Dos descabezaderos


Descabezadero 18
Diario de un escritor
Palabras para un diccionario xalapeño y la cáscara de la Magisterial

Corrupción: En Xalapa, al lado de Hidalgo 9, cerca de la Feria Permanente del Libro Universitario, en la pura esquina, se está levantando un edificio de cuatro pisos, con 15 metros de frente y 80 de fondo. Es un bello edificio, sólo que se construye violando —hasta donde puedo entender —las reglas básicas de la construcción en una ciudad. Simplemente no tiene ni un solo cajón de estacionamiento. ¿Quién autorizó esta construcción que va a congestionar más el centro de Xalapa? Pregunta para el flamante presidente municipal.
Mediocridad: ¿Se han dado cuenta los lectores de diarios de Xalapa, que en las páginas editoriales y de opinión no existe nada que valga la pena leer? ¡Que columnas tan aburridoras, tan sosas, tan sin sustancia! ¿Por qué? Sencillo: porque los que allí escriben no tienen nada que decir. Son gente sin cacumen, sin lecturas, sin atrevimiento, personajillos grises que escriben para aparecer en los diarios. Y, ¿por qué es esta gente la que escribe? Porque los diarios no les pagan a sus colaboradores, los explotan. Si los diarios pagaran el talento y la inteligencia, que la hay en Xalapa en abundancia, sin duda tendrían buenos colaboradores. Tal vez los únicos periódicos que se salvan de esta tendencia sean el Punto y aparte y Política. Milenio reproduce lo que escriben los columnistas del DF y está haciendo el intento de buscar talentos locales. Del Diario de Xalapa sólo me interesa lo que escriben Raúl Hernández Viveros y Tobalina. No hay un periódico polémico, no hay un Monsiváis local, no hay innovación, pura inercia. El Diario, que fuera en tiempos de Pabello en periódico moralista, medra con anuncios francamente risibles: Moreno con pepinote; madre e hija en un paquete; quince minutos satisfacción completa; fresitas esbeltas dispuestas a todo; morenota frondosa con perrito, etc.
Se olvidan muchos diarios que una de sus funciones es formar, educar, contribuir al crecimiento espiritual de sus lectores.
Basquetbol: Una de mis grandes debilidades es el basquetbol. Lo juego desde que tenía diez años de edad hasta hoy, que estoy a punto de llegar a los sesenta. En la actualidad lo juego en la cancha de la Magisterial, de 3 a 4 30 de la tarde, bajo un sol achicharrante o con temperatura agradable. Tengo allí buenos amigos, a muchos de los cuales conozco por apodos. La amenaza cachetona es pequeño, fuerte, casi rechoncho, rabioso. Cano es sólido, se mueve pesadamente y a veces mete canastas impresionantes. El doctor llega siempre en bicicleta y cuando se lanza contra la canasta es un tanque que pasa por encima de todos. El gritón es un atrabiliario que grita por todo, insulta, amenaza, pero es un jugador excelente, que mete canastas desde muy lejos. Rafa es un empresario que llega en una camioneta BMW de último modelo. El Bogart un carita, pequeño y hábil, de ojos claros y serenos. El Brozo un muchacho de un metro noventa que tiene sus días de inspiración. Villa es fortachón, tiene más de 50 años, bajo la canasta es imbatible. Pinocho es melancólico, parece moverse en cámara lenta, es buen jugador pero necesita el estímulo de un buen grito para que se mueva. Don Herminio es el decano: tiene 74 años y todavía la mueve: es capaz de meter canasta tras canasta desde su extremo. También a la cancha asiste una morena joven, de muy buen ver, que es la musa de los basquetbolistas. Todos la besan y a todos besa.
Yo soy un jugador de días. A veces no doy una y todos me regañan. A veces llego iluminado y meto canastas inverosímiles. Recuerdo que en mis-buenos-tiempos (hace ya cuarenta años) me llamaban Gancho eterno porque lograba encestar de manera lateral canastas muy difíciles.
Ayer reté a un muchacho de 26 años (él me vio jugar cuando yo jugaba con su padre, hace 15 años, en la mítica cancha de Economía). Uno contra uno. Me ganó 10 partidos de 3. Perdí la apuesta. Tuve que pagar las caguamas. Villa fue testigo. Entre agradables tragos, sudados hasta el tuétano, estuvimos preguntándonos hasta qué edad podríamos seguir jugando. Villa afirmó que si seguíamos así podríamos continuar jugando 15 años más. Ojalá.
Recomendación: a mis cuatro lectores les recomiendo la lectura de una novela llena de imaginación, bien escrita, divertida, muy original. Se llama Tajín 365 y recupera de forma contemporánea los mitos prehispánicos. Es obra de la narradora Beatriz Meyer y del poeta Jesús Pimentel. Fue publicada por Educación y Cultura de Puebla. En Xalapa puede encontrarse en la Feria Permanente del Libro Universitario, Hidalgo 9 y en la revistería de Plaza Museo.


Descabezadero 19
Diario de un escritor
Ensayo sobre la humildad y segunda parte de Benjuil Mnemjian

Humildad. ¿Por qué no intentas ser humilde?, me preguntó una persona que aprecio mucho. Esa sugerencia me hizo reflexionar. También recordar algunas frases. Hay una de ellas que nunca olvido: Es fácil ser humilde cuando se es grande. Entonces, me pregunto: ¿por qué no soy humilde? Tal vez porque no soy grande. Bueno, de edad sí. Practicar la humildad es una forma de la prepotencia. Si uno tiene que practicarla o ejercerla es porque la humildad no le es natural. Y la humildad tiene que surgir espontáneamente, como si surgiera de la propia naturaleza, es decir: con naturalidad. ¿Y qué tal si la humildad es causada por la secreción de alguna hormona? Hmmm. Puede ser.
Como no es correcto dejar a medias nada en esta vida les voy a ofrecer la segunda parte del capítulo de la novela que estoy escribiendo. El capítulo se llama, tal vez recuerden, Benjuil Mnemjian El Todopoderoso. Va de ái:


...después continuó diciendo El Todopoderoso: Tal vez ustedes no me crean y de pronto me van a decir que estaba engañando a la gente. Nada de eso, señores. No señores. Para su información yo soy el resumen de todos los hombres, desde los más insignificantes hasta los trascendentes y no sólo de los actuales sino de los de todas las épocas, desde el pitecantropues erectus, pasando por el sapiens hasta llegar al actual que es el cretinus mandilonus subcoleópterus, subespecie del energumenoides epistolarun ergonómicus. Como es lógico no todos me creen, pero yo sí, y eso es lo importante. Ni cumplo con lo prometido ni dejo de cumplir. La única condición que pongo para realizar lo que ofrezco es que todos me crean y como no he llegado a ese lugar encantado, siempre debo alejarme con el dolor del alma y sin embargo no me doy por vencido, reaparezco en otro sitio, como Nuestro Señor del Garrote. Después de mucho caminar resulta que voy llegando a San Isidro de El General donde reuní una multitud gigantesca y como en este mundo no hay panza sin ombligo la gente se fue convenciendo, con venciendo, ¿entienden?, no sé por cuá, tal vez por la fuerza de mis argumentos o por el poder magnético de mi voz o por la impresionante apostura y presencia de un servidor, con su turbante, su joya destellante en la frente, su blanquísima túnica. O quizás fue el cansancio ocasionado por la espera del milagro bajo el sol de caricatura o alguna confabulación de fuerzas muy especiales de este sitio. Lo cierto es que al principio se reían, después estaban serios como quesos y al final la muche dumbre, es decir, la muy mucha gente, comenzó a emanar un halo brillantísimo que anunciaba la realización de lo irrealizable: ya se sentía temblar el mundo sobre sus cimientos, los ojos se volvían hacia el cementerio a la espera de ver procesiones de muertos, se presentían prodigios, hazañas inenarrables, se oían mil dialectos, se erigían por obra de hechizo mil monumentos de alturas que ligaban el cielo con la tierra, comenzaban a volar por los aires ángeles de todos los pelajes que aterrizaban pesadamente entre los parroquianos y aceptaban un trago, un cigarrito, una invitación a cenar donde Pascual o en Los Camioneros… cuando se escuchó la sirena de una radiopatrulla, un armatoste gigantesco y bruto que frenó como si hubiera estado al borde de un abismo. De aquella carroza funeraria salió un fantoche acaudillado por dos monigotes quienes me tomaron por los brazos sin escuchar mis advertencias de convertirlos en tepezcuintles y aquí vine a parar. Durante el proceso, si a eso se puede llamar proceso, no se me permitió pronunciar una sola palabra, además, mis estimados mostrencos, ¿para qué pronunciarla?... Como ustedes pueden suponer tengo muchas investigaciones por hacer y cuando quiera puedo utilizar mi don de convertirme en un chorro de humo para escurrirme entre los barrotes. Mi primer proyecto es establecer un canal de comunicación entre las 26 dimensiones del universo, mi segundo plan es aclarar el problema de la relación espacio temporal del cuerpo etéreo y después localizar en el cuerpo el sitio exacto donde se aloja el alma y luego revertir el tiempo para enmendar los errores históricos, entender el sentido del pecado en el equilibrio de la humanidad, abrir brechas en el tiempo para viajar al instante a cualquier parte, romper las barreras del espacio para tener al instante una vecindad inmediata con los seres más remotos, transmutar cualquier metal en oro sin molestos y dispendiosos procedimientos, crear desalinizadores de aguas marítimas e instalarlos en todas las casas o, algo más sencillo, convertir los mares en lagos de agua dulce.
Y ya pueden ver Sus Mercedes afuera, aferrados a los barrotes, aglomerados a las puertas, subidos a los árboles del parque, desde los edificios con catalejos y catacortos, me miran, me otean, me esperan, están apostadas miles de personas llegadas de los más apartados lugares del mundo y no sería raro que al municipio se le ocurriera cobrar por verme o tal vez me mandara asesinar para tener por fin un personaje célebre al cual hacerle una estatua de cuerpo entero y mandarle escribir biografías de mil páginas…Entre nos, Sus Mercedes, puedo comunicar que ya se está formando una secta, una religión, un cuerpo disciplinario que persigue el noble propósito de suministrarme los más curiosos y apartados aparatos y libros y retortas y alambiques para facilitar mi trabajo que es, ni más ni menos, y ustedes tienen el alto y primer privilegio de saberlo, alcanzar la universal paz y felicidad del mundo universo sin problemas de restricciones, estreñimientos. Algunos de mis adeptos son sinceros, otros son los tristemente célebres buscadores de profetas, plaga que siempre ha existido, los cuales sólo esperan mi salida para, en primera medida, cobrar lo que creen les corresponde por su espera, paciencia y fidelidad, y en segunda, crucificarme boca abajo, quebrantarme las rodillas con mazos y hacerme beber la cicuta que siempre les corresponde a los hombres grandes. Los pobres: no saben que esperar es la mejor forma de morir antes de tiempo. He dicho y fiat lux.

Marco Tulio Aguilera

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