El fan número uno

O por qué no soy modesto

Mis compañeros del básquet en la Magisterial me dijeron que un muchacho algo extraño me había estado buscando. Que de lunes a viernes de la semana pasada había asistido a la cancha esperando encontrarme. ¿Qué quería? Según parece lo que busca es que le autografíe algunos libros míos. Anoche, a las doce de la noche, tras el entrenamiento en el gimnasio X, uno de los jugadores me dijo: Colombias, lo está esperando mi amigo Guillermo Alfonso, quiere pedirle un favor.
Me llevó al lado de un joven vestido de negro de pies a cabeza, cabello largo casi al estilo emo, dientes un poco salidos, timidez extrema, quien tartamudeante y nervioso me pidió que le firmara varios de mis libros, todos deteriorados por el uso, manoseados, manchados con café, quemados por cigarros, un par de ellos ya dedicados a algunos ingratos que los vendieron. Recuerdo ahora cuáles eran: Mujeres amadas, El juego de las seducciones, La cuadratura del huevo, Placeres perdidos y otros cinco que no recuerdo.
También tengo Las noches de Ventura, dijo el joven. Lo presté y no me lo han devuelto y creo que no me lo van a devolver. Se lo presté a una maestra que también lee sus libros.
Mientras yo firmaba los libros uno a uno prodigando amistad, afecto, agradecimiento, Guillermo Alfonso, ojeroso, delgado hasta el extremo, aceptaba las bromas de los basquetbolistas, que en ese momento estaban descubriendo que el señor rudo al que todos llaman El Colombias era, ni más ni menos, una especie de personaje de la farándula, como Alejandra Guzmán o Paquita La Del Barrio.
Le pregunté si ya tenía Cuentos para ANTES de hacer el amor y El pollo que no quiso ser gallo. Dijo que no los tenía pero que había oído hablar de ellos y que le gustaría tenerlos. Le comenté que los traía en mi querida Explorer viejita, allá afuera y que si quería se los vendía (¡mercenario MT, debiste regalárselos!, me dijo mi conciencia ecológico-diplomática). Se los di a 50 pesos cada uno. Sólo tenía un billete de 200 pesos, de modo que me quedé con él. Le prometí, eso sí, que el próximo martes, a las doce de la noche, si quería, le hacía entrega de un ejemplar de la edición de lujo de Cuentos para ANTES de hacer el amor (edición con pasta dura de Educación y Cultura, 220 pesos) por la módica suma de 100 pesos).
Para consumar el atraco le dije: Me gusta cómo escribe tu lapicero. Es perfecto para firmar autógrafos. Si le gusta se lo regalo, concluyó Guillermo Alfonso.
Nota final: en mis dedicatorias le otorgué el título de Fan Número Uno. (Y para los que joden con el cuento de mi egolatría les comento que la anécdota es completamente real y tuvo más o menos 12 testigos, todos sudorosos y entusiastas. Otras anécdotas de fans se quedan en el tintero: un famoso homosexual y artista plástico de esta ciudad me tomó de la mano en un restaurante muy concurrido en Xalapa y no me la soltó en cinco minutos y me besó la mano con efusión. Yo no tenía por qué quitar mi mano de su mano. El hombre era cariñoso y sin duda sincero. Para los presentes aquella escena debía ser de auténtico amor. Y la verdad es que las murmuraciones no me molestan. ¿Qué no se ha dicho de este inmodesto escribano?)
Miércoles 22 de octubre. No pude cumplirle a mi Fan número 1 eso de darle un ejemplar de Cuentos para ANTES de hacer el amor ayer martes a las doce de la noche en el gimnasio X. El caso es que no fui al entrenamiento. Sorry. Otra vez será. Conociendo como conozco al Fan número 1 --al que apodan Matrix, hoy me enteré-- sé que me buscará y me encontrará. Entonces podré cumplir la promesa. Noticia: El encargado de la edición de El imperio de las mujeres (Cuentos en lugar de hacer el amor), mi amigo, el magnífico escritor poblano Jorge Arturo Abascal, me comunica que ya están trabajando en el libro. No creo que salga este año y la verdad es que no tengo prisa. El editor Ricardo Moreno Botello no trabaja a marchas forzadas sino a su aire. Supongo que el libro (tercero de la serie Cuentos para antes... Cuentos para después... y...) va a salir en el mismo formato de Cuentos para ANTES de hacer el amor. Será, por lo tanto, otra edición perfecta. Le agradezco a la virgencita de Guadalupe, que me sigue ayudando. A cambio yo solo le rezo dos Ave Marías al día. Noticia 2: Terminé la penúltima revisión de mi primera novela, Breve historia de todas las cosas. De 380 páginas pasó a 540. Ahora siendo leída por varios amigos y lectores que respeto, y quienes me van a ayudar con sus observaciones. Primero la leyó Armando Pinto, director de la revista Crítica de Puebla (la leyó dos veces seguidas el muy heroico, y antes había leido las 1111 páginas de El sentido de la melancolía, mi novela gorda que publicaré dentro de ocho años). Ahora la están leyendo mi compañero de trabajo Silverio, con ojos de corrector de galeras y conocedor de literaturas, y también el escritor cubano Félix Luis Viera, en quien confío ciegamente. Finalmente la leerá en noviembre Joaquín Díez-Canedo editor de buena estirpe y mi actual jefe... Y después llegará diciembre, mes en que me lanzaré un clavado absoluto de doce a catorce horas diarias --sin ir al básquet-- hasta terminer la versión definitiva... que posiblemente cambie de nombre... Se llamará La novela de todas las cosas (nombre con el que García Márquez la recordó hace 15 años quizás) o simplemente Historia de todas las cosas. Pido un gran favor a mis cuatro --ya no son tres-- lectores: que me den su opinión sobre estos títulos. Liriam, la leíste en su edición de Buenos Auires, 1975? Preguntarán ustedes: ¿Por qué quiere Marco T. cambiarle el nombre a su novela? El caso es que un filósofo norteamericano, Ken Wilber, se apropió del nombre: publicó un libro que se llama precisamente Breve historia de todas las cosas. Tal vez fue coincidencia solamente. No vale la pena entablar pleito. Como les decía en anterior entrada un escritor español se apropió del título de mi libro Cuentos para DESPUÉS de hacer el amor.

Marco Tulio Aguilera

1 comentario:

  1. Pero... M.C!!!! ese pobre hombre si pagó el precio de ser fan. Si eso es con el fan número 1, ja, no quiero ver con los demás. Nada, es broma.
    Saludos!!

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