Chismes y literatura

Breve historia abre viejas heridas
Reproduzco un artículo aparecido el día de hoy en La Nación de Costa Rica, junto con una aclaración posterior de Marco Tulio, es decir, yo, Yoni Peligroso, en la que explico mi posición frente a la polémica suscitada por mi novela Breve historia de todas las cosas en la que, según algunos lectores, insulté al hermoso pueblo de San Isidro de El General, cuna de héroes y crisol de virtuosos. (La aclaración va después del artículo, sorprendentemente documentado, de Alexander Sánchez Mora.)
Diario La Nación
Costa Rica, Domingo 2 de noviembre de 2008
Breve historia de todos los chismes
Polémica
Una novela se burló de la historia de una ciudad tica y hasta de ‘Cien años de soledad’
Alexánder Sánchez Mora
Unos treinta años atrás, la avenida Central de San José fue escenario de un violento pero curioso incidente. El escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño se topó de frente con un compositor oriundo de San Isidro de El General, en lo que podría haber sido un amistoso encuentro entre antiguos vecinos. Sin embargo, la realidad fue muy diferente: en cuanto reconoció al joven escritor, el músico se lanzó a golpearlo con lo que tenía a mano, su propio violín. El origen del artístico altercado hay que rastrearlo en una novela publicada poco antes.
Marco Tulio Aguilera Garramuño había nacido en Santafé de Bogotá, Colombia, en 1949. Hacia la década de 1960, junto con su familia, se estableció en San Isidro del General. Allí, en el Liceo UNESCO, Aguilera cursó los estudios secundarios y se graduó como maestro en la Escuela Normal de Pérez Zeledón. Más adelante, obtuvo una licenciatura en filosofía en la Universidad del Valle de Cali, Colombia, y una maestría en literatura en la estadounidense Universidad de Kansas (en Lawrence). En 1977 fijó su residencia en México, donde impartió lecciones de Letras y Traducción en las universidades autónomas de Nuevo León y de Veracruz; además, fungió como editor de la revista La ciencia y el hombre .
Si la relación de Aguilera con Costa Rica no hubiese pasado de esa estancia juvenil, su nombre habría sido pronto olvidado; pero su vocación literaria impidió que eso sucediera. En 1975, él obtuvo el Premio Aquileo J. Echeverría con su primera novela, Breve historia de todas las cosas (Novela Frenáptera) , publicada en la Argentina por Ediciones de la Flor.
Indignación. La novela causó revuelo en la ciudad de San Isidro del General. ¿La razón para ello? La trama novelesca se desarrolla en un pueblo con aspiraciones de ciudad que lleva por nombre San Isidro del General y que se ubica en un punto entre San José y la frontera panameña. La presuntuosa ciudad es presentada como un “refundidero de polvo rojo”, un “estercolero megalítico”, en fin, el “culo del mundo” en el que domina un “ambiente canibalesco”. Además, el texto ofrece un desfile de comerciantes, beatas, políticos, prostitutas, sacerdotes, ladrones, artistas, mendigos, educadores y policías: todos ellos, atrapados en sus ínfimas y ridículas aspiraciones.
La teoría literaria moderna se ha esforzado por demostrar que la literatura no es un reflejo de la realidad y que, por el contrario, significa la creación de un universo que se rige por sus propias reglas. Como indica María Amoretti al comentar la novela A flote , de Virgilio Mora –uno de nuestros escasos escritores malditos–, el escritor literario está protegido por la regla de ficcionalidad, por el principio de ambigüedad y por la relatividad interpretativa. A pesar de estas previsiones, muchos habitantes de San Isidro se reconocieron a sí mismos en los personajes, en su mayoría grotescos, que pueblan las satíricas páginas de la Breve historia… Alfonso Quesada, uno de los que se sintieron ofendidos, escribió, en su libro El valle bendito (1992), una diatriba contra ese “extranjero ingrato”, a quien denominó “Marco Lulo Aguilares Garrapato”.
De acuerdo con Quesada, Aguilares Garrapato es uno de esos advenedizos que sienten celos enfermizos hacia los “héroes” fundadores de San Isidro y que “en su mezquindad se saben enanos a la par de los gigantes que abrieron brecha en la selva e iniciaron el progreso de El Valle Bendito”. El juicio de Quesada sobre Aguilares es contundente: lo tacha de “engreído, con tufos de grandeza venida a menos”, “frustrado”, “cobarde”, “desgreñado, desgarbado y ajado”.
El narrador de la novela de Aguilera se identifica como Mateo Albán, preso por más de veinte años, casi que por decisión propia, en la decrépita cárcel de San Isidro. Desde ese espacio marginal, Mateo Albán, “individuo que modestamente decía conocer todas las palabras del mundo y había inventado otras tantas”, actúa como un “historiador-literato” que desnuda los vicios privados y se mofa de las virtudes públicas de sus vecinos.
El nombre del narrador es una remisión al escritor español Mateo Alemán (1547-¿1615?), autor de la famosa novela picaresca Guzmán de Alfarache (1600), sátira moral sobre el decadente imperio español. El Mateo costarricense no narra la historia de un pícaro, como se estila en el género, sino de una entera comunidad picaresca. La sucesión vertiginosa de personajes y anécdotas, que en un principio dificulta armar una visión de conjunto, sirve para demostrar que todos comparten idénticos antivalores: avaricia, egoísmo, violencia, lujuria. Mateo Albán es el cronista de una sociedad degradada, de un mundo controlado por pasiones y desencuentros.
¿Realismo mágico? Algunos han etiquetado la novela como el “Macondo tico”, en alusión directa a un supuesto vínculo del joven colombiano con el texto emblemático de su famoso compatriota Gabriel García Márquez. La propia contraportada de la Breve historia… se encargó de fomentar tal relación al señalar: “Aguilera Garramuño no es un seudónimo utilizado por García Márquez para escribir una novela más divertida que Cien años de soledad ”. Allí mismo, en una muestra de ingenua ignorancia de los editores argentinos, se afirma que “el mencionado pueblo de San Isidro del General no es Macondo, y su único parecido es que ambos sólo podrían estar en Colombia”.
Una lectura más especializada ha demostrado que Breve historia… es mucho más que un simple calco de las fórmulas del realismo mágico. La crítica polaca Elzbieta Sklodowska, de la Universidad Washington (en San Luis), ha señalado que la novela se organiza como una parodia que exorciza la dominante influencia de García Márquez en la escena literaria latinoamericana de la década de 1970.
Desde esa perspectiva, puede interpretarse la novela como una denuncia de “los excesos formales y las falacias epistemológicas del realismo mágico” y como una burla del “fenómeno editorial del boom ”. De este modo, aunque las claves del universo macondiano son plenamente identificables en la novela de Aguilera Garramuño, el resultado no sería la exaltación del modelo, sino la demostración de su agotamiento.
La posterior carrera literaria de Aguilera Garramuño es muy amplia, aunque ha pasado inadvertida en Costa Rica. Ha publicado al menos ocho novelas: Paraísos hostiles (1985), Mujeres amadas (1988), Los placeres perdidos (1989), El juego de las seducciones (1989), Las noches de Ventura (1992), Los grandes y los pequeños amores (1992), La hermosa vida (2002) y La pequeña maestra de violín (2002).
Aguilera también es autor de varias colecciones de relatos: Alquimia popular (1979), Aves del paraíso (1981; en 1983 apareció como Cuentos para después de hacer el amor ), Cuentos para antes de hacer el amor y Los juegos de la imaginación (2000). Su mayor éxito literario ha sido, sin duda, el segundo lugar obtenido en el prestigioso Premio Alfaguara con la novela El amor y la muerte (2002).
A pesar de toda esta trayectoria, Aguilera Garramuño quedó marcado, en la historia literaria costarricense, como el autor de una única novela, en la que se atrevió a satirizar, con humor y algo de crueldad, la vida de una aparentemente pacífica y progresista ciudad de provincia.
EL AUTOR ES PROFESOR DE LA ESCUELA DE FILOLOGÍA, LINGÜÍSTICA Y LITERATURA Y MIEMBRO DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LINGÜÍSTICAS DEL LA UCR.

Marco Tulio Aguilera escribió Breve historia de todas las cosas , ganadora del Premio Aquileo J. Echeverría de novela en 1975.
Alexánder Sánchez para La Nación, Áncora. Desde 1972, Áncora es la revista cultural de La Nación. Los domingos ofrece variada información y análisis sobre literatura, teatro, danza, cine, artes plásticas, lingüística, arte culinaria, filosofía, ciencias, libros y otros campos de la cultura.
Aclaración de Marco Tulio Aguilera
Hoy, casi 30 años después de la publicación de la primera edición de Breve historia de todas las cosas en Buenos Aires me doy cuenta que en esta novela ofendí no sólo a una persona sino a todo un pueblo. No hay disculpa: don Alfonso Quesada Hidalgo, el padre Coto, don Danilo Salas (queridísimo profesor de Química), las hermanas Ramírez, el bello Tribilín (alias Mocolevá o Californio), San Isidro en pleno fueron retratados por un irresponsable escritor que apenas iniciaba su adolescencia literaria. El retrato fue esperpéntico: me burlé no solo del pueblo sino de García Márquez y de casi toda la literatura que hasta entonces había leído. Desde Desamparados (en uno de esporádicos regresos a Costa Rica) llamé a don Alfonso Quesada Hidalgo, autor de una de las más bellas canciones del mundo, creyendo que me iba a responder amistosamente... Me insultó a morir: me dijo que había calumniado a su hija, una mujer honesta, calificándola como suripanta, etc. Me disculpé y colgué el teléfono.
No es cierto que don Alfonso haya roto su violín en mi cabeza. Por el contrario, fue él quien me vendió el primer violín de mi vida, me hizo amar a Beethoven y a la música. Hoy que tengo a San Isidro en la memoria y más presente que nunca porque estoy corrigiendo la novela para una nueva edición (y la voy a convertir de novela divertida en NOVELON gordo, 580 páginas y con la ambición de escribir una obra a la altura de lo mejor de GGM --so help me God--) soy consciente que para mí San Isidro es mi personal paraíso perdido, el pueblo más divertido, colorido, vivo, dinámico, del mundo. ¿Disculparme? Nancy Sinatra, nones y nanay cucas. Lo mío no es historia, lo mío es literatura. No estoy retratando al San Isidro real, sino a MI SAN ISIDRO: una entidad de ficción, que ha recorrido toda América y parte de Eurpoa y que ha entrado en la historia de la literatura latinoamericana y ha sido estudiada en veinte o treinta países.
Una anécdota. Regresé a San Isidro hace casi 27 años y recorrí sus calles como inmerso en una alucinación, visité a mis compañeros Sergio Elizondo, Juan Luis Camacho, a mi profe Danilo Salas. Una vez que abandoné la ciudad supe que me había andado siguiendo una persona para matarme porque había calumniado a su familia.
Diplomacia. En la proxima edición eliminaré todos los nombres reales y borraré las pistas de posibles crímenes, calumnias e infundios literarios. Será una novela novelada, no una crónica de una realidad, sin huellas de personajes reales... Y entonces ya no habrá vestigios del San Isidro real. Estoy pensando en la posibilidad de cambiarle el nombre al pueblo y cambiar la nacionalidad de esta ciudad, que es para mí el sitio donde más feliz he sido. Y recuerden esta verdad histórica: Los villanos de hoy serán los héroes del futuro.

Marco Tulio Aguilera

8 comentarios:

  1. Es una verguenza que el artículo publicado con fines de dar a conocer la novela se centrara en la sensibilidad ofendida del parodiado, de los cuales, en el mundo y la historia de la literatura, hay muchos. Por otra parte, publicar un artículo de este tipo se configura en un tipo de censura pública digna del más provinciano conservadurismo e ignorancia literaria. Estoy seguro que Alexánder Sánchez no pretendía amordazarte, pero parece que logró lo que el mismo Gabo no había logrado.

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  2. MT, leído el artículo y tu Promesa. Ya veo que la novela viene dando guerra desde hace tiempo. En mi opinión, esta obra será la mejor tuya luego que la prepares para su edición Definitiva; ya lejos de lo Local y lo Personal. Qué clase de lenguaje logras, hermano, entre otros alcances. Nada de giros de la picaresca.

    Un abrazo:



    Félix Luis Viera

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  3. Querido y respetado Juan
    Tus observaciones son pertinentes desde el punto de vista literario y muy respetables. No me siento censurado por el articulo de Alexander. Mi novela no va a sufrir por sus señalamientos. Sí es provinciano denunciar las fuentes reales de una novela pero tambien hay que pensar en las afrentas a las personas reales que se ven retratadas en "Breve historia de todas las cosas".
    Yo inventé y tergiverse: inventé otro mundo diferente al real pero emparentado. Eso no lo van a entender algunos sanisidreños que dificilmente habrán leído más de un libro en su vida. Otros más leídos, que sin duda los hay, comprenderán que mi novela es eso: una novela, una ficción, es decir, una mentira que oculta y devela verdades a veces dolorosas, pero divertidas en el campo literario.
    Es agradable saber que hay quien entiende esto como tu.

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  4. Marco Tulio, si bien es cierto que las letras que novelan, que crean nuevos mundos muchas veces (desafortunadamente) se toman como si fueran fotos exactas de la historia o de la sociedad, también es cierto que pocos escritores reconocen lo que usted. Se entiende que en la juventud, la experiencia está por venir -para cualquier persona- y esto me parece que refleja más que un carácter, refleja la calidad de la persona que firma cada trabajo suyo, con su nombre. Saludos.

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  5. Buscando letras de don Alfonso Quesada, me encontré con la cómiquisima historia del violín en la cabeza. Yo soy orgulloso generaleño (no isidreño como usted escribió) y si he leído más de un libro, soy escritor y amigo del desaparecido Humberto Gamboa, (no se si lo recuerda) escritor y poeta generaleño, yo hoy tengo 28 años y aunque no he leído la novela, de lo que escucho me parece muy divertido, si me duele que mi amado pueblito que no cambiarìa por nada, haya sido inspiración de tal San Isidro bizarro(yo he viajado vastamente por Colombia y solo Medellín se me parece a San Isidro)pero al fin no se me da nada, yo mismo cuando he escrito he usado a la vida real y le he puesto un poco de picante y la verdad yo si lo admito me nutro de la gente para escribir, pero me aseguro de que no le quede "olor" a la gente real. Igual uno cuando está madurando suelta lo que le apasiona. La San Isidro de hoy se parece más a la de la novela, pero aún sigue siendo la ciudad de mis amores. Y si de algo sirve, por favor no le cambie el nombre a la ciudad ni la nacionalidad, creo que merecemos estar en las "malas" y en la "menos malas", al fin que ya casi todos los "retratados" están bajo la tierra roja. Con picarezca curiosidad me despido. Mauricio Rivera.

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  6. Buscando letras de don Alfonso Quesada, me encontré con la cómiquisima historia del violín en la cabeza. Yo soy orgulloso generaleño (no isidreño como usted escribió) y si he leído más de un libro, soy escritor y amigo del desaparecido Humberto Gamboa, (no se si lo recuerda) escritor y poeta generaleño, yo hoy tengo 28 años y aunque no he leído la novela, de lo que escucho me parece muy divertido, si me duele que mi amado pueblito que no cambiarìa por nada, haya sido inspiración de tal San Isidro bizarro(yo he viajado vastamente por Colombia y solo Medellín se me parece a San Isidro)pero al fin no se me da nada, yo mismo cuando he escrito he usado a la vida real y le he puesto un poco de picante y la verdad yo si lo admito me nutro de la gente para escribir, pero me aseguro de que no le quede "olor" a la gente real. Igual uno cuando está madurando suelta lo que le apasiona. La San Isidro de hoy se parece más a la de la novela, pero aún sigue siendo la ciudad de mis amores. Y si de algo sirve, por favor no le cambie el nombre a la ciudad ni la nacionalidad, creo que merecemos estar en las "malas" y en la "menos malas", al fin que ya casi todos los "retratados" están bajo la tierra roja. Con picarezca curiosidad me despido. Mauricio Rivera.

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  7. No todos estan bajo tierra. Hay muchos vivos, por fortuna... Creo que pronto visitaré San Isidro...

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  8. Don Marco Tulio. Si viene me aviza, me encantaría conversar y tomarnos una tacita de café, y en cuanto a la novela, no se preocupe, que esas cosas han pasado en muchos lugares, vivimos en una cultura de doble moral, en donde la gente se "come" una a la otra, usted simplemente lo documentó, y aunque se suponía que era ficción, a veces decir que tiene cuatro patas, mueve la cola y hace miau da la sensación de que es un gato conocido. Yo también, como escribí la vez pasada, he retratado mi ciudad en mis relatos "Más allá de montaña azul" y "Ciudad Micrópolis" así que tomo en cuenta su experiencia. Le agradezco su respuesta. Y bienvenido cuando guste visitarnos. Atentamente, su servidor y exalumno del Liceo UNESCO. Mauricio Rivera.

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