Sergio Pitol: gloria y caída

SERGIO PITOL: GLORIA Y CAIDA


Yo, que he participado en muchos concursos, perdido varios y recibido algunos, quizás suficientes para ganarme algunas animadversiones, reconozco que en el caso de algunos escritores premiados con grandes premios como en Nobel y el Cervantes, existe el peligro que entraña el éxito súbito y multitudinario: Gabriel García Márquez tuvo que encerrarse a piedra y lodo tras el Nobel; Doris Lessing tras el mismo premio ya no soporta su vida sometida a entrevistas, reuniones, celebraciones, homenajes; Sergio Pitol, que gozó intensamente su premio Cervantes, ahora se ve afectado por enfermedades que lo alejan de la vida pública. Y sin embargo algunos personajes de la vida cultural local insisten en arrastralo a actos públicos soporíferos y torturantes. Ayer, en la Feria del Libro Universitario, FILU de Xalapa, asistimos al espectáculo tristísimo de su incapacidad para hilar coherentemente una sola frase. Lo humano, lo discreto y correcto sería dejarlo tranquilo para que curse su enfermedad y se recupere o se vaya de paseo al sitio de donde nadie regresa. Pero no: ahi tenemos a algunas personas que se quieren codear con Sergio, que quieren contagiarse de su gloria, aunque tengan que llevarlo a rastras. Y sin embargo está el otro lado del asunto: Sergio, con su tradicional bonhomía y entusiasmo, se deja llevar, se somete a las fotos, entrevistas, discursos y cuando ya no soporta tanto elogio, merecido pero soporífero por repetitivo, simplemente huye después de decir con enorme esfuerzo: "Como no hay nada que decir, ya nos vamos".
¿Conclusión? Los pequeños premios ayudan a vivir. Los grandes premios ayudan a morir. Para mí quiero muchos premios pequeñitos. Desde ahora declaro que no voy a aceptar el Nobel que ya me han ofrecido algunos inocentes y no muy iluminados amigos.



Marco Tulio Aguilera

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