Lucidez sin freno

¿Qué me pasa?

¿Qué me pasa? No estoy durmiendo sino tres o cuatro horas cada noche. Lo sorprendente es que no amanezco cansado. No tengo ojeras. No tengo sueño. Cumplo con buen humor todos mis deberes y aparte de ello sigo jugando básquet todos los días que puedo. Analicemos el asunto: en los últimos días, en el curso de quince jornadas he corregido dos novelas breves, leído tres libros, escrito dos reseñas, leído todos los cuentos del Concurso Sergio Pitol, dictado ocho horas de clase por semana, corregido 60 trabajos, asesorado a varios escritores en línea, jugado básquet, elaborado mi Plan Anual de Trabajo en la Universidad. Día y noche dándole a la tecla y a la vida.¿Urgencia? No. Simplemente tenía ganas de hacerlo y de cumplir plazos. Comencé a dictar clases de redacción en las facultades de Artes Plásticas y Danza y ello me ha animado mucho. Tengo sesenta alumnos que son sesenta universos, sesenta imaginaciones, sesenta personalidades a mi alcance. Mis clases son del todo heterodoxas: reglas, ¡fuera! A escribir jóvenes. A escribir todos los días. Y yo a corregir. He visto rostros animados, gente entusiasta, personajes extravagantes, bailarines de ojos soñadores con medias como columnas de caramelo a medio muslo, poéticas criaturas de nombres estrafalarios, un mundo imaginario al alcance de mi mano. No lo oculto: mis clases de redacción son un surtidor de imágenes e historias que sin duda alimentarán al enorme desaguadero de mi literatura. La ocurrencia más reciente es dictar hoy mismo –estoy escribiendo esto a las tres de la mañana del viernes- una conferencia sobre Henry Miller en inglés. Me invitó mi ex alumno Víctor Hugo Vásquez Rentería –ex alumno de redacción que resultó… escritor- y le voy a cumplir. Hoy a la una de la tarde en la Facultad de Humanidades, frente a los alumnos de la carrera de Lengua Inglesa, estaré hablando sobre el escritor con el que más me han comparado. Pensaba no preparar nada sino pararme frente al grupo con los libros de Miller en la mano a ver qué salía. Mis mejores conferencias han sido las improvisadas. Después pensé que me convenía más escribir la conferencia. Hace más de diez años que no doy conferencias en inglés. La más reciente la dicté en Banff, Canadá, frente al auditorio más selecto que pueda tener un escritor: directores de orquestas sinfónicas, dramaturgos, filósofos, escritores, jazzistas, teatreros de muchas partes del mundo. Hablé durante una hora y respondí preguntas durante dos. Nos tardamos tanto que nos apagaron las luces del auditorio. Hablé sobre el gran –gran por amplio: cuatro novelas seriadas- proyecto que he llamado El libro de la vida, mi proyecto proustiano que, hoy puedo decirlo, ya no es de cuatro novelas sino seis, en el que sigo la trayectoria de Ventura, el escritor, violinista y amoroso Ventura. A la fecha he publicado solo tres novelas de la serie: Las noches de Ventura/Buenabestia (Planeta, México y Plaza y Janés, Colombia), La hermosa vida (Conaculta, Colección Guardagujas, México) y La pequeña maestra de violín (Universidad de Puebla, México too). Acabo de corregir la cuarta novela de la serie, El amor pleno, de apenas cien hojas. Luego vendrá El sentido de la melancolía, que ya tiene 1111 páginas. Calculo que dentro de cinco años la entregaré al público. Mi pregunta es: ¿estaré mal de la cabeza? ¿La vida me va a cobrar los excesos? Si sumo las horas que he dormido en la última semana no alcanzarían a ser 21, a razón de tres por noche. El caso es que me siento como un surtidor de energía y no quiero recurrir a las pastillas. ¿Quién que disfrute de esta lucidez que me visita, va a querer matarla con somníferos?
Son las seis de la mañana y he recordado datos importantes. 1. Durante el proceso de inscripción en mis clases, lo que incluyó visitas a muchas personas, llenado de formatos, preparación de programas, varias salidas de la oficina en horas hábiles, entrevistas con mi jefe, con la administradora de la Editorial, con los secretarios académicos de las facultades Artes Plásticas y Danza, comencé a fumar más de la cuenta y sentí los efectos del cigarrillo en mi respiración y en mi rendimiento en el básquet. Una noche no dormí casi nada y al día siguiente mi cuerpo tomó la decisión de abandonar el cigarrillo definitivamente. Ya llevo varios días sin fumar, en los que además he tenido que reducir la frecuencia e intensidad del básquet... Estas dos circunstancias han contribuido a que MT tenga más energía que de costumbre... Además está este dato importante: terminé una novelita de 80 páginas que considero a la altura de El viejo y el mar y Muerte en Venecia. Sí, ya sé lo que van a decir: Otra vez el megalómano de MT está anunciando su obra maestra del fin de semana. ¿Qué les puedo decir? ¿Disculparme? Nones, amigos. Así soy yo. Solo el tiempo podrá decir si yo soy un megalómano o una persoja que se juzga en su justo precio.
4 de septiembre de 2008

Marco Tulio Aguilera

3 comentarios:

  1. Quiero agradecerle ENORMEMENTE (y aquí bien sirven las mayúsculas que, además, son un defecto personal con la pluma) por su conferencia, charla y hasta cotorreada en español-inglés. Como bien dijo: «entre latinoamericanos nos entendemos» pero, también le digo, «lo que bien se aprende, jamás se olvida» así que si otros lo tachan de megalomaniaco (y sabemos que sólo es narcisista... broma aparte) regodéese en decir que no sólo es un fregón escribiendo, sino también haciéndolo en inglés y más aún, inglés hablado!

    Y no mienta, mister, usted practica su inglés al hacer uso de él como todos los cibernautas y bloggers del universo: mezclándolo con su lengua madre. Y eso es chidísimo, porque la mayoría de los escritores son muy alzados, usted es de la banda!

    Pero fuera de eso, y volviendo al asunto principal ¡qué ganas de tenerlo de profesor! ¡Y qué error el suyo de darnos la dirección de su blog! ¡Y de invitarnos a visitarlo en la Editorial! Porque, no lo dude, va a tener unos cuantos muchos y demasiados visitantes. Ahora con muchas más ganas me lanzaré a la FILU y, con suerte, me atreva a preguntarle algo o simplemente a, con la mano temblorosa y el sudor en la frente, pedirle un autógrafo cual rockstar que es.

    Ya veo de dónde Victor sacó (o ¿pulió?) su manera tan peculiar de expresarse y la inspiración para ahora ser un escritorazo como es.

    En verdad le agradezco muchísimo, enormemente, apabullantemente y visceralmente (concretamente) que nos haya dado un ratito de su tiempo a cambio de un montón de sujetos (y sujetas) raros, ñoños, nerds o sencillamente geniales como somos todos los que estamos en el área de Lite de Lengua Inglesa, y de una fanta bien fría para comenzar. ¡También la donación de su libro! aunque no me tocó... pero ni hablar, de todos modos pienso comprarlo.

    Por favor ¡Vuelva! estaría chidísimo que organizara algo con Victor para un grupo quizá más amplio (aparte del asunto de la FILU que, seguramente, tendrá gran concurrencia), interactivo y cómico-mágico-musical como dirían por allí.

    Y dejo la verborrea porque tiene mejores cosas que gastar sus 20 horas de vigilia leyendo comentarios de fans.

    Un saludazazazazazo!

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  2. Muchas gracias, my friend. Ni siquiera firmaste tu nota. Como le comenté a VH estoy dispuesto a conversar con sus alumnos cuando quiera.

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  3. Me gustaría conocer el nombre del estudiante que escribió el comentario.

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