Summa amorosa: Cuentos para antes de hacer el amor

Palabras pronunciadas por Eusebio Ruvalcaba durante la presentación de Cuentos para antes de hacer el amor en la Feria del Libro Universitario, Xalapa, 2008
(Transdcripción de grabadora)

No vengo a hablar de literatura ni a hablar de un tema ajeno y anodino y del cual no tengo nada que decir; en cambio vine a hablar del único tema posible: las mujeres, de las mujeres de carne y hueso que de vez en cuando, muy de vez en cuando, se filtran a la literatura y le dan vigor y fortaleza. Son como figuras literarias que de pronto desbordan el papel en el que están y se convierten en mujeres de carne y hueso como la vecina, la esposa del amigo, la alumna que nos ve con ojos de borrega a medio morir. Yo no soy un intelectual sino lector de revistas gráficas, revistas de chavas en lencería que consigo en el puesto de periódicos favorito; pago un dineral por ellas, pero no importa. Me encanta pasar el dedo índice por aquellos muslos, por aquel liguero, por aquellas tetas y en medio de mi contemplación emprendo una clasificación de la condición femenina. Con las fotos no basta, dirán ustedes, pero ayudan, digo yo. Vamos al grano: se me ocurre comparar las mujeres de los cuentos de Marco Tulio Aguilera Garramuño en su libro Cuentos para antes de hacer el amor (Educación y Cultura, México, 2008), con las mujeres de las revistas. Quiero saber si las mujeres de Marco Tulio son mujeres son de a deveras y a su vez saber si las mujeres de las revistas corresponden a figuras literarias. Y he aquí que sí. Dénme chance. No se la van a acabar cuando vean esto. Primer cuento: “Olor a cuero”. Personaje femenino: Magia Blanca. Súper cuento, la verdad. Mantiene un suspenso narrativo que raya en lo dramático. Hay una conversión del perfil de ambos personajes dramáticos que celebramos como si allí se nos fuera la vida. Hay un ratero que violenta la habitación de una mujer y, después de violarla con lujo de rencor y luego, gracias a la belleza luminosa de la aludida, se pone a sus pies. El cuento corre bien y es uno, el lector, quien horada la página, y quien quisiera vivir en carne propia la historia fugaz de ese amor; pero los cuentos no son así, las historias de amor más intensas, todas son fugaces. Hay más, porque la mujer también se enciende, habré de decir que se humedece, cuando lee este cuento; ahí radica, creo yo, la malicia literaria, la sabiduría, de Marco Tulio: en su capacidad de seducir, humedecer, enternecer y violentar al lector. Pero ya estoy hablando como estudioso de la literatura y eso no me gusta. Mejor vayamos a la correspondencia física de este personaje, Magia Blanca, y decidamos si es un personaje verdadero. Espérenme un segundo…
(Eusebio saca una foto de una mujer extraordinariamente bien dotada, bella y frondosa, en fina lencería y la enseña al público y dice):
Esta es la vedette llamada Magia Blanca y ustedes digan, después de leer el cuento si esta mujer corresponde a una vedette del cine y las películas porno. Noten: tampoco es tan bonita, lo mas bonito de ella es el lunar en el hombro izquierdo, no sé si lo distinguen. A lo que voy es a preguntarme y a preguntarles si los personajes femeninos de Marco Tulio son verdaderos o son ficticios. Y esto que les conté de Magia Blanca es de a deveras. Es un personaje que atrapa, seduce, cautiva, como cautivó al asaltante. Yo te felicito, Marco Tulio porque alcanzas a transmitir la belleza y la seducción sin restricción alguna.
Otro cuento: “El llamado de la bestia”. Personaje femenino: Norma Lee y su contraparte masculino: Patricio. Cuando se lee un libro erótico lo primero que se pone en entredicho es la verosimilitud de los protagonistas. ¿Provienen de la imaginación del autor o su peso específico puede medirse en la escala a que la sangre hierve? Eso me salió muy bonito. Yo no lo escribí. Me lo dictó mi mujer. ¡Es que mi mujer siempre se mete en lo que no le importa! Dice que debo aprender lo que es el amor. Para mí el amor y la seducción, tienen un peso específico. Este peso específico se mide en grados Gay Lussac presentes en la sangre. La prueba de fuego a que debe someterse todo erotómano es la calibración de este indicador. Antes de avanzar asomémonos a este cuento, “El llamado de la bestia”. Todo hombre es una encrucijada. Casi nadie puede gozar al ciento por ciento del erotismo y el amor porque casi nadie está educado para eso, sino al revés. Gozar provoca dolor. A mayor placer mayor autodestrucción. Eso le pasa al personaje masculino: se siente impedido para gozar del espectáculo que le ofrecen las mujeres que se desnudan ante el monstruo colectivo que son los asistentes al Teatro Blanquita. Para mí lo que escribió Marco Tulio en “El llamado de la bestia” es un magnífico coito colectivo. Todos los hombres asistentes al Blanquita fornican o hacen el amor o se refocilan con la desnudista. Los principios del protagonista, del mocho regiomontano, del honesto padre de familia, le impiden gozar de la sesión de voyeurismo. Y en el cuento aparece un padre, un sacerdote. En el cuento hay un sacerdote que se llama Ruvalcaba. Espero que no sea una broma de Marco Tulio eso de usar mi apellido para designar a un sacerdote sermoneador. Cuando leí esto dije “ya no voy a la presentación. Y don Germán me dijo: “Eusebio: Haz una concesión, vente a Xalapa a presentar el libro de Marco Tulio, vamos a invitar trago, chavas, enchiladas potosinas”. Los principios de mi vida me han enseñado a ser generoso y prudente y por eso acepté.
xxxAhora veamos otra foto: ésta es Pati, la esposa del admirador de la vedete. Pati, la mística, la contraparte de la vedete. Pati es una mujer, pobrecita, purísima. Quiero la opinión del maestro Borbolla a ver si le parece prístina la mujer esta. No, no es necesario tanto rollo ni que la mires tanto. Vamos a pasar por alto la lujuria presente en los ojos del maestro de la Borbolla. Pero veamos la opinión sobre Norma Lee, esperen un momento. Quiero la opinión de mi querido Oscar de la Borbolla. ¿Esta de acuerdo en que esta mujer de la foto es Norma Lee y que esta otra es Pati, la esposa? Les rugo su paciencia.
El siguiente cuento: “La historia completa de Ranita”. Relata la historia de la iniciación de Ranita y de su madre alcahueta, que la entrega a una especie de consultor erótico y sentimental. Vaya si Marco Tulio, y lo voy a decir aunque él esté presente, sabe llegar hasta la médula de la condición humana. Este es uno de los trabajos del escritor: mostrarle al lector sus impedimentos, sus prejuicios. Ranita, maravilloso nombre por cierto, tiene mucho de mujer en el cuerpo de una púber que ha dejado la infancia pero aun no es una adolescente. Las descripciones de Marco Tulio de este personaje van más allá de todo cumplido literario. Marco Tulio está a la altura de los maestros del género: más que eso: plantea un desafío: quien quiera ceñirse el cinturón de escritor de cuentos de peso completo, tendría que escribir un cuento como éste. La madre, personaje fundamental, es la suegra que cualquier hombre desea, es la suegra que empuja a su hija a la putería. Así es el cuento, eh. Y ella, Ranita, es la hermana que todos hubiésemos querido tener. Yo siempre soy como Santo Tomás. Creo que ésta que ven en esta foto es Ranita. Veamos las pruebas. Esta es una prueba. Esta jovencita, debe tener 16 años o 14. Los jóvenes que están aquí les suplico cerrar los ojos y que no vean estas fotos. No vean estas fotos. Le voy a pedir a mi querido Oscar de la Borbolla que evoque el cuento de la Ranita y que nos diga si esta mujercita corresponde a la imagen que él tiene de Ranita. Óscar sabe de estos temas. Sé que se puede suscitar una polémica innecesaria sobre Ranita y sus semejantes, las mil lolitas de la literatura. Como las estériles polémicas del Canal 22. Evitemos esto. Quierop que Óscar evoque el cuento de la Ranita. Y que nos diga de qué se trata.
(Oscar interviene y dice: “No puedo hablar de eso porque no soy gobernador de Puebla”).
Buen comentario. Voy a pedir la intervención de don Germán, porque a lo mejor tiene algo que decir. (Risas) Ultimo fragmento. Bueno, por primera vez voy a solicitar una intervención de don Germán. Después voy a rifar las fotos.
Último cuento: “Sueños de un buen cristiano”: uno de mis cuentos favoritos. Personajes: uno, Atiú, la sirvientita; dos, el jefe de la casa; tres, la esposa del patrón. Pensé mucho en la leyenda de Pigmalión cuando leí este cuento. Pocos, muy pocos, tienen la oportunidad de hacer, de crear, una mujer a su medida y eso es lo que podía hacer el protagonista masculino con la sirvientita Atiú. En la vida no hay nada más que de dos sopas: o eres práctico o eres pusilánime. Y yo creo que el protagonista masculino termina cayendo en la más trágica pusilanimidad: tenía todo para poseer a Atiú, una criaturita hecha para el amor y el placer, que llega a la casa toda apestosa y luego se transforma en una súpermujer y cumple el servicio doméstico hasta las últimas consecuencias. Atiú es una criaturita erótica que se pone al servicio del señor de la casa en bandeja de plata y por una extraña razón el hombre deja ir a su presa. La relación de servidumbre verdadera está presente en este cuento y su clímax radica en la reacción de la esposa del patrón. Esta mujer es fantástica: todo lo intuye y todo lo asume y sabe perfectamente bien cuáles van a ser las reacciones de su marido ante la pequeña sirvienta. Para ella las cosas marchan al pie de la letra. No hay mejor modo de tener al esposo contento que proporcionarle una chica insulsa, pero que en el fondo, muy en el fondo sea una amante discreta. Ojo, rara vez un escritor logra tocar así la cachondería de un lector. Yo tuve que echarme agua helada para aliviarme. Muy en el fondo la esposa del protagonista sabe que la tal Atiú habrá de huir de esa casa. Creo que esta es la sabiduría de la vida que alcanza la esposa: saber perder para ganar. Bueno, no me quiero poner filosófico ni mesiánico. Más bien, quiero concluir estas líneas con la pregunta: ¿ustedes creen que esta mujer de la foto corresponde a Atiú o por lo menos podría hacerse pasar por ella? Bueno, este folder con fotos de mujeres parecidas a las de los cuentos de Marco Tulio lo voy a subastar. Por cierto, en uno de los últimos cuentos, el de la entusiasta canadiense, hay dos cosas en las que quiero hacer hincapié: una: le dicen la cenicienta porque perdió el brasier en una fiesta. Pues déjame decirte que hace como 40 años yo fui al cinema Rio y vi una película que se llamaba “El brasier de oro”. Resulta que una mujer de la película dejó su brasier en una fiesta y luego un príncipe o algo así anda buscando a la propietaria del brasier para casarse con ella: convoca a todas las chavas del pueblo a ver a quién le quedaba el brasier. Bueno, pero eso es una película ya olvidada. Hablábamos de los cuentos de Marco Tulio: son dignos del mejor maestro de la literatura y del erotismo. No hay mucho más que decir. Hay que leerlos.

Marco Tulio Aguilera

1 comentario:

  1. Mi querido Frenáptero, pasé por aquí y me dieron gandas de rayarte las paredes viruales de tu Blog con un clásico: AQUÍ ESTUBE YO.

    Te dejo un gran abrazo

    Ó de la B

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