Diarios de Tolstoi

La vida como desmesura

Si hay un escritor cuya vida me atraiga por el caudal de contradicciones que encierra y, sin duda porque de alguna manera me veo en él, es Lev Tolstoi. He estado leyendo los Diarios, en edición y traducción de Selma Ancira (coedición de Conaculta y Era) y no he resistido la tentación de copiar algunos fragmentos. Al leerlos me leo, o quiero leerme.

Escribe: “El objetivo de mi vida es la aspiración consciente hacia un desarrollo armónico de todo lo que existe”. Y sin embargo su vida fue un caudal interminable de excesos y contradicciones: lujuria, pasión por el juego, vanidad, ascetismo a veces, violentas reacciones contra la religión, intolerancia, excesiva tolerancia al final de su vida, generosidad al extremo de donar todas sus propiedades a los pobres… Tolsti sufrió constantes agresiones a lo largo de su vida, fue excomulgado. La obra que más levantó controversia fue La sonata a Kreutzer, el más virulento ataque a la institución del matrimonio que se haya publicado. Y es explicable: su matrimonio fue una interminable batalla contra su mujer, de la que quiso huir durante muchos años y de la que escapó ya anciano.

Sus proyectos siempre fueron monumentales, desmesurados. A los 19 años escribe: “¿Cuál es el objetivo mío en la aldea durante dos años? 1. Estudiar todo el curso de ciencias jurídicas, necesario para el examen final de la universidad. 2. Estudiar la medicina práctica y parte de la teórica. 3. Estudiar idiomas: francés, ruso, alemán, inglés, italiano, latín. 6. Estudiar matemáticas… 7. Escribir una tesis. 8. Alcanzar un grado medio de perfección en música y pintura. 9. Redactar las reglas”. Y así hasta 11 propósitos.

A la misma edad comienza una diatriba contra las mujeres que le durará toda la vida: “Me impongo esta regla: considera la sociedad femenina como un disgusto inevitable de la vida de la sociedad, y en la medida de lo posible, mantente alejado de las mujeres. Porque, en realidad, ¿de quién nos vienen la lujuria, la voluptuosidad, la frivolidad en todo y otros muchos vicios si no de las mujeres. ¿Quién es culpable de que nos privemos de los sentimientos que nos son innatos: la valentía, la firmeza, la sensatez, si no las mujeres. La mujer es más sensible que el hombre, por eso a lo largo de las épocas de virtud las mujeres han sido mejores que nosotros, pero en nuestra época depravada y corrupta son peores que nosotros”

Todavía a los 19 años escribe otra regla: “Duerme lo menos posible”. Comprensible en un joven con un vigor y una curiosidad torrencial. Tolstoi era sin duda un espíritu superior, como Miguel Ángel, Beethoven, Paganini, Da Vinci. En general los grandes hombres han sido grandes pecadores. Me pregunto: Si es que Dios existe y si es verdad eso de los premios y castigos, ¿será que a los grandes hombres se les medirá con otra vara? No creo que Dios se atreva a sumir a Beethoven o a Mozart en el infierno.

Más reglas: “No te preocupes por la aprobación de la gente que no conoces o desprecias”.

Y vuelve a insistir: “Aléjate de las mujeres. Mortifica tus deseos con trabajos rudos”. Y precisamente eso sería lo que haría a lo largo de su vida. Ya anciano va a segar con los campesinos, cose botas, cosecha, hace largas cabalgatas y caminatas extenuantes en pleno invierno.

El hombre vanidoso se ama a sí mismo no como es, sino como se muestra a los demás.

Después de la comida incurrí en mi antigua debilidad y además no pude abstenerme de comer helado.

Alguien dijo que la claridad es el símbolo de la verdad. Aunque se puede refutar, de cualquier manera la claridad sigue siendo el mejor símbolo.

La finalidad de la vida es el bien.

Escribir a lo largo de la vida un buen libro es más que suficiente.
¿Para qué el dinero o la estúpida fama literaria? Es mejor escribir algo bueno y útil con convicción y entusiasmo. Con un trabajo así uno no se cansa jamás. Y cuando la termine –si todavía tengo vida y virtud—comenzaré algo nuevo.

En 1853, a los 35 años escribió:
Con respecto a la biografía de Schiller, escrita por una hermana de su esposa dice: Lo que es especialmente notable en ella es la visión tan superficial que de un gran hombre tiene una mujer sentimental y una persona demasiado cercana al poeta y que, por lo tanto, se encuentra bajo la influencia de los pequeños defectos domésticos y ha perdido el debido respeto al poeta.

Hacer el bien es la única manera de ser feliz.

Uno de mis mayores y más desagradables vicios es la mentira. La razón que la desencadena más a menudo es la fanfarronería, el deseo de mostrarme a mí mismo desde un ángulo ventajoso. Por eso, para no permitir a mi vanidad que llegue a un punto de desarrollo en el que ya no haya tiempo ni para reflexionar ni para detenerme me impongo como regla: en cuanto sientas las cosquillas del amor propio que antecede el deseo de contar algo de ti mismo, reflexiona. Guarda silencio y recuerda que ninguna invención puede darte a los ojos de los demás mayor peso que la verdad, que tiene un carácter tangible y convincente para todo el mundo.

En 1854, a los 26 años de edad, escribe: No escribir a nadie lo que uno escribe antes de publicarlo. Se oyen más consejos nocivos que opiniones útiles.

Soy demasiado sociable. Me gusta ver gente y eso me hace perder tiempo, relajar mis reglas y a veces perder el respeto de la gente.




El hombre vanidoso se ama a sí mismo no como es, sino como se muestra a los demás.

Después de la comida incurrí en mi antigua debilidad y además no pude abstenerme de comer helado.

Alguien dijo que la claridad es el símbolo de la verdad. Aunque se puede refutar, de cualquier manera la claridad sigue siendo el mejor símbolo.

La finalidad de la vida es el bien.

Escribir a lo largo de la vida un buen libro es más que suficiente.

¿Para qué el dinero o la estúpida fama literaria? Es mejor escribir algo bueno y útil con convicción y entusiasmo. Con un trabajo así uno no se cansa jamás. Y cuando la termine –si todavía tengo vida y virtud—comenzaré algo nuevo.

En 1853, a los 35 años escribió:
Con respecto a la biografía de Schiller, escrita por una hermana de su esposa dice: Lo que es especialmente notable en ella es la visión tan superficial que de un gran hombre tiene una mujer sentimental y una persona demasiado cercana al poeta y que, por lo tanto, se encuentra bajo la influencia de los pequeños defectos domésticos y ha perdido el debido respeto al poeta.

Hacer el bien es la única manera de ser feliz.

Uno de mis mayores y más desagradables vicios es la mentira. La razón que la desencadena más a menudo es la fanfarronería, el deseo de mostrarme a mí mismo desde un ángulo ventajoso. Por eso, para no permitir a mi vanidad que llegue a un punto de desarrollo en el que ya no haya tiempo ni para reflexionar ni para detenerme me impongo como regla: en cuanto sientas las cosquillas del amor propio que antecede el deseo de contar algo de ti mismo, reflexiona. Guarda silencio y recuerda que ninguna invención puede darte a los ojos de los demás mayor peso que la verdad, que tiene un carácter tangible y convincente para todo el mundo.

1854

Para ganarse el amor de las personas se necesita ocultar todo lo que te haga salir de lo ordinario.

1855
38 años
Tomo como regla para la escritura crear un programa, escribir en borrador y hacer una copia en limpio sin buscar dejar definitivamente pulido cada periodo. Uno se juzga a sí mismo de manera inexacta, poco favorable; si se lee con frecuencia, el atractivo de la novedad, de lo inesperado desaparece y suele borrar lo que es bueno y que parece malo por las constantes repeticiones.

Nunca hablar mal de nadie.

1856
32 años

La vanidad de Turgéniev, como hábito adquirido por un hombre inteligente, es encantadora. Durante la comida le dije algo que no pensaba: que lo considero superior a mí.

Todo me aburre, nada me repele, incluso estoy bien conmigo mismo, pero todo me deja indiferente. No deseo nada.

Hora estoy más tranquilo, sé que tengo cosas que decir y fuerza para decirlas con vigor; y luego, que el público diga lo que quiera. Pero hay que trabajar con honestidad, poner todas las fuerzas, y que luego escupan en el altar.

En 1854, a los 26 años de edad, escribe: No escribir a nadie lo que uno escribe antes de publicarlo. Se oyen más consejos nocivos que opiniones útiles.

Soy demasiado sociable. Me gusta ver gente y eso me hace perder tiempo, relajar mis reglas y a veces perder el respeto de la gente.

1852
Después de la comida incurrí en mi antigua debilidad y además no pude abstenerme de comer tres vasos de helado.
¿Tengo talento en comparación con los nuevos escritores rusos? Decididamente no.
¿Para qué el dinero o la estúpida fama? Es mejor escribir algo bueno y útil con convicción y entusiasmo.

1853

Estuve leyendo como Aubrey soportó su desgracia y como Shakespeare dice que al hombre se le conoce en la adversidad. Más adelante Tolstoi calificará a Sakespeare de…

La claridad es símbolo de la verdad.

Escribir a lo largo de la vida un buen libro es más que suficiente.

El amor no existe. Existe la necesidad carnal de comunicación y una necesidad racional de un compañero para la vida.

1856.

La modestia es la principal condición
sine que non de un amor compartido.


1859
31 años


De lo que te ríes, de eso te vuelves esclavo.

La amo cada vez más y más, aunque con un humor distinto. Ha habido momentos lamentables. Hoy escribo porque me falta aliento para ser feliz.

Un mes más de felicidad.

1863
35 años

Y solo el arte verdadero, el que tiene como divisa: no hay culpables en el mundo. ¡Quien es feliz tiene razón! El hombre abnegado es más ciego y más cruel que los otros.

Soy pequeño e insignificante. Y soy así desde el minuto en que me casé con la mujer que amo.

Por ella escribo no la verdad, sino escogiendo entre muchas cosas, lo que para mí no escribiría.
Los maridos no aman a las mujeres enfermas.

Uno cree aquello que desea fervientemente.

1870.
36 años.

Goethe dice: la verdad es repugnante, el error es atractivo, porque la verdad nos hace parecer limitados, y el error omnipotentes. Hace unos días le dije a una mujer que he amado por muchos años, con largos periodos de indiferencia e incluso odio: "La religión es peor que la pornografía. Nunca he conocido a personas más hipócritas que las que dicen practicar la religión cristiana y en realidad incurren en todo aquello que se les prohíbe: les es imposible perdonar, son rencorosos, envidiosos, se pasan la vida juzgando a los demás, se creen con autoridad para juzgar a sus semejantes, se sienten superiores: la virtud --en realidad la falta virtud-- los hace vanidosos, prepotentes, insoportables. La pornografía no le hace mal a nadie, quizás ni siquiera al aficionado a ella. La religión perjudica a multitudes.

1884

Hemos llegado a un punto tal de cretinismo que la sola expresión de nuestros pensamientos nos parece un crimen.

He encontrado una carta de mi esposa. ¡Pobre! Cómo me odia.

¡Qué difícil mi situación de escritor famoso! Solo con los campesinos soy un hombre totalmente simple, es decir, un hjombre verdadero.

No me domino.Busco las causas: el tabaco, la intemperancia, la ausencia de trabajo de la imaginación. Todo eso son tonterías. Una sola causa: la ausencia de una mujer amada y amante.

Una noche maravillosa. Me quedó muy claro que nuestra vida es el cumplimiento del deber que nos ha sido impuesto. Y todo está hecho para que éste cumplimiento sea gozoso. Todo está inundado de alegría. Los sufrimientos, lás pérdidas, la muerte: todo es bueno.

Haz las cosas como sabes que hay que hacerlas para ti, y no para demostrar nada.

La ruptura con mi mujer no se puede decir que sea más grave: es total.

No aprecio suficiente la feklicidad de estar libre de las tentacuiones después del trabajo. Es una libertad que uno compra a buen precio con el cansancio y el dolor muscular.

Mi esposa no dejó pasar la ocasión de insultarme y culparme.

Ayer recé, es decir estoy débil. La plegaria a Dios y a los santos viene de que uno tiene necesidad de ayuda.

Dejé pasar varios días y el miércoles escribí de memoria. Creo que fue ese día cuando llamé a mi mujer y ella, con fría maldad y deseos de lastimarme, me rechazó... No dormí en toda la noche. Y durante la noche me decidí a irme, preparé mis cosas y fui a despertarla. No sé qué me ocurrió: la bilis, el deseo carnal, la fatiga moral, pero sufría terriblemente. Ella se levantó y le dije todo lo que tenía que decir; le dije que ha dejado de ser una esposa. ¿Una ayuda para el marido? Hace mucho tiempo no es una ayuda, es un obstáculo. ¿Una madre para los niños? No quiere serlo. ¿Una nodriza? Se niega. ¿Compañera de mis noches? También hace de eso un cebo y un juguete. Fue terriblemente penoso y yo sentúia que todo era en vano y falto de fuerza. Hice mal en no irme. Creo que no lo podré evitar. Aunque me dan una pena infinita los niños. Cada día los quiero más y los compadezco más.



Marco Tulio Aguilera

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