POR QUÉ NO SOY PRESIDENTE

MI VIDA COMO PROSCRITO

Me he puesto a pensar en el éxito y cómo afecta a los escritores. Creo que fue Ciorán el que escribió que la peor maldición que le puede caer a un escritor es la fama. He pensado también en la serie de tentaciones que se les presentan a los escritores a lo largo del camino para que dejen de escribir honradamente, es decir, siguiendo lo que llamó Kafka el mandato interior. Dice: “Por qué comparas tu mandato interior con un sueño? ¿Te parece acaso absurdo, incoherente, inevitable, irrepetible, origen de alegrías o terrores infundados, incomunicable en su totalidad, pero ansioso de ser comunicado, como lo son precisamente los sueños?”
He pensado también en el famoso me-lees, te-leo, me-premias, te-premio, me-invitas-te-invito. Y en cómo se forman sociedades de escritores que se apoyan unos a otros para subir en la escala del éxito y de la repartición de los pasteles, aunque sus libros resulten –a medida que progresan en el abismo de la abyección y el servilismo-- una porquería. He pensado en los concursos y cómo cada vez es más frecuente que se ofrezcan a escritores que ya no escriben literatura sino bazofia. He pensado en el caso de quien fuera mi gran amigo, quien escribiera magníficas novelas y un día decidió aceptar un cargo en una universidad norteamericana (sin renunciar a su sueldo original) y seguir cobrando como aviador en su antigua universidad. Pasaron los años: publicó un libro, y resultó de ínfima calidad; publicó otro, y resultó peor; publicó el tercero, y fue espantoso. Y sin embargo algunos de sus amigos siguieron elogiándolo. Yo no lo elogié: simplemente le dije que no me gustaban sus libros y que prefería no escribir sobre ellos. El resultado es que perdí su amistad. La fórmula del fracaso del escritor serio es sencilla: cuando te corrompes en la vida privada pierdes la gracia de la literatura. Hay que ser sincero hasta causar repulsión. No hay otra forma de ser un escritor honrado, de cumplir con el mandato interior. Los casos de escritores que se han perdido a lo largo del camino son muchos. Tengo la peregrina tesis de que en México hay toda una generación de escritores fallidos por culpa de las becas, los cargos, los honores, las prebendas. Quienes fueron brillantes prospectos son ahora una especie de perros callejeros a la espera de las migas de la burocracia. Cuando se llega a cierto punto de difusión y atención por parte de las editoriales y las instituciones los escritores comienzan a cuidarse de no emitir opiniones peligrosas: se convierten en diplomáticos, en cocineros de recetas literarias, pierden el sentido del riesgo. Para ser un escritor honrado hay que ser un solitario, un ser detestado, un marginado. No sé si de alguna forma estoy escribiendo sobre MT. Lo dudo. Pienso que he mantenido una línea estricta. Todo lo que he ganado se lo he arrancado a la fuerza al mundo. Eso creo. Habrá quien piense lo contrario. He recibido más de veinte premios. En general no he aspirado a cargo alguno, aunque he soñado con ellos. He recibido dos veces el título de Creador Artístico y una el de Creador con Trayectoria del Estado de Veracruz. Ya no puedo aspirar a más pues tres es el límite. No participo en las convocatorias de Sistema Nacional de Creadores porque sé que allí siempre habrá barreras. El hecho de que haya conservado intacta mi capacidad para opinar y el hecho de que practicado la crítica sin tapujos a lo largo de toda mi vida mexicana, me han convertido en proscrito.

Marco Tulio Aguilera

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