2008/10/14

Viernes negro


Día para olvidar

El viernes pasado fue un día inmemorable porque:
1. Perdí mi billetera con 700 pesos, dos tarjetas de crédito y una de débito, mi licencia de conducir, mi credencial de la Universidad Veracruzana y un montón de garabatos significativos que sólo yo me sé...
2. Se me dañó el teléfono celular a causa de la lluvia (es el cuarto del año: a los anteriores los eché, dos, en la lavadora, y uno lo perdí en algún sitio que no puedo recordar).
3. Mi pago de derechos de autor por El pollo que no quiso ser gallo (edición de Alfaguara Infantil Mexicana, casi 20 000 ejemplares vendidos a la fecha; dos reimpresiones en el 2008) no fue depositado porque no les suministré el número correcto de mi cuenta.
4. Perdí mis anteojos de lectura (son los segundos que pierdo este año).
5. Me atacó de nuevo le peste del insomnio que sólo pude derrotar tras jugar básquet tres días seguidos con los muchachos de la banda y escuchar COMPLETA la ópera Fidelio del querido Beto.
5. Perdí las llaves de mi bunker.
Lo curioso del caso es que a cada malaventura yo decía: "¿Sólo eso, Señor? Pónmela más dura". Y me la ponía. Ya se sabe: todo se arregla. Hasta perder la cabeza puede ser una buena invesrión. Uno de los pocos recuerdos que tengo de mi padre, Marco Tulio Aguilera Camacho es el siguiente: Iba el niño Marco Tulio, con siete años de edad, a salir a dar un paseo en su caballo --en aquel tiempo éramos ma o menos pudientes, teníamos haciendas y hasta un castillo por Suba, cerca de Bogotá--, bien vestidito iba el niño con botas de montar y su atuendo de caballista, cuando lo alcanzó el doctor MT en su pura sangre Fierabrás --el que meses más tarde le iba a dar una patada en el pómulo izquierdo al niño Marco T. niño (el que no crea la historia puede mirarme en la cara la huella de la patada, que es como una sombra que se hace más densa y ominosa cuando trasnocho)-- y le dijo "Marco Tulio Dos, cuídate: un día vas a salir de la hacienda con tu ropa de montar, tu caballo y tu gorrita de jockey y vas a regresar en calzoncillo".
Conté el recuerdo anterior para demostrar que lo de mis olvidos y descuidos no es cosa de hoy o del alzheimer prometido, sino una condición casi prenatal.
Regreso al viernes negro. El caso es que el viernes de 10 a 12 de la noche, el sábado de 9 a once de la mañana y el domingo de 8 a 11 de la mañana, jugué básquet como frenético (recuerden, tengo 59 años de edad y juego contra personas que a lo más tienen 30 años). Ya el domingo por la noche me dije: "Ahora sí, MT, a dormir en los brazos del amor feo, Morfeo..." Y no dormí. Hoy es lunes y después de mil trámites, todo está arreglado. Supongo que dormiré bien. Buenas noches, amados tres lectores: Liriam, querida amiga de la Habana, Ulises...Un saludo al Vergel bello de aromas y flores...
Y sí, ya es martes, dormí bien, reporté mis tarjetas, compré un nuevo celular --el más barato--, hoy iré por una nueva licencia de conducir, rescaté una billetera de lujo que me regaló mi hermano Gustavo El Empresario ventripontente ( un metro noventaicinco de estatura y 1 30 kilos de bonhomía), ya me hicieron el depósito de Alfaguara correctamente, hice nuevos arreglos a mi bunker... y todo pinta de maravilla. La virgencita sigue cuidándome. Yo le sigo rezando dos Ave Marías diarios cada vez que me siento feliz.

3 comentarios:

  1. Ja, pues Tulio, debes haberte cruzado con todos los gatos negros del camino. Está bueno lo del amor feo... Morfeo.
    Bye

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  2. M Jack:
    Se me olvidaba que el cuento de Lina Maria habia aparecido en la revista de mi amiga Magda, Narrativas contemporaneas. Un cariñoso saludo
    MT

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  3. Hermano, para hablar en serio, esos problemas de olvido, pérdidas, suelen agotarnos mentalmente, "estresarnos"... y perder tiempo de creación debido a algo que era evitable, pon más cuidado. Los psiquiatras llaman a eso "pérdida de la atención", cuando en realidad sólo ocurre que uno tiene la atención puesta en otra cosa: la creación. Cuídate.
    A los caballos les tengo mucho respeto,por no decir otra palabra.
    Y a Aquel Caballo de dos patas, hummm... aquí me tiene, en México. Un abrazo: Félix Luis Viera.

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