¿Escritor erótico?

Entrevista de Julio César Martínez

¿Por qué se ha dicho que tu trabajo narrativo es erótico?

Hay que diferenciar entre los que han dicho que es erótico para menospreciar y los que han estudiado el carácter erótico de lo que escribo como un valor literario. Los primeros han intentado localizar lo que escribo en un área que a veces consideran con reservas. Lo erótico es un área del arte y del ser humano tan válida como cualquier otra y tal vez mucho más, porque no existe nadie que logre escapar al ámbito de lo erótico. Ni siquiera los sacerdotes o los ascetas pueden negar del todo o reprimir la parte erótica de su humanidad. Dentro de la tradición gnóstica y de la cábala esta negación de la parte “oscura” de la humanidad es muy evidente. Incluso hay un mito que explica que la sexualidad “perversa” se debe atribuir a una demonia llamada Lilith, que fue, según un mito aborrecido por el cristianismo, ni más ni menos, la primera mujer de Adán. Lilith visita a los hombres que duermen solos y copula con ellos. De ahí resultan las poluciones nocturnas y los nuevos demonios. La tradición cristiana tiende a reprimir el placer y a privilegiar la procreación. Eso quizás fue válido en otros tiempos, en los que el mundo estaba poco poblado y la humanidad se hallaba en una etapa primitiva. Yo creo en la evolución positiva de la humanidad, creo que hay un proceso ascendente, hegeliano, y que en este proceso es importante el derecho al placer. El reconocimiento de la importancia de la sexualidad es parte básica de la felicidad del ser humano. Por ello se puede considerar que cualquier literatura seria, que aborde el tema erótico, es tan importante como la literatura que aborde cualquier otro tema, por ejemplo.
Hay otro dato importante: los que califican mi literatura de erótica para descalificala son personas que generalmente no han leído lo que escribo. Por otra parte se han hecho estudios serios sobre el carácter erótico de mi literatura, sobre su capacidad de seducir. El año pasado el profesor Peter Broad, de la Universidad de Indiana, estuvo un año en Xalapa escribiendo un libro sobre ese tema. Mi primera intención al escribir es seducir al lector y para ello utilizo técnicas literarias cercanas a los acercamientos sexuales. He dictado conferencias en varios lugares sobre ese tema y he escrito sobre las relaciones entre la escritura, la lectura y el placer erótico.
Finalmente hay que decir que ninguna literatura en mayúsculas es una literatura erótica, histórica, feminista o lo que sea. La literatura es un río que se alimenta de muchos afluentes y no es correcto caracterizar a ese río solamente por uno de sus temas. En lo que escribo el erotismo es importante, pero está inmerso dentro de un universo de otras variables. El ser humano no es una caricatura que se pueda definir por uno solo de sus características y los personajes literarios tampoco. La literatura, como la vida, deben debe aceptarse como complejidades, no como caricaturas.

¿El erotismo en tus personajes incluye el amor?

La pregunta es profundamente moralista. Implica que el amor legitima al erotismo, lo que es una falacia. El amor legitima a un erotismo, que es el conyugal, o el de pareja, pero hay muchos otros erotismos: el autoerotismo, por ejemplo, el voyeurismo y muchos otros, que forman parte de cualquier personalidad si no normal, por lo menos equilibrada. En lo que he escrito hay muchos tipos de acercamientos al erotismo: desde el convencional, hasta el llamado perverso. Todo depende del personaje que está presente en mis textos. Lo que sí tengo claro es que la mayor parte de lo que escribo es una búsqueda del amor y del sentido de la vida del ser humano, por todos los medios posibles.

¿Existen escenas que pueden considerarse perversas?

Depende del lector y de su grado de convencionalidad o perversidad. De todos modos el concepto de perversión es relativo: lo que es perverso para unos no lo es para otros.

¿Te propones incitar al lector al acto sexual?

No. Me propongo incitar al lector a que disfrute de un buen texto literario. Todo lo que suceda después depende del lector. Pero necesariamente cualquier texto auténticamente literario debe ejercer una transformación en el lector, debe remover sus recuerdos, impulsar cambios de percepción. Un buen texto debe ser como una droga alucinógena: debe abrir las puertas de la percepción y ampliar las de la imaginación.

¿Lo que has escrito te ha permitido conocer mejor al ser humano?

Espero que sí. Cada vez que tengo un personaje en mente debo explorar su intimidad. Si tengo como protagonista a un psiquiatra, necesito que se comporte como psiquiatra, no como albañil. Y desde la superficie debo ir hacia la intimidad, tratando de darle no sólo un perfil sino un volumen, una textura, una humanidad literaria, si se me permite la expresión.

¿Es para ti la literatura un placer?

Escribirla es un placer, leerla es un placer. Mientras no estoy escribiendo me siento común y corriente. Cuando escribo me acerco a Dios, siento que al escribir voy más allá del ser contingente. Hay que ser un poco paranoico para creer que lo que uno escribe vale para otros y mucho más paranoico para creer que algún día serás leído en muchas partes del mundo e incluso en otros tiempos. Sin esa dosis de megalomanía es difícil coronar la empresa de la literatura. El mundo de la literatura no es el reino de los humildes sino el de los soberbios, de los que se atreven a competir con Dios. La humildad es generalmente una pose de algunos escritores, es una máscara, una forma de defenderse de una egolatría monstruosa. De todos modos, como decía no sé quien, es fácil ser humilde cuando se es grande. Yo agregaría: es fácil fingirse humilde cuando se es grande.

Marco Tulio Aguilera

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