Artículos de septiembre

1. Feria de egos
2. Soy romántico
3. Cuento para salvar la tierra
4. Palu, Ruvalcaba, Borbolla, Volpi, Pitol, Monsiváis, Poniatowska
5. Pitol: gloria y caída
6. Marco Tulio y el erotismo mandilón
7. Una novela exquista
8. Cuentos de amor de MT en España
9. Fantasma de Erasmo Capilla
10. Henry Miller: flesh and spririt
11. Lucidez sin freno
12. Erasmo Capilla ha muerto

Encuentro de poetas y narradores de Mar y Montaña

Foto de MT con Elmer Mendoza
Feria de egos
(En la foto: Elmer Mendoza, premio Tusquets de Novella 2007, y Marco T.) En sesiones maratónicas de lectura, comidas, tequila y chismorreo, arreglos del tipo yo-te-invito-tú-me-invitas, yo-te-publico-tú-me-publicas, ha transcurrido este evento organizado por la monumental Silvia, la más dotada de las poetas locales, que con todo y su impresionante andamiaje no ha dejado de estar presente coordinando a un grupo de entusiastas colaboradores, entre los que sobresale un amable Nosferatu del que no escapa nada. También destaca por su eficiencia, elocuencia y grandilocuencia Armando Ortiz, que cumplió con sus deberes acolitado por un joven David de caireles al que protegía con solicitud maternal.


Entre las persencias más agradables estaba la del ombligo de Natalia Toledo, hija del pintor afamado, quien cada vez que hace presentaciones públicas gana más adeptos, no se sabe si gracias a su poesía, a su sonrisa o a su ombligo, que sigue siendo el principal protagonista del encuentro.


El poeta místico y psicoterapeutico Efraín Bartolomé se propuso de padrino de bodas entre Natalia Toledo y este humilde escribano: había un obstáculo: tanto Natalia como yo estamos ya casados. Ni modo. Efraín y Mistercolombias cimentaron una inconmovible aamistad basada en la mutua e irrestricta admiración y el convencimiento de que este mundo no nos merece. El poeta terapeuta lució su atuendo de gurú, pantalón bombacho de sik, larga camisola con un mantel como pechera, turbante, todos blancos y pecables. Cuando leyó sus poemas en la sala hubo relámpagos que despertaron a los tequileros escritores, trasnochados y sobrecogidos y cosechó un aplausoo que duró diez minutos. Como no quería regalarle un libro a Mistercolombias, el colombiano pernicioso insofato se lo arrancó de las manos con poca diplomacia.


--Marco Tulio --le dijo al velocirraptor poeta-- eres como un erizo. Con espinas en la superficie y un corazón blando de doncella nubil.


Elmer Mendoza, reciente premio de Novela Tusquets, fue el otro gran descubrimiento de Mistercolombias: elocuente, elegante en su forma de ser, sencillo, generoso, amistoso, talentoso, no presumió del gran éxito que tiene con sus violentas novelas que reflejan el violento norte donde vive (Culiacán, Sinaloa, y agáchense que llueven balas de plata). Unos vinos y quesos en casa de una madura y agradable antropóloga, con la presencia de Rafael Antúnez, reponiéndose de un infarto nicotínico, cimentó la amistad. De la reunión (lejos de la reunión oficial, donde dicen hubo mariachis, protocolo y aburrimiento) partí caminando por el malecón del Puerto de Veracruz con mi mochila a la espalda y regresé al Hotel Santillana.) Me quedé lejos de todos los eminentes pues mi querida poeta ST no me ofreció habitación en el majestuoso hotel Veracruz Centro Histórico....No porque no quisiera invitarme, sino porque no estaba prevista mi presencia...


(Pausa para cumplir asuntos de orden militar)


(Regreso a las 11 de la noche)


Hagamos la enumeración y correspondiente calificación de los narrdores y poetas:


Hernán Lara Zavala: siempre simpático, acompañado por su solcial dama, leyó fragmentos de su novela Península, península con buena dicción, entonación correcta y conocimiento de causa.


Carlos Montemayor saludó con entusiasmo al gobernador, tras leer apartes de sus productos. Luego en el desayuno del día posterior afirmó qué él leía periódicos de Italia, Alemania y Francia. También, muy ocasionalmente de la Gran Bretaña. Calificó a, los españoles de vulgares, a los italianos de agradables y a los franceses no me acuerdo. En la habitual guerra de egos que se presenta en cada congreso de escritores yo le gané pues dije que iba a escribir una novela más importante que Cien años, otra novela más grande que En busca del tiempo perdido y una serie de tres libros de cuentos en la que no habría ni un solo cuento mediocre, todos excelentes. (Nótese la modestia de uno y otro contendientes).


Ángeles Mastreta: Ausente dizque por motivos familiares.


Edmundo Lizardi: No escuché su lectura pero lo halé amable.


Elmer Mendoza: Un astro de primera magnitud que opaca su brillo con una ejemplar modestia.


Rafael Pérez Gay: Ausente porque no cabía por la puerta de entrada de un encuentro tan chico y de provincia.


Jorge Fernández Granados: Muy corto de vista y sin embargo ve más que la mayoría de los presentes. Engarzaba de memoria larguísimas parrafadas de oro en palabras.


Vicente Quirarte: Como siempre, muy propio, elegante, discreto. Si fuera eclesiástivco sería obispo. Si fuera diplomático lo nombrarían presidente de todas las asociaciones, presidente de todos los clubes, centro delantero de todos los equipos.


Víctor Mendiola: Tiene una enorme virtud: la hermosa señora que lo acompaña, escritora ella, gringa serena. Se mantuvo distante como si todos los demás tuviéramos sida. Me gustó su camisa de seda con la que asistió a la clausura.


Efraín Bartolomé: Ya lo dije: No habla: sentencia, epigrama, apotegmatiza, en el aire las compone ya terminadas sus estrofas: siempre tiene la frase apabullante y deslumbradora que clausura cualquier debate.


Roberto Blanco: Pelo completamente blanco (¿te acordás, hermano, cuando éramos jóvenes y seductores, que no se nos escapaba una liebre --en la imaginación, of course): leyó un texto conmovedor, seriamente conmovedor.


Enrique Servín: un erudito y un caballero que prometió mandar una novela sobre asuntos maritales e invitarme a Chihuahua. Gente de erspeto, grandote y tierno como une elote tierno, en el buen sentido.


Raúl Renán: Discreto, impávido, sonriente, con una vejez muy bien llevada.


José Luis Rivas: Lo saludé.


Jesús Garrido: Amable.


Armando Alanís: Leyó minuicuentos excelentísimos. Ojalá pudiera recordar uno. Lo intentaré:


De rojo me gustas más, dijo limpiando el puñal.


Rafael Antúnez: Leyó un buen texto sobre los beneficios que causa el tabbaco. Buen escritor.


Jeniffer Clement: Bellísima y serena mujer madura, muy parecido a una actriz gringa cuyo nombre no recuerdo..


Elizabeth Cazessus: En sus ojos hay una fiesta interminable.


Carina Valderrábano: No capté su fundamentum inconssusun veritatis (aquí pido ayuda a mis lectores: quiero saber de dónde sale esa expresión latina. Supongo que significa "fundamento inconmovible de la realidad" pero eso no me basta: quiero saber quién, ¿san Agustín santo Tomás?... quién usó esa expresión y que desarrollo teórico encontró para ella. Necesito este dato porque es fundamentel en la estructura de la novela que estoy escribiendo... Fuera de broma: ¿alguien puede suministrarme información?


Natialia Toledo: Sus ojos, sus mejillas, su boca, su expresión son exquisitos y ella otra fiesta que no debería tener fin.


María Belmonte: No la escuché, hable poco con ella. Me regaló un libro, yo le regalé otro.


Maliyel Beverido: Con su cara de niña ya habla como mujer madura. No escuché sus poemas.


José Homero: No quiere epatear a los burgueses sino a los intelectontos. Usó una gorra militar en su lectura de presuntos poemas... Y está en el Sistema Nacional de Creadores.


Armando Ortiz: Inventó un nuevo género: la pornocursileria homo algo brusca. Le recomendé usar aceite Mennen. ("Y la realidad es más violenta", dijo).


Ramón Rodríguez: Como siempre burlándose del mundo como si el mundo no fuera cosa seria.


Marco Tulio Aguilera: Despotricó contra todos y casi todos lo odiaron (excepto Armando, Efraín, Elmer, el chihuahuense, Granados...)


Otra presencia luminosa fue la del gurú y cowboy de Tabasco Ciprian Jasso: bajo su sombrero de vaquero del medio oeste escapaba una ondeante cabellera larga y blanca. Los ojos claros y serenos, la musculatura firme en un hombre de más de 60 años. Todo él era , es, agradable. Muy distante, Mendiola, sus anteojitos de papá de Daniel el travieso, no se codeó casi con nadie y lo entiendo: los demás asistentes somos de provincia y por lo tanto infecciosos. Además no tenemos acesso a las altas esferas de Nexos, donde el nada a sus anchas. No que fuera desagradable: al contrario, su imagen de lord inglés le dio altura al encuentro. Y es comprensible que él no quisiera escuchar las lecturas de sus compañeros. Hay clases, señores. Respetemos su distancia. A su lado una hermosa señora originaria de Nueva York leyó algunos textos francamente dignos de salir a hablar mientras pasa el trago amargo. Conversaciones amenas, profundas con el hombre de Chihuahua, un grandote, erudito, ventripotente, de una memoria bárbara, quien me descubrió que en realidad yo no soy platónico sino aristotélico: cuando le dije que había llegado a la conclusión de que la poesía y la imaginación superaban a la historia y terminaban por negarla estableciendo una nueva lógica, él me respondió que eso ya lo había dicho Ari.


Alli estaba el poeta de blanco, el poeta de las panteras con su alta mujer de blanco también, con su barba de profeta (el poeta, no ella) y su bigote de morsa, fumando un enorme puro (cada vez que estoy feliz me fumo un puro) quien construía poemas y epigramas en el aire con facilidad de prestidigitador. Allí también José Homero, quien impresionaba una y otra vez por su sorprendente capacidad para combinar prendas extravagantes: en su lectura usó una gorra de camuflaje del ejército norteamericano, después usaría una corbata rosada con puntitos bordados (como adquirida en un pawn shop de Oskaloosa --quien no conoce Oskaloosa no conoce el mid west norteamericano), los tenis más cochinos del mundo, la pelambre de emo dark desordenada al extremo y siempre mojada, un saco que escurría polilla y olia a naftalina... todo él un espectáculo natural que atraía a una multitud de admiradores de su anacoluta poesía.


Armando Ortiz leyó el primer capítulo de su novela El día que me quieras en su versión gay, hard core y me vale madres. Silencio en la sala. Nosotros, los machos machistas, hipócritas todos, lo felicitamos. Yo le dije, en serio, Armand, estás muy brusco, ponle aceitito Mennen. El me respondió muy atinado: "Si eso te parece brusco, no tienes ni idea: la realidad es muchos más violenta". Lo creo pero no quiero certificarlo: mis hemorroides son una de las partes más sentimentales de mi persona. Otro que dejó estela en el encuentro fue Elmer Mendoza ("Marco Tulio: cuando vi a Elmer lo confundí contigo", dijo Lara Zavala, también convertido en, ya entrado en años, personaje de larga y casi blanca cabellera que le sienta bien.


Lara Zavala leyó bien los mejores fragmentos de su novela Península, Península, a la que yo le puse algunos reparos en reseña que aparecerá proximamente en la revista Crítica. Sé que Hernán sabrá disculpar las anotaciones de este lector, que por amistad no calla sus reparos: los enemigos son los que siempre alaban esperando prebendas, ta, ta, ta.


En general los asitentes al encuentro se mostraron amistosos, informados (casi todos habían leído mis libros más difundidos y conocían la mano pesada que tengo para hacer reseñas literarias y recordaban los tiempos gloriosos del Sábado de Huberto Batis (que no volverán). Yo leí durante 20 minutos algunas páginas de mi Historia de todas las cosas recurriendo al viejo método de decirle al público: "Tengo aquí una novela de 540 páginas en borrador. Quiero que un integrante del público diga un número del 1 al 540. Allí comenzaré a leer. Si les interesa lo que oyen, la novela vale; si no no". Mi idea es que una novela debe tener valor, interesar e incluso apasionar en todas sus páginas. En efecto, Peggy la peligrosa, que estaba entre el público (delgada como un rubio junco, carita de almendra y boca de pithaya) dijo un número, 124...y allí comencé a leer: la historia del Paticorvo Paloma, de su madre La Musoc y de su hermana La Malandra y la historia de la bella puta sofisticada apodada La Sietecolores. Cuando faltaban dos páginas para terminar el capítulo Pérez Roque, moderador de la mesa me pasó un papelito: "Maestro, faltan dos escritores por leer". Acepté mi derrota... Yo quería leer las 540 páginas y que allí trasnocháramos y nos amaneciéramos. Lo dicho: ya no estamos en tiempos de Tomas Mann, que invitaba a sus amigos a su rancho y les enjaretaba la lectura de 500 páginas en una noche. Estos son otros tiempos y la raza ha degenerado, se gasta más rápido, se aburre, no tiene temple, el arte ya no es sagrado. (Peggy la peligrosa me dice que yo soy de la banda y que por eso confía en mí y lee mis libros. Me propongo mantenerla a distancia, no sea que vuelen en torno a mí balas de plata. Quería hablar de Elmer Mendoza y se me fue la onda. Su presencia fue serenamente apabullante. Lo que leyó gustó a todos. Sabe leer, vive lo que lee, es hombre sereno, no tiene prisa por hacerse notar, no busca la prensa. Le otorgaron el Premio Tusquets de novela, vende muchos libros, vive en Culiacán y lleva una existencia tranquila, sin muchos compromisos...


Le comenté a Elmer que estaba haciendo un taller de cuento y novela en línea y que sólo había aceptado asesorar a dos escritores; curiosamente ambos han ganado el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional: uno vive en Monterrey y otro en Pereira, Colombia. Elmer me respondió: "Conozco al de Monterrey, es de la banda". "Pedro de Isla, se llama", le dije. Ese, contestó Elmer, buena gente.


Bueno, queridos tres lectores, me voy. Me adjuntaré a la caravana de escritores. Iremos a Veracruz. Seguiremos informando.


El gobernador Fidel Herrera, que llegó con solo tres guardaespaldas y con un débil aparato de seguridad a clausurar el encuentro, como si de veras no tuviera miedo, prometió seguir financiando los próximos dos encuentros.


Disculpen los errores. Extas notas las escribí de prisa.


De nuevo estoy instalado en Xalapa, en mi honrada mediania. Dorada medianía, dijo Efraín.


(A todos los que mandan anónimos insultantes les prometo que ya no los voy a borrar: en realidad la furia y la envidia de los que me odian me alimenta más que el pan de cada día).

Marco Tulio Aguilera

7 comentarios:

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