LA PELICULA DEL FANTASMA DE MARIA ENRIQUETA CAMARILLO

LA DAMA DE LA NOCHE
Este es el guión de una breve película basada en un cuento de Marco Tulio Aguilera. La película se filmará en Venezuela. Es un borrador que no he tenido tiempo de revisar.

Guión literario para Cortometraje de 30 minutos.
Autor, Wilmer Díaz Soto.
Adaptación del cuento original “La Dama de la Noche”
de Marco Tulio Aguilera.
PERSONAJES
Marco, hombre de 60 años.
Aram, hombre de 55 años (pero parece de 70).
Maria Enriqueta, dama de 20 años.

SINOPSIS
Marco visita a su hermano Aram después de cuarenta años. Aram, un hombre feo y vanidoso, vive retirado en una vieja casa de campo después de una vida académica. La animadversión caracteriza la relación de ambos. En su primera noche, Marco recibe la visita de Maria Enriqueta, el fantasma de una bella joven. Entre ellos comienza una relación erótica mágica, salpicada de humor y dentro de una atmósfera de elegante misterio.

LA DAMA DE LA NOCHE

Años cincuenta. En algún lugar de Latinoamérica…


EXT. Ventana. Mañana.
Plano detalle de los pálidos labios de Marco a través del vidrio polvoriento de una ventana. Los labios murmuran los pensamientos off que siguen, mientras el zoom out nos muestra su rostro macilento y sin afeitar. Marco es blanco y luce unos setenta y cinco años. Frunce el ceño y sonríe.
MARCO
(Voz Off)
“No logró localizar en mi memoria el recuerdo de la infancia que persuadió a mi hermano de que yo era la única persona capaz de soportarlo y acaso comprenderlo.”
Disolvencia a.
EXT. Autobús. Tarde.
Vemos ahora a Marco a través de los vidrios mojados de la ventanilla de un bus. Llueve. Es otro tiempo. Marco luce bien sus sesenta años. Sobre estas imágenes y las que siguen, continuamos escuchando los pensamientos de Marco.
MARCO
(Voz Off)
“Mi hermano tenía la particularidad de suscitar recelo, temor e incluso odio. Y es que aparte de una fealdad pasmosa, Aram disfrutaba de una serie de defectos entre los cuales la vanidad destacaba como una montaña de pico nevado en medio de la llanura sin horizonte”
INT. Autobús. Tarde.
Los pasajeros, en su mayoría ancianas y ancianos campesinos, miran con rostros taciturnos. En un asiento, solo, Marco mira por los vidrios de “las ventanillas deterioradas y sucias, nebulosos cafetales en flor, barrancas insondables, y cedros descomunales, todos ellos velados por un diluvio obstinado que parecía anunciar el fin del mundo”*. Marco viste traje y pantalón gris y camisa blanca de cuello abierto. Tiene buen aspecto para su edad, algo entrado en canas, de semblante impaciente, “tras un viaje enojoso”.

EXT. Paisaje agreste andino. Tarde.
El viejo autobús “Bluebird”, amarillo y rojo, se desplaza bajo la lluvia a través de una sinuosa carretera. El accidentado camino de barro, huecos y peligrosas grietas en las orillas de los barrancos, hacen bambolear el pesado automóvil.
MARCO
(Voz Off)
“Una inteligencia privilegiada lo llevo a engendrar un monstruo. Escribió libros sobre filosofía y en el colmo de la gloria académica y la repugnancia de quienes lo rodeaban, se retiro a una ciudad que quizás ni siquiera aparezca en los mapas”
Disolvencia a.
EXT. Casa de Marco. Día.
La mano de Marco recoge un sobre de carta de debajo de la puerta. Lo abre y lee.
MARCO
(Voz Off)
“Tras casi cuarenta años de distanciamiento y cuando ya nada podía esperar de la vida sino una muerte calmada, decidí aceptar la invitación de mi hermano”
Corte a.
*Las negritas entre comillas son descripciones del cuento original.

INT. Autobús. Tarde.
Desde la ventanilla y bajo el cielo prematuramente oscuro, Marco ve una figura informe, parada, que levanta el brazo para detener el bus. El conductor frena y Marco mira como la figura, vestido de una antiquísima capa pluvial, levanta lentamente su sombrero de elegante ala ancha. Con solo ver su fea boca torcida, de labios hinchados como la piel de un sapo -que no se sabe si sonríe o aborrece-, Marco se impresiona y reconoce a su hermano. Algunos de los ancianos pasajeros se vuelven y miran a Marco con ojos impávidos y sombríos. Marco se levanta, coge la maleta de la rejilla que está sobre su cabeza, y desciende del bus.

EXT. Paisaje agreste andino. Tarde.
Los brillantes zapatos negros Marco caen sobre un charco de espeso barro. Su rostro expresa desagrado, mientras la puerta del bus se cierra tras de él y arranca otra vez pesadamente. A través de las ventanillas los viejos continúan mirándolo. Alrededor vemos un parque sombrío, impregnado de niebla y humedad. “Pájaros negros y brillantes como cuervos se entumían sobre las ramas de los árboles”. Marco coloca la maleta sobre un terreno enyerbado y camina hacia Aram.
MARCO
(Abriendo los brazos)
¿Cómo estas hermano?

Aram, con el rostro oculto bajo la sombra de su sombrero, rechaza el abrazo con un ademán y señala el camino.

MARCO.
(Con voz cavernosa)
Bienvenido Marco. Por aquí.



EXT. Fachada de la casa de Aram. Anochecer.
De espaldas a la cámara, los dos hombres caminan hacia el portón de entrada de una antigua casa de hacienda. Aram, alto y jorobado bajo su capa, camina cojeando de la pierna derecha. Marco mira el aspecto ruinoso de las paredes, plantas secas, -tanto en el suelo como en materos-, y a ambos lados del patio de entrada, esparcidas, varias piezas oxidadas: un gran engranaje de molino, una pesada escalera, restos de un viejo tractor y una gran trampa de oso con su boca dentada abierta. Una enorme cadena cuelga de un árbol seco como si humillara el cadáver de un esclavo. Debajo del portón abierto destaca, a manera de adorno, una enorme ancla.

INT. Casa de Aram. Anochecer.
Los dos hermanos caminan por un oscuro corredor, iluminado por velas sobre candelabros colgados en las paredes. El patio interior de baldosas de terracota asoma hierba seca entre sus grietas. En el medio, cubierto por una enredadera, un curioso reloj de sol. Aram se detiene en la puerta de la sala, se vuelve a Marco y la luz que sale del interior ilumina la totalidad de su horrible cara. Es mas joven que Marco, (55), pero parece de setenta años.
ARAM
(Amable, señalando al interior de la sala)
Aquí está más acogedor.

INT. Sala de la casa de Aram. Noche.
Marco y Aram están sentados, - uno frente al otro,- en cómodos sillones y al calor del fuego de la chimenea. En la oscuridad de las paredes vemos pinturas, diplomas enmarcados, y estantes con libros, todo de un aspecto sucio y antiguo, como si la casa hubiese estado abandonada por largo tiempo. Debajo de ellos una raída alfombra roja. Marco está abrigado con un grueso suéter de lana. Aram, que parece no importarle el frió, tiene camisa blanca, con tirantes negros que sostienen los pantalones del mismo color. Al centro, una mesita, sobre la que vemos una bandeja plateada con dos copas de vino servidas y al lado, un grueso y viejo libro, del que sobresale un marcador de página. Unas fúnebres velas, sobre altos candelabros, iluminan a los personajes.
MARCO
¿No brindas con tu hermano?
ARAM
(Afable)
Es para ti. Pruébalo.

Marco se inclina, toma una copa, y bebe. Lo saborea como un catador.
MARCO
Esta muy dulce para mi gusto, pero sabe bien.
ARAM
Tiene muchos años guardado.
MARCO
(Sonriendo, con ironía)
Igual que tu.
ARAM
(Respondiendo con igual ironía)
Así es…aunque dudo que mi compañía tenga un buen sabor para ti.

Marco sorbe un nuevo trago. Aram lo mira con una sonrisa maliciosa. Marco también lo mira a los ojos mientras piensa.

MARCO
(Voz Off)
“Decir que nunca lo aprecie, sería generoso y hasta decente”

MARCO
(Colocando la copa en la mesa)
Te imaginaba más viejo.
ARAM
Igual que al vino, el tiempo me hace bien.


MARCO
Supongo que llevas una vida “bien”. Tranquilidad, buena alimentación, estudio, paseos por el campo, y sobre todo, la caja fuerte repleta de billetes. (Ríe).

ARAM
(Respondiendo con una leve sonrisa)
No precisamente. Lo que mencionas tiene que ver con la costumbre, la monotonía, el fastidio. Esas cosas matan al espíritu.

MARCO
¡OH sorpresa! ¿Y no es la vida que llevas?

ARAM
No
(Levantándose y dando la espalda)
¿Podrías definir que es fastidio?

MARCO
(Cruzando las piernas)
Disculpa. Ahora no quiero pensar. Mejor defínelo tú. Tú eres el filósofo.
ARAM
(Volviéndose y expresándose como un profesor que disfruta cada palabra)
“Una representación enfermiza de la brevedad del tiempo provocada por la monotonía”.
MARCO
(Bebe. Con la sonrisa del que está un poco ebrio)
Eso suena interesante. ¿Podrías explicarte mejor?

ARAM
(Ordenando con voz alta)
¡Que te lo explique él!

Aram señala el viejo libro que está sobre la mesita. En la portada leemos: “La Montaña Mágica - Tomas Mann”
ARAM
¡Lee lo que está subrayado!
MARCO
(Poniéndose los lentes y acercando el libro, lee en voz alta)
“Los grandes espacios de tiempo, cuando su curso es de una monotonía ininterrumpida, llegan a encogerse en una medida que espanta mortalmente al espíritu. Cuando los días son semejantes entre si, no constituyen más que un solo día. La costumbre es una somnolencia, o al menos, un debilitamiento de la conciencia del tiempo”.
ARAM
(Vehemente, con vivacidad en la voz y en los ojos)
¡Eso es! “los años pobres, vacíos y ligeros, el viento los barre y se van volando”

Aram hace el ademán de volar, mirando fijamente a Marco.
MARCO
(Algo conmovido, se levanta y mira hacia el fuego)
Es una verdad…abrumadora.

ARAM
(Haciendo una inflexión paternal)
¿Cómo es tu vida, Marco? ¿Es activa o pasiva?

MARCO
Tengo sesenta años. Naturalmente que tiende a ser pasiva.

ARAM
¿Y te gusta…ESO?


MARCO
No.

ARAM
(Exaltado, se mueve alrededor de Marco)
¡Claro que no! A tu edad todos deseamos reaprovechar el tiempo y gozar otra vez de la vida con nuevas energías. Lo llaman sentimiento fáustico, por aquel fulano que vendió su alma al demonio a cambio de vitalidad y juventud. (Pausa) Lo que yo descubrí en mi vida, hermano mío, es que el tiempo es un valor que el demonio desea que desperdiciemos. El no quiere el cambio. Eso explica porque la envidia diabólica de algunos no quiere el cambio de otros.

MARCO
Si te entiendo bien, la clave para disfrutar la vida y alargar el tiempo radica en… ¿el cambio?

ARAM
(Con el ímpetu de un profeta)
Tomas Mann lo dice mejor: “La inserción de cambios de costumbres o nuevas costumbres es el único medio de que disponemos para mantenernos en vida, para refrescar nuestra percepción del tiempo, para obtener un rejuvenecimiento, una fortificación, una lentitud de muestra experiencia del tiempo”.

Aram hace una pausa y mira fijamente a Marco.
ARAM
Por eso te invite hermano, para que experimentes acá, la influencia bienhechora del cambio.

MARCO
¿Cómo, exactamente, sentiré ese cambio?
ARAM
Ya comenzó: el viaje, el cambio de aire, el nuevo lugar…Todo eso te debe predisponer a abrir tus sentidos a nuevas realidades… ¿Crees en los fantasmas?
MARCO
¿Qué?
ARAM
Hablo de diversión. Es parte del cambio.
MARCO
(Levantándose y tomándose el último trago)
No se de que estas hablando.
ARAM
A lo mejor quieras saber como sabe una mujer.
MARCO
¿Qué? ¿Tienes una mujer aquí?
ARAM
¿Crees en fantasmas? ¿Si o no? ¡Responde!
MARCO
(Algo aturdido)
Yo…
ARAM
¡Abre tus sentidos!
MARCO
(Irritado)
¡No creo en fantasmas!
ARAM
(Sonriendo)
Tú estás loco. Claro que existen.
MARCO
No me digas.
(Alejándose)
Mejor me voy a dormir.
ARAM
(Desconcertado)
¿No…vas a cenar? La comida esta servida.
MARCO
(Volviéndose a Aram, con rabia)
¡No! ¡Llévame adonde dormiré!

INT. Dormitorio. Noche.
Marco adelante y Aram detrás, guiándole con un candelabro de siete brazos, caminan de espaldas a la cámara por un estrecho corredor. Marco, todavía enojado, entra al dormitorio. Aram le entrega el candelabro con una risita.
ARAM
¿Así que no crees en fantasmas?

Marco toma el candelabro de mala gana y permanece callado.
ARAM
(Antes de cerrar la puerta de la habitación)
No creo que mañana opines lo mismo.

Aram cierra la puerta. El silencio adornado por los grillos y el sonido de un péndulo penetran la habitación. A la luz de las velas del candelabro Marco estudia el recinto: “una magna cama con barrotes de bronce. Un librero empotrado en la pared. Tomos empastados en cuero y cubiertos de polvo. Un par de altísimas ventanas con vidrios biselados”.Sobre una mesita de noche coloca el candelabro y se acuesta boca arriba con las manos sobre la nuca. La luz ilumina un fino polvillo que se levanta de las sábanas. En medio de tanto silencio se escucha el ronroneo de su estomago hambriento.
ARAM
(Voz Off)
“He fracasado en mi intento de darle una fugaz felicidad a mi hermano antes de emprender el camino sin retorno. Mañana desaparezco en el primer bus”

Ahora se sienta y mira con fastidio hacia un diario sobre la mesita de noche. Lo toma y en la portada gris se lee la firma “Maria Enriqueta”. Marco se acerca mas a la luz de las velas y pasa la primera pagina.
El plano detalle permite ver “una foto oval, recortada a mano y orlada por florecillas dibujadas minuciosamente a pluma, ofrecía el rostro de una mujer de belleza no deslumbrante pero si turbadora. Había en ella un aire reconcentrado y tristísimo. En las sombras de las comisuras de los labios una sonrisa remotamente impía o más bien irónica o sarcástica. Todo ello en contraste con unos ojos en los que se adivinaban tormentas y desastres espirituales incontables”

Pasa a la segunda página. El plano detalle permite leer:

“Lo que pasa, lo que muere, me interesa muy poco. Me interesa el alma porque es inmortal”.
MARCO
(Con fastidio)
¡Qué aburrición! La inmortalidad. Solo los comerciantes del tiempo pueden pensar en ella.

Continua leyendo en la misma pagina:

“Costumbres, razas y pueblos desaparecen. Pero la faz de la tierra está cubierta de almas”.
MARCO
(Cerrando el diario)
¡Bah! ¡Vulgar! ¡Vulgar! Nada de las revelaciones pecaminosas de una doncella acosada por el deseo.

Coloca el diario en la mesita y procede a apagar los pabilos con los dedos humedecidos en saliva. Los limpia con las sabanas y se acuesta. La luz lunar se asoma tenue por las ventanas. El sonido del péndulo resalta más ahora. Mientras se arropa, alza la cabeza y se fija en un reloj del tamaño de un hombre medio que preside la estancia. Justo en ese instante marca las 10 en punto, haciendo sonar unas campanillas de plata.
Disolvencia a.
INT. Dormitorio. Noche.
El mismo reloj marca ahora las once. Luego de las dulces campanillas de plata se escucha “una respiración entrecortada por suspiros. Suspiros dulces, desolados, libres de ansiedad, podrían provenir de un espíritu delicado y musical, que hiciera de la tristeza un arte” La cámara se mueve dentro del recinto (como si fuera el punto de vista de alguien), hasta reparar sobre la cama. Marco vuelve cabeza y levanta la sabana.
MARCO
(Autoritario, pero sin enojo)
¡Agradeceré si me deja dormir!

Mira el oscuro vacío a su alrededor. Los suspiros continúan. Mueve un poco las cobijas para sacudir el polvo, mientras contiene la respiración, y se envuelve nuevamente. Sus ojos se cierran con una sonrisa. Recuerda lo que dijo Aram:
ARAM
(Voz Off)
“¿Crees en los fantasmas?”
“A lo mejor quieras saber como sabe una mujer”

Con picardía mira de reojo hacia donde provienen los suspiros. Con cierta rapidez aparta las cobijas y en medio del polvo que estas levantan ve, con cierto asombro, a una mujer en las penumbras. Parada, mirando con desasosiego hacia la cama, la pobre luz permite ver su rostro. Es Maria Enriqueta, la escritora del diario. “Su tristeza era verdaderamente incomparable. En sus labios palidísimos jugueteaba la sombra paradójica. Vestía una túnica ligera que transparentaba sus formas gráciles y sin excesos”. Marco aspira un poco de aire para comenzar a hablar, pero no puede evitar un ruidoso estornudo. Mira que la mujer sigue impertérrita, pero se dispone a hablar asumiendo o fingiendo una pose policial.
MARCO
¿Es usted un fantasma?

El espectro lo mira melancólicamente. “La sombra se traslado de sus labios a sus mejillas y su entrecejo”. Permanecen en silencio mirándose, lo cual aprovecha Marco para estudiar sus formas de arriba abajo. El hombre se levanta de la cama y pregunta:
MARCO
Bueno, señora, ¿es usted una alma en pena o una amiga ocasional de mi hermano?

Los “labios –de ella- se encogieron tenuemente y las líneas de su entrecejo se profundizaron. Bello gesto, que le daba un aire intelectual soberbio”. Se mueve unos pasos hacia Marco y al detenerse entre él y el reloj puede ver su transparencia.
“A través de su rostro… las manecillas, en la punta de su nariz el eje sobre el que giraban y sobre su bajo vientre el ir y venir de la esfera luminosa del péndulo”

MARCO
(Con aires de atrevimiento)
Total, es usted un fantasma, ¿y que con ello?

La mujer continua imperturbable. Apenas “las aletas de su naricilla temblaron”. Marco ahora con más brío se mueve por la habitación.
MARCO
Quiero que sepa que no creo en aparecidos incluso si los tengo al frente y que si existieran me tendrían sin cuidado. Cuestión de principios. Opino que si uno se ablanda cuando ya ve cerca la muerte – tengo sesenta años, ¿sabes?, y aunque vigoroso sé que una mala noche puede iniciar una larga y tediosa agonía – y se pone a pensar en lo que le espera, el paso del tiempo se hace insoportable. Me atrevo a suponer que cielo, infierno y todo lo demás son artículos inventados por imbéciles para consumo de otros aun más imbéciles.

Marco mira que la mujer, ahora, baja sus ojos. Su silencio va acompañado de un suspiro. Marco, esta vez enojado, se mete otra vez en las cobijas.

MARCO
(Levantando la cabeza)
Y le suplico que no haga ruiditos desagradables.

La mujer continúa en pie mirando hacia la cama.
Disolvencia a.
INT. Dormitorio. Noche.
Marco, acostado, se mueve inquieto. De pronto estornuda. Gira su cuerpo y ve que la mujer sigue allí, “vestida ahora de reloj”, con la mirada triste sobre él. Envuelto en las cobijas, el hombre se sienta.
MARCO
He leído historia de fantasmas y sé que es frecuente que éstos ignoren a sus víctimas y se nieguen a hablar con ellas. Pero le suplico que haga en mi caso una excepción, señora.

Repentinamente, Maria Enriqueta, responde.

MARIA ENRIQUETA
(Afligida, patética)
Señorita.

Marco abre la boca de asombro. Baja la cobija de su cabeza y se acerca a ella.
MARCO
(Provocador)
¡Ah! ¿Y no le parece inconveniente que una doncella invada la habitación de un caballero?


MARIA ENRIQUETA
(Altiva, con cierta coquetería)
Ni es usted un caballero ni ésta es su habitación.

MARCO
No le voy a discutir si soy caballero o no. Confieso que el calificativo me desagrada desde que entendí su significado. Quienes se precian de serlo no pasan de navegar con banderas de cretinos ante sus semejantes. Y quiero hacerle notar las diferencias de edad que hay entre usted y yo. Por lo tanto el respeto que me debe. Si no me equivoco usted no puede rebasar los veinte años.

MARIA ENRIQUETA
¿Y los que llevo muerta?

MARCO
Esos no cuentan. Al morir el tiempo se detiene.

MARIA ENRIQUETA
Cualquiera diría que usted ya cruzó el umbral dos o tres veces.

MARCO
En cuanto a la propiedad de la habitación, quiero informarle que a pesar de que no es mía en el sentido estricto, la ocupo con derecho legítimo gracias a la invitación de mi hermano.

MARIA ENRIQUETA
(Con encantadora ironía)
¿Su hermano? Deploro comunicarle que feneció hace diez años la misma noche en que se atrevió a dormir en la cama en la que usted yace tan despreocupadamente.

Marco se queda pensativo. Escuchamos sus pensamientos.

MARCO
(Voz Off)
“Aram muerto. Comencé a entender que quizás durante varios años sus invitaciones tuvieron intenciones sanas. Ahora yo soy el único heredero y poseedor de una casa que bien puede reportarme unos millones”.

MARIA ENRIQUETA
Adivino lo que esta pensando. No va a ser agradable su estancia en este sitio.

MARCO
Pienso venderla.

MARIA ENRIQUETA
Nadie se la comprará. Todo el pueblo está informado de que aquí asustan.
MARCO
Ya encontré quién la compre. O si no, la haré demoler y la venderé como lote. Buenas noches.

Marco regresa a las cobijas.
Disolvencia.
EXT. Cielo nocturno. Noche.
La luna se asoma entre las nubes.
Corte a.
INT. Dormitorio. Noche.
Las campanillas marcan las tres de la mañana. Marco abre los ojos hacia el sitio donde había dejado al fantasma. Sigue allí. “Con su insufrible tristeza. Sin enojo, paciente”

MARCO
Y, ¿Qué hace usted ahí?

La mujer continúa mirándole.
MARCO
¿Piensa amanecer en esa incómoda posición? ¿Los fantasmas no se cansan?
MARIA ENRIQUETA
No sufrimos de cansancio como lo entienden los vivos, sino de una especie de desesperación cuando uno de ustedes se obstina en una frialdad y una indiferencia como las suyas.

MARCO
Y, ¿Qué quiere? ¿Qué le rece un rosario, que le pague misas, que le entierre su cuerpo insepulto, que arregle algún negocio que dejo pendiente? ¿Qué quiere?

MARIA ENRIQUETA
Está usted ocupando mi cama.
MARCO
¿Y?
MARIA ENRIQUETA
Le suplico que me deje reposar hasta el amanecer.

A regañadientes Marco se levanta y prende las velas.

MARCO
(Mientras prende las velas)
Sospecho que esto debe ser un sueño. Uno de esos sueños tercos que se empeñan en asemejarse a la vigilia.

Marco toma el candelabro.
MARCO
(Buscando en la oscuridad)
Puede acostarse. Dormiré en algún sillón que estará por ahí.

Marco ve un sofá más pequeño que él. De un escaparate saca ropas y se abriga con estas. Mientras lo hace, ve que la mujer desaparece bajo las cobijas sin haberlas apartado. El hombre se acuesta en el sofá, con los pies sobresaliendo del pasamano. Cierra los ojos intentando dormir.
Disolvencia a.

INT. Dormitorio. Noche.
El reloj marca las cuatro. Los pies de Marco, envueltos en tres pares de medias, se mueven ateridos de frío. Su rostro refleja el malestar. Se encoje en posición fetal y se frota las rodillas. Recuerda a Aram.
ARAM
(Voz Off)
“Hablo de diversión. Es parte del cambio”

MARCO
(Protestando)
Desgraciado Aram.

Marco se vuelve al fantasma. Esta acostada, de lado, mirándolo, “con aires de inocencia, ahora la compasión le correspondía a ella. Y sabía ejercerla con donaire”

MARIA ENRIQUETA
(Con gentileza)
Si quiere usted puede acostarse a mi lado. Los dos cabemos perfectamente en esta cama. No ocupo espacio alguno.
MARCO
¿Le parece a usted correcto?

MARIA ENRIQUETA
Si todavía gozara de mi cuerpo, me parecería altamente incorrecto. Pero en las presentes circunstancias no me ofende en lo mas mínimo compartir el lecho.
MARCO
¿Está usted segura?

La mujer baja los ojos como una niña avergonzada.

MARCO
(Sarcástico)
Juraría que se ha sonrojado.

MARIA ENRIQUETA
(Algo indignada)
Si lo que quiere es morirse de frío, allá usted. Cumplí con la más elemental decencia.

El fantasma suspira y da la espalda a Marco.

MARIA ENRIQUETA
Es una desgracia. Todos los que durmieron en esta cama han muerto de miedo. Ahora usted, que no tiene miedo, morirá de frío.
MARCO
(Sentándose en el sillón, irónico)
¿Me promete que no amaneceré abrazado a un cadáver putrefacto?
MARIA ENRIQUETA
(Sin volverse)
Le prometo las dos cosas.

Marco se levanta y abre los ojos excitado por la curiosidad.
MARCO
¿Cuáles dos?

MARIA ENRIQUETA
Usted entiende.

Animado, Marco va a la cama, aparta las cobijas y se mete bajo estas. Boca arriba y sonriente, mira de reojo el cabello y espalda de su acompañante. “A través su cuerpo glorioso eran notables los bordados en flor de lis de las sabanas”. Con el rostro pleno de gozo, como sí oliera el más agradable de los perfumes, Marco suspira profundamente. Cierra los ojos y se imagina el rostro de un Aram bondadoso e inocente:
Disolvencia a.
INT. Iglesia. Día.
Desde un pulpito y con el altar de fondo, Aram habla como un paciente sacerdote a Marco, que esta vestido de novio, y acompañado por una novia misteriosa, con el rostro velado.
ARAM
(Sermoneando, sonriente)
“La inserción de cambios de costumbres o nuevas costumbres es el único medio de que disponemos para mantenernos en vida hermanos, para refrescar nuestra percepción del tiempo, para obtener un rejuvenecimiento, una fortificación, una lentitud de muestra experiencia del tiempo”.


Aram hace una pausa y mira fijamente a Marco.

ARAM
(Con ternura)
“Por eso te invite hermano, para que experimentes acá, la influencia bienhechora del cambio”

MARCO
(Con igual ternura)
Bendito seas Aram.

Marco vuelve el rostro sonriente a la novia misteriosa.
Disolvencia a.


INT. Dormitorio. Noche.
Marco abre los ojos y se vuelve a su compañera de lecho. De espaldas al hombre, ella duerme, pero abre los ojos cuando se siente observada. Marco alza la cabeza para intentar ver su rostro y ella, al percatase, finge dormir. Ahora la mujer se coloca boca arriba y Marco hace lo mismo, cerrando también los ojos. Él intenta verla de reojo, pero ella también. Finalmente, ambos se colocan de lado y se miran fijamente. Marco estira una mano y le acaricia suavemente la frente. Ella cierra los parpados. Su rostro se torna placido, entreabre la boca, al tiempo que aquieta la respiración. La luz y el polvo crean una aureola de santidad alrededor de su cabeza. En un plano abierto vemos como Marco se acerca y la besa en los labios.
Disolvencia a.
EXT. Paisaje montañoso. Mañana.
Amanece. Los rayos del sol se proyectan detrás de las montañas, hiriendo como flechas a las nubes brillantes. Se oye el trinar de los pájaros que cruzan el cielo.

EXT. Paisaje montañoso. Mañana.
Pájaros beben agua de los charcos que ha dejado la lluvia.

EXT. Paisaje montañoso. Mañana.
Un viejo campesino cabalga una mula, que a su vez tira de una carreta llena de pasto.

INT. Dormitorio. Mañana.
Marco se despierta. La luz de la ventana lo enceguece. Mira a su lado. Está solo. Se sienta y se frota los ojos. Toma el diario de la mesita, lo abre y mira nostálgicamente la foto. Sonríe.
MARCO
Un vívido sueño. Nada más.
Corte a.


INT. Dormitorio. Día.
Marco termina de hacer su maleta. Se ve cansado. Escuchamos sus pensamientos.
MARCO
(Voz Off)
“El hambre me corroía. El hambre y el arrepentimiento. Me prometí congraciarme con Aram”

INT. Corredor. Día.
Marco camina hacia la sala cabizbajo. Levanta la cabeza y ve a Aram que parece esperarlo. Aram lo mira satisfecho pero también sorprendido.
ARAM
No creía que sobrevivirías. ¿Ahora si crees en fantasmas?

Marco mira a un lado con rabia. Escuchamos sus pensamientos.

MARCO
(Voz Off)
“El viejo odio, como un reflejo condicionado, comenzó a gotear en mi cerebro. Era inútil luchar contra un sentimiento tan sedimentado”

Luego de una pausa, habla.
MARCO
(Enojado)
Me voy en el primero bus.
Corte a.
INT. Comedor. Día.
Marco desayuna espléndidamente. Sobre la mesa hay de todo: pan de avena recién salido del horno, huevos fritos, una rueda de queso, una jarra de vidrio con jugo de mora, mantequilla, etc. Aram, parado, mira satisfecho a través de una ventana. Es indiferente a Marco, que come, pero que no deja de mirarlo. Marco recuerda al fantasma cuando le dijo:
Corte a.
INT. Dormitorio. Noche.
MARIA ENRIQUETA
(Con encantadora ironía)
¿Su hermano? Deploro comunicarle que feneció hace diez años.
Disolvencia a.
INT. Comedor. Día.
Marco come y sigue recordando.
Disolvencia a.

EXT. Paisaje agreste andino. Tarde.
Marco recuerda su llegada y como su hermano rechazo su abrazo.

MARCO
(Abriendo los brazos)
¿Cómo estas hermano?

Aram, con el rostro oculto bajo la sombra de su sombrero, rechaza el abrazo con un ademán y señala el camino.

Disolvencia a.
INT. Sala de la casa de Aram. Noche.
Marco recuerda que en la reunión de la sala, Aram no brindó con él.
Marco y Aram están sentados, - uno frente al otro,- en cómodos sillones y al calor del fuego de la chimenea.

MARCO
¿No brindas con tu hermano?
ARAM
(Afable)
Es para ti. Pruébalo.
Disolvencia a.
INT. Comedor. Día.
Marco termina de comer. Se limpia la boca con un paño, toma una manzana y mira a Aram. Mueve la fruta en su mano como si pensara lanzarla. (Quiere comprobar si su hermano es material o es un fantasma). Aram voltea a mirarlo y sonríe con tristeza.

ARAM
¿En verdad te vas?
Marco lo mira y piensa:
MARCO
(Voz Off)
“La pena que se dibujaba en su rostro parecía sincera. Tal vez yo estaba equivocado con respecto a él. Tal vez siempre hubiera estado esquivado. Quizás valiera la pena, aunque fuera solamente una vez en la vida, emprender un acto de fe. No perdía nada con ello”

MARCO
Pensándolo bien, mejor no.

Aram sonríe con verdadero deleite. “Una sonrisa que parecía hermosa y noble”
ARAM
¿Se pueden saber razones?

Marco se levanta de la mesa, y se acerca tanto a Aram como si fuera a tocarlo.
MARCO
(Mirándolo de arriba abajo)
Supongo que las imaginas.

Ambos sonríen con una mirada de complicidad.
Corte a.


EXT. Paisaje del campo. Día.
Ambos hermanos caminan por una hermosa campiña, con árboles en flor y una quebrada a sus pies. Conversan afectuosamente. Escuchamos los pensamientos de Marco.
MARCO
(Voz Off)
“Pasamos el día entero hablando y el asombro me impidió indagar si Aram era un fantasma o un ser humano con todos sus atributos. Descubrí que había sido un hombre modestamente feliz, que asumió sus baldones con buen humor y condescendencia”
Disolvencia a.
INT. Dormitorio. Noche.
Marco entra en la habitación con el candelabro en la mano. Sonriente, mira a Maria Enriqueta, acostada, que lo mira con inocente avidez. Marco se sumerge en las cobijas y en ella. Tan frágil como una nube, Marco perfila con una mano, su frente, su cuello, y su busto. La mujer protesta débilmente, pero luego es ella quien toma la mano de Marco procurando caricias.
MARCO
(Voz Off, sobre las imágenes anteriores)
“Entendí que tu espíritu era algo así como el último regalo que mi hermano me otorgaba antes de la despedida final”

El reloj marca las ocho de la noche.

En planos sucesivos vemos a la pareja carnal y espectral, intercambiando caricias y besos, en distintas posiciones, pero dentro de un juego amatorio delicado y mágico. Maria Enriqueta va adquiriendo “una consistencia poco espectral”

Disolvencia a.


INT. Dormitorio. Noche.
El reloj marca ahora las doce de la noche. La Pareja está ahora abrazada y dormida, “en comunión placentera”.

MARCO
(Voz Off sobre las imágenes anteriores)
“Y así fueron pasado los meses, talvez los años, al tiempo que me voy alejando de las veleidades de los seres vivos y desinteresado de cuanto antes era la razón de mi vida.”

Fundido a negro.
EXT. Patio de la casa. Día.
En planos sucesivos vemos las imágenes ruinosas que miró Marco a su llegada. Las paredes derruidas, las plantas secas, -tanto en el suelo como en materos-, el gran engranaje de molino, la pesada escalera oxidada, los restos del viejo tractor, la gran trampa de oso con su boca dentada abierta, la enorme cadena que cuelga del árbol seco, la enorme ancla, y reloj de sol cubierto por la enredadera.
MARCO
(Voz Off sobre las imágenes anteriores)
“Pero el cambio inicial, en donde el tiempo era mas largo e interesante gracias a la diversión, me esta pareciendo ahora una especie de aclimatación, una fastidiosa costumbre, en donde los días se reducen a uno solo”

Disolvencia a.
INT. Dormitorio. Día.
En cámara lenta vemos ahora a Marco con el rostro marchito, (igual a la imagen que vimos al principio), sentado sobre una silla. Mira hacia la luz que entra por la ventana de vidrios polvorientos. Detrás, Maria Enriqueta, (Igual en cámara lenta) camina hacia él y lo abraza por la espalda. Marco sonríe con tristeza.


MARCO
(Balbuceante, con Maria Enriqueta.)
¿No crees que… algún día… nos cansemos de todo esto y queramos… cambiar?

MARIA ENRIQUETA.
(Maternal)
En la muerte, querido, no hay cambios. La muerte es el reposo, la permanencia. Y porque no hay cambios, el tiempo… se detiene… Sólo en la vida hay cambios.

EXT. Ventana. Mañana.
Plano detalle de los pálidos labios de Marco a través del vidrio polvoriento de la ventana. Sus labios murmuran, mientras el zoom out nos muestra su rostro macilento y sin afeitar. Exhala un largo suspiro, sonríe como un idiota y solloza.


FIN

Wilmer Díaz Soto.
La Azulita, viernes 19 de febrero de 2010

Marco Tulio Aguilera

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