estar leyendo algo que ya sabía, como sabe las noticias de las estrellas de la farándula…lo que es paradójico, pues GM que se ostenta tímido cuando en realidad desparpajado, absolutamente seguro de sí mismo, fanfarrón, petulante, lo que no se le perdonaba en sus primeros años y ahora, que es más famoso que el papa y la Coca Cola, se le celebra. Entonces, tenía razón: aquel tipo de baja estatura, desaliñado, flaco, vestido de colorines, bigotón, que se atrevió a desafiar el protocolo de los reyes de Suecia, en verdad iba a ser lo que prometió desde chiquito: el mejor escritor del mundo. Gabo nació famoso y morirá famoso. Ese parece ser su destino, no sé si aciago o venturoso.
Martin es un biógrafo crédulo o fingidamente crédulo, pero inteligente, lo que lo hace a él y a su personaje tan atractivos como los personajes de Faulkner. Eso de pensar que la mamá Grande es en el fondo una crítica a una Colombia incapaz de cambiar , “una furiosa reacción de García Márquez ante la situación nacional”, es bastante divertido pero incorrecto desde el punto de vista epistemológico: la esencia de este relato es una bella retórica, palabras, encanto, cuento de hadas: GM ha explotado la realidad para crear una fábula, lo que es coherente con su vida. García Márquez nunca ha querido dictarnos cátedra: lo suyo es contarnos cuentos que nos ayuden a conciliar el sueño. GM no ha querido explicar el mundo sino explotarlo para alegrarnos la vida con sus fábulas y embelecos. Esto lo dije hace muchos años y lo sostengo: GM es un escritor de cuentos de hadas.
Hasta llegar a la página 311, en la nota de pie de página, me enteré que Martin no había incluido mi nombre en sus agradecimientos en el prólogo para llenar páginas, sino porque efectivamente tuvo una entrevista conmigo. En efecto en 1993 estuve en Pittsburgh, donde dicté una conferencia sobre un tema diametralmente opuesto al que había ofrecido. En esos tiempos Martin era profesor en la Universidad de Pitts y yo un escritor que tenía éxito entre dos o tres académicos norteamericanos desorientados. El caso es que mi memoria no registraba ese encuentro. Sólo cuando leí la nota de pie de página comprendí por qué su cara de inglés agringado me era tan familiar
Inevitablemente me veo metido en este mundo de GGM cuando me encuentro en el libro con el nombre de Germán Vargas, uno de los siete sabios de Cien años… (a quien conocí cuando fui jurado del concurso Jorge Isaacs de Novela en Cali y quien me explicó que lo que yo estaba usando como cenicero ante las señoras organizadoras no era tal, sino un recipiente para mariscos); (Germán Vargas fue el primero en recibir el manuscrito completo de Cien años años de soledad y el primer periodista en escribir en Colombia sobre mi primera novela, Breve historia de todas las cosas). Cómo no sentirme aludido por el libro de Martin si me encuentro con el nombre de José Donoso (miembro del jurado mismo concurso, quien me habló con superioridad de Gabo, me reveló sus íntimos gustos por los mozalbetes (gustos de José, no de GGM, que sin duda debe preferir las mozalbetas, a juzgar por la cándida Eréndira, las putas tristes y otras infantas de buen ver) … y me reprochó (Donoso) mis aires de garañón (no olvido que a Donoso le subió la presión en una multitudinaria rueda de prensa y se atrevió a ironizar diciendo: “Parece que voy a cumplir mi sueño de morir ante veinte cámaras de televisión y frente a un público ferviente”). Me encuentro en el libro con Carmen Balcells, que me ha representado tres veces y en las tres hemos terminado separándonos, más por mi ansiedad de ver mis libros publicados que por su voluntad (lo que me parece providencial: si Balcells me hubiera seguido representando no dudo que habría escrito mucho menos y de menor calidad y ahora, a mis 61, en lugar de ser un sano deportista, sería un anciano cacreco con todos los reumatismos y resabios del mundo).
Martin llama la atención en el libro sobre el vuelco de la actitud de GGM ante la fama: en la primera etapa de su vida, antes del la eclosión de Cien años de soledad, la buscó casi con desesperación; una vez que la alcanzó, huye de ella al punto de no aceptar entrevistas. Esto es lo que mi mujer llama “el síndrome de la minifalda”. Las mujeres se la ponen y sin embargo se molestan porque les miren las piernas.
El libro es despiadadamente indiscreto: denuncia que GGM es una especie de garañón y que Mercedes es permisiva hasta el extremo; que GGM e incluso su esposa han abandonado muchas veces a sus hijos para dedicarse a viajar y a vivir los deleites de la gloria; muestra a un GGM tan obsecuente ante el poder, que se pasa meses enteros esperando una palabra de Fidel; afirma que GGM ha solapado a los presidentes de México incluso en asuntos tan graves como la matanza de Tlaltelolco. Y sin embargo, más que juzgarlo o condenarlo, Martin simpatiza con su actitud. Hay con frecuencia alusiones al carácter mestizo de GGM, como si esto fuera un defecto.
No es estrictamente una biografía. Va más allá: entra en cada libro de GGM no sólo buscando los orígenes vivenciales de las anécdotas sino tratando de entender sus motivaciones políticas, su estructura, su relación con las obras anteriores, mostrando con ello que la obra de Martin es el resultado de una vida entera de dedicación a un tema y no simplemente un trabajo académico que persigue prestigio efímero. Simpatiza con su biografiado, al punto de justificar, en aras del arte, algunas zonas oscuras: saca a la luz asuntos que sin duda molestarán a GGM y a Mercedes, como es el del aborto que sufrió Tachia, motivado en cierta forma por la irresponsabilidad de GGM; por una parte muestra a una Mercedes poco interesada en asuntos intelectuales y más adicta a las compras y las banalidades y por otra la muestra como una matrona de mano férrea, una administradora eficiente y una auténtica madre telúrica tanto para su marido como para sus hijos.
Martin hizo con GM lo que ningún autor –a excepción de GM, supongo—quiere que sus biógrafos y críticos hagan: a partir de sus libros, sus declaraciones y de estudios de otros académicos y periodistas, descubrió las más ocultas debilidades del autor: su fobia a su padre, su debilidad por las mujeres y particularmente las demasiado jóvenes, su sentimiento de superioridad (petulancia, arrogancia… repiten una y otra vez sus fuentes)…, su timidez, su desfachatez y su ansia descarada de fama –en la primera etapa, cuando era pobre y sometía a su familia a los rigores de una vida de artista y bohemio--, su dependencia casi infantil de mujeres que ejercieron sobre él autoridad soberana: su madre Tranquilina, Carmen Balcells, su representante; también, Tachia –mujer de amores casi de planta con Gabo en Europa, previos al matrimonio--, Mercedes Barcha (sargenta, autoridad ejecutiva, mujer de poder… sin embargo condescendiente y dispuesta a sobrellevar todo para mantener viva la llama del artista e integrada a la familia). Martin pinta en GGM un carácter infantil, caprichoso, obstinado, dispuesto a salirse siempre con la suya –rasgo éste muy notable que GGM quiso hacer notar en Vivir para contarla, primer tomo autobiográfico en el que Gabito niño es el protegido de todo el mundo, el ungido, el elegido. No hace mucho tiempo en estas mismas páginas de la revista Crítica hice una reseña de mi lectura de esta obra…
Martin es un biógrafo que, a partir de un examen exhaustivo, y una imaginación diríase morbosa, ha llegado a reproducir no sólo hechos verificables, sino hipótesis, que en algunos casos podrían alcanzar la categoría de chismes: escribe: “incluso ciertos teóricos de la conspiración creen que desde entonces (GM y Fidel Castro) empezaron a subvertir juntos América Latina”; refiriéndose al célebre puñetazo que le dio Vargas Llosa a GM afirma: “Algunos dicen que quiso consolar a la esposa de VLl, aconsejándole que iniciara los trámites de divorcio; otros dicen que trató de consolarla de manera más directa”. Es obvio que el “algunos dicen” corresponde a la categoría de chime, precisamente por el carácter anónimo de la especie.
Los capítulos dedicados a asuntos políticos muestran a un escritor preocupado por los problemas de América Latina y convertido en una especie de super consejero de los revolucionarios cubanos, chilenos, sandinistas, y transformado en una especie de Mesías o correveydile que batanea de un lado a otro tratando de arreglar los problemas de los presos políticos, de madres atribuladas y escritores en desgracia y que se entrevista con Fidel, el papa, los presidentes, reyes y embajadores de varios países. (Conclusión personal provisional: En ese tiempo GGM pareciera que había llegado a la conclusión de que el poder que le había otorgado la fama surgida a partir de Cien años de soledad debía utilizarla como una princesa de Guermantes para ocuparse de los menos favorecidos por la vida y los atribulados de la fortuna).
Me consta que independientemente de sus labores políticas GM emprendió cruzadas a favor de algunos escritores menesterosos o conflictivos, sin que ello trascendiera a la prensa. Recuerdo particularmente –lo que naturalmente no está incluido en la biografía--, que GM sacó al escritor colombiano Magil, una especie de hippie internacional adicto a todas las causas de izquierda, de una cárcel de Europa donde estaba acusado de delitos contra la salud (así los llaman en México); recuerdo que GM me salvó de una fulminante expulsión de México, un fatídico 33, que me había anunciado Ruben Pabello Acosta, director del Diario de Xalapa, acusándome de escribir artículos que erosionaban la moral de prestantes damas locales de Xalapa, ciudad que me ha sufrido ya por casi treinta años. (CONTINUARÁ: NO SE PIERDAN LA 3A ENTREGA...ME FALTA LEER 150 PÁGINAS DE LA NOVELA --NO HAY SIC QUE VALGA-- GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. UN CUENTO DE HADOS).

Marco Tulio Aguilera

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