Culto a la personalidad

Los festivales literarios: ¿culto a la personalidad?
Me permití tomar este texto (Editorial) de la revista colombiana Arcadia (arcadia.com). Ojalá les interese, queridos cuatro lectores.

Los escritores aislados o ermitaños parecen una especie en extinción. Fascinados con la publicidad, se han hecho cada vez más visibles para el público. A esto contribuye la vasta cantidad de festivales literarios que se suceden, mes tras mes, en el mundo. Desde el Hay Festival galés, que ha ensanchado su influencia a España y a Colombia, hasta el Festival Filba del Malba en Buenos Aires, que tendrá lugar el próximo mes de noviembre, los encuentros con escritores notables son el furor del nuevo siglo. Arrastran multitudes. En espacios no académicos, los autores se descubren cara a cara con el público. Acaso sean tímidos. O huraños. En todo caso, la imagen del escritor como un ser solitario se extingue. Le preguntamos a uno de ellos y, locuaz, nos contestó: “El escritor que diga que no le gusta aparecer en público o, al menos, ser admirado de alguna manera es un hipócrita”. Por supuesto, aquellos que no hacen de su personalidad una noticia frecuente pertenecen a otra categoría. Pero ahora, cuando los festivales abundan en Colombia, surge la pregunta: ¿cuál es la pertinencia o la importancia de esa subespecie de las ferias del libro llamadas festivales literarios? En el escenario del evento se ilumina al escritor como una estrella. Está en el centro. Su presencia, debido a su obra, es quizás más importante que esta. Extraña paradoja: el escritor, para crear, necesita de la soledad; para vender, requiere una multitud. Es una manera de entrar en el sistema de la oferta y la demanda. Aparte de escribir, los autores se han convertido en performers. Y cuanta más capacidad oral y de divertimento tenga un escritor, con más frecuencia será invitado a un festival. ¿De qué manera está cambiando la imagen del escritor? ¿Hace parte de la literatura o del mundo del espectáculo? ¿Cuándo empezó todo esto? ¿Acaso cuando un autor tan memorable como Charles Dickens, a mediados del siglo xix, buscando fondos para una crear una asociación que protegiera autores ancianos o enfermos, se convirtió en actor de obras teatrales para presentarse ante el duque de Devonshire? Hoy en día, un escritor significativo para el mercado editorial es invitado con frecuencia a presentarse en público. Pero ¿se ha transformado en un showman capaz de divertir, conmover o interesar a su público? Muchos escritores, consultados por Arcadia, admiten que de vez en cuando asisten a ferias, festivales o encuentros literarios para espiar a sus colegas y copiarles, aunque suene extraño, probables trucos para conectarse con el público. “Lo que demuestra —dijo uno de ellos— que nos estamos convirtiendo en actores, antes que en escritores”. En ese orden de ideas, nos preguntamos: ¿es más importante la personalidad que la obra? A veces los festivales, apariciones o cualquier tipo de acto público contribuyen a crear lectores impulsados no por la crítica o las reseñas, sino por su empatía con el autor. En otras palabras: ¿no contribuyen los festivales a propagar la idea de no leer pues al oír a alguien para qué hacerlo? Aunque no se puede ser tajante con esta respuesta, una editora, que participa en un importante festival literario, nos confió que su inversión en el evento era mucho mayor que sus ventas. Los libros, es cierto, tenían presencia en los lugares en los que hablaban sus autores, pero no se vendían por montones como ella suponía. No cabe duda de que los festivales literarios son una buena idea. Desacralizar a la literatura en un país tan solemne como el nuestro ya es ganancia. Sobre todo cuando el conocimiento entre nosotros ha sido, de manera premeditada, elitista. Pero de allí a creer que los festivales sirven para crear lectores, hay mucho trecho. Los festivales entronizan al escritor y lo vuelven un personaje de sí mismo. Y por ese camino se ha impuesto la idea de que ya no solo basta con escribir un buen libro, un poema memorable o un cuento estupendo, sino que, como si fuera poco, ahora hay que saber actuar y conectar con el público para que sea el mercado quien decida si su obra vale o no la pena. En este nuevo culto a la personalidad, se salvarán, como siempre, los grandes libros, no los grandes actores.
¿Hace parte de la literatura o del mundo del espectáculo? ¿Cuándo empezó todo esto?

Marco Tulio Aguilera

3 comentarios:

  1. MT, la verdad es que no había reparado en este fenómeno, pero es tal y como dices. Creo, sin embargo, que hay que seguir luchando en solitario, a ver qué pasa. El "vedetismo" está de moda. Y algunos escritores lo llevan al grado sumo en un lance como los que refieres. Hace poco fui testigo de algo así y sentí vergüenza ajena. El libro queda,

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  2. Un saludo, gran Félix. Tienes todo para ser un gran novelista. Estoy a la espera del resultado que tú sabes...

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  3. Pues tiene usted toda la razón en lo que dice, hablando en entrevista con el escritor Miguel Casals, él planteaba algo así, que el marketing se ha convertido en el amo y señor de la cultura y decide lo que se va a publicar, pues el diseño de un libro va teniendo en cierta medida hasta más valor que la obra en cuestión. Imagínese entonces si el escritor desea ser anónimo, bueno... quizá el misterio entonces tenga tanto efecto como la imagen que se busca imponer. Solo apostemos porque en este ir y venir, se salven las grandes obras y no la actuación.
    Saludos!!!

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