Salvar el planeta

Sobre el oficio de lector

A veces me pregunto qué función estoy cumpliendo en este mundo. Es claro que escribo libros, placer egoísta que disfruto yo y que disfrutan dos o tres lectores que son mis semejantes: me leen, lo disfrutan y a veces se comunican conmigo y me hacen sentir bien. El libro que hasta la fecha más se ha vendido en cantidad y que más rápido ha salido, edición tras edición, es El pollo que no quiso ser gallo (Alfaguara infantil, México y Colombia), 17 360 ejemplares. Otro que se ha vendido bastante es Cuentos para después de hacer el amor (Punto de lectura, México y España; Plaza y Janés, Colombia), aproximadamente 50 000 ejemplares. Pero en ocasiones me digo que eso de escribir libros y ser feliz recibiendo retroalimentación y un poco de money no basta: debo hacer algo para compensar el gasto de árboles que convertidos en papel ha ocasionado la publicación de mis 30 libros. Y, cuando leo y dictamino manuscritos y los tiro a la basura uno tras otro, con razones que creo justificadas, me digo: estoy cumpliendo una labor noble. Para publicar mis libros se habrán tumbado 20 árboles, pero yo con mi dracoiniana lectura de manuscritos insulsos, mal escritos, oportunistas, mediocres, presuntuosos, sofisticados... he evitado que se corte por lo menos un par de buenos bosques. Espero que sean puntos a favor en el momento en que San Pedro me quiera cerrar la puerta... Aunque tal vez también tenga la palanca de la Virgenciata de Guadalupe: A ese déjenlo pasar, es una fichita, pero salvó unos cuantos árboles y entretuvo a algunos niños con sus cuentos.

Marco Tulio Aguilera

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