Descabezadero Todopoderoso



Descabezadero 18
Benjuil
Mnemjian El Todopoderoso



Al frente el padre de los frenápteros; al fondo el mar de
Playa del Carmen.




Por un descuido perdí el Descabezadero que escribí para este lunes sobre diversos temas polémicos, entre ellos la mediocridad de los columnistas y editorialistas de los periódicos jalapeños, la pichicatería de los dueños de los periódicos, que no les pagan a sus colaboradores pero sí se embolsan buen dinero (en esos periódicos sólo escriben los que regalan su trabajo…es decir, los que no lo aprecian). Etc. Era un artículo como los que habitualmente escribo: para ganar dos amigos y cien enemigos.
Y como no tenía artículo para este lunes, les voy a recetar unas páginas de la novela que estoy escribiendo, Breve historia de todas las cosas. Es una novela en la que se cuentan historias de la gente que fundó y la gente que vive en un pueblo de Costa Rica llamado San Isidro de El General. Este pueblo-ciudad es muy colorido, y en él suceden muchas cosas interesantes. Algunos de los que leyeron la primera versión de la novela dijeron que hay parentesco con Cien años de soledad. Otros la consideran una obra de valor. García Márquez la leyó y me llamó desde Madrid para felicitarme. La obra entró en la historia de la literatura latinoamericana gracias a elogiosos artículos de John Brushwood en su The Twentieth Century Latin American Novel y de Seymour Menton en La novela colombiana: planetas y satélites. Les presento unas páginas en las que habla uno de los tantos personajes frenápteros que habitan esta novela con la cual me van a dar el premio Nobel (No boelba a esclibil):
Yo soy Benjuil Mnemjian, amigo de Dios y del diablo y de todas las criaturas de en medio, especialista en misterios, encantamientos y profecías, primer ser humano en lanzarse a las aguas de las Cataratas del Niágara dentro de un barril de cerveza Heinz, hacedor de lluvias, arrostrador de peligros, propietario del libro infinito en el que están resumidas todas las cosas, las que existen y las que no existen y las que sin existir existen por virtud de la famosa ley del tercero incluido, acuñada por don Emmanuel Kan, propietario, decía del libro infinito donde están escritas todas las palabras desde el principio de los tiempos cuando había una sola expresión que era prohibido pronunciar si lo denominado no estaba presente, además fui constructor de la Gran Muralla China y desflorador de una china inexpugnable que se paseó en todos los machos del barrio de mi poco casta infancia, constructor también de las torres de Pisa, Eiffel y el Empire States Building, me precio de filósofo, yantador de clavos oxidables, vidrios, ácidos, serpientes, cuchillas de afeitar superesteinles, hacedor de inventos cruciales, caminador de cuerdas flojas tendidas hacia el infinito y amarradas de un solo lado, cabalgador de pegasos, centauros, cebúes y hembras insoportables, productor y sanador de terremotos, salidor de laberintos, clarividente, domador de minotauros y mujeres enfurecidas y menopáusicas, adiestrador de medusas y pterodáctilos, intérprete de biblias, coranes, panfletos y constituciones, parlador de todas las lenguas habidas e indebidas, lícitas y prohibidas, cirícilas y grecolatinas, compañero de parranda de Harún Al Raschid, el juerguista más grande entre los sultanes de Bagdad, levantador de muertos muy muertos y recalcitrantes, mutacálime de Alá, conocedor de los siete sabios (yo soy, modestamente, el séptimo), primer hombre en cruzar a nado con una mano amarrada a la espalda el Atlántico desde Gibraltar hasta la península de la Florida, discípulo de los gnomos de la Selva Negra, heredero de la sabiduría de Isaac Bensalomón Israelí, el más antiguo filósofo hebreo, poseedor de once piedras filosofales, trece arañas mágicas y dos originales agujas de coser muertos, bebedor de aguas estigias, pócimas y elíxires, nigromante licenciado en Egipto en las entrañas…
Pues en ese punto voy de mi novela. Si huelen un aire conocido es porque la novela quiere ser un homenaje y una burla la famosísima novela no citada.
Prometo buscar el artículo perdido sobre las glorias del periodismo de opinión jalapeño.

Marco Tulio Aguilera

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