Cuentos para los castos oídos de los niños

Descabezadero 27

Acabo de recibir las pruebas de la edición colombiana de mi libro de cuentos infantiles El pollo que no quiso ser gallo. Tal vez ninguno de los libros que he escrito me haya dado mayores satisfacciones. Con este libro les demuestro a mis detractores, que son muchos y mezquinos, moralmente enanos, que en efecto no soy un escritor obsesivo, monotemático, perverso, pornográfico, excesivamente ambicioso, vanidoso, prepotente, anacoluto, sino que puedo escribir en otro tenor, que puedo ser inocente, lo suficientemente inocente o candoroso o puro de espíritu para ganarme la simpatía de algunos lectores a quienes les importa un rábano si me llamo como me llamo o he escrito sobre temas que hacen sonrojar a sus mamás en público y las hacen gritar de gusto en privado. Para este libro escribí un breve prólogo que quiero reproducir. Se llama …
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Prólogo pequeño y un poco fastidioso

Hace algunos años, cuando llegaba la hora de apagar la luz, mis hijos Héctor Javier y Sebastián comenzaban a cantar: “¡Cuento, cuento, cuento!” Entonces yo tenía que acostarme con uno de ellos y preguntarles: “¿Cómo se va a llamar el cuento de hoy?”, y ellos respondían inventando títulos. A veces los títulos eran loquísimos, a veces poéticos, en ocasiones divertidos o tontos, pero fueran como fueran, yo inventaba una historia para cada título. De los trescientos o cuatrocientos que les conté durante esos años, quedaron los que hoy reúno en este libro. Espero que sirvan para que otros padres como yo ayuden a sus hijos a entrar amablemente por las puertas del sueño. Y también para que se aficionen a inventar sus propios cuentos. Estos relatos son sueños que pude pescar antes de que se perdieran en las aguas del tiempo.
Mis hijos me ayudaron con el viejo canto que no olvidaré: “¡Cuento, cuento, cuento!”
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Posdata: La primera edición de este libro la hizo Alfaguara Infantil en México. A la fecha han vendido 15 000 ejemplares, se ha leído en las escuelas públicas de México, se compuso música para los cuentos, se han hecho adaptaciones radiofónicas en México y Holanda, se ha leído en seminarios de castos sacerdotes. El libro recibió el Premio Nacional Juan de la Cabada en México y actualmente se están negociando los derechos con los estudios de Walt Disney. Lo más hermoso de la edición colombiana de El pollo que no quiso ser gallo son las ilustraciones de los cuentos, que en ocasiones superan la imaginación de este autor.

Marco Tulio Aguilera

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