Confesiones sobre Poéticas


Confesiones consagradas*

Nina Crangle


Remy de Gourmont, en una carta cuyo destinatario era Pound, afirmó: “Franqueza de escribir lo que se piensa, único placer del escritor”. Esta frase del erudito francés bien pudo aparecer como epígrafe del más reciente libro del colombiano Marco Tulio Aguilera (ya sin el Garramuño): Poéticas y obsesiones (Universidad Veracruzana, 2007). El otrora enfant terrible de las letras colombianas arraigado en México desde hace casi tres décadas, se nos muestra en estas páginas dueño de una plenitud creadora y vital mucho más (por qué no decirlo) sosegada de lo imaginable. Y no se trata de una pose más, este autor polémico (lo sigue siendo, por fortuna) asienta en su prólogo las razones de ese cambio radical de rumbo después de haber sacrificado la vida para privilegiar el arte, en este caso, la literatura, su literatura, que no ha sido otra cosa que “una serie de variaciones sobre mi propia existencia”. Además de una absoluta franqueza para descubrirse, Marco Tulio hace gala de una sinceridad auténtica para abordar cada una de las constantes que privilegian su obra narrativa: el erotismo, el amor por la mujer, la condición humana y los placeres de la escritura.
Reúne Poéticas y obsesiones once textos escritos en los noventa (revisitados en años recientes para esta edición), presentados en congresos dentro y fuera del país, a excepción del último, “Encuentros con García Márquez”, en el que Marco Tulio congrega los diversos episodios que componen la accidentada (y por momentos muy divertida) relación que desde su juventud sostiene con su paisano Nobel.
En el resto, Aguilera expone los orígenes de los gustos literarios que delinearon su propia obra, preponderantemente el cuento y la novela. Para explicarnos su poética, el autor de Cuentos para después de hacer el amor recurre a aquellas figuras capitales que lo han acompañado en su trayecto creativo: L. Durrell, Miller, Proust, Nabokov, Cortázar, Borges… y desde luego Poe, cuya “Filosofía de la composición” es un ensayo fundamental que ha alentado y sostenido desde los inicios su ya larga vocación. Otro título igualmente clásico ha sido Aspectos de la novela, de E. M. Forster, punto de partida de varias de sus incursiones teóricas al arte de novelar.
Debo admitir que este libro me ha sorprendido gratamente. Lo imagino en manos de todo joven o adulto que ame la literatura, se inicie en la escritura y requiera de cierta orientación. Uno podría esgrimir de modo equívoco más de un prejuicio ante un escritor que afirma cada vez que tiene la oportunidad que el resultado de su obra (es decir, sus libros), son producto de una obsesión por sí mismo. Tal idea infundada podría ser motivo suficiente, aventuro, para rechazarlo. Pero ocurre como en cualquier otro caso donde se descontextualiza una idea: no sólo se fragmenta, también se distorsiona. Y no es que Poéticas y obsesiones sea una especie de manual imprescindible para desentrañar la obra de este autor (o su persona); no, no es esa la intención. Va más allá: es una invitación no sólo ha reflexionar en torno al oficio de escritor sino al disfrute pleno de la obra literaria, es por ello que Marco Tulio, un lector infatigable, nos comparte antes que nada su pasión por la lectura y los libros que lo marcaron.
Recuerdo con admiración a un Marco Tulio en su faceta de maestro de Redacción (y de traducción de la lengua inglesa). El entusiasmo, la camaradería y el deseo ilimitado por compartir el conocimiento acumulado fueron cualidades que marcaron aquellas clases (no sólo limitadas a la gramática, también al ejercicio cotidiano de la escritura) y que ahora, en este volumen aquí comentado, reaparecen depuradas y firmes, integrando así al lector no como a un alumno impuesto por la casualidad sino como a un interlocutor al que se le participa a un diálogo cuyas rutas parten de la literatura para volver a ella, una y otra vez, siempre distintas. Un ejemplo de su talento magisterial poco apreciado: “un cuento debe tener cimientos sólidos: que el lenguaje se ajuste a lo que se cuenta; que sea verosímil, que sea interesante, que su longitud no exceda lo que su intensidad permita, que sea significativo, que abra puertas al lector”.
En estas Poéticas hallaremos más de una sólida –y convincente– concepción en torno al acto creador, resultado de la entrega absoluta de su autor a atender y reflexionar sobre todo lo que lo rodea, pero enlazado de manera inexorable al devenir humano (“La prevalencia de la novela, como la prevalencia del arte, son labores tan importantes como la preservación del planeta: se juega en este golpe de dados, ni más ni menos, la existencia del espíritu, de la imaginación, de la libertad […]”).
Una de las obsesiones más conocidas de Aguilera es la fijación que por años ha manifestado por García Márquez, cuyos resplandores opacaron –sin intención alguna, queremos creer– a más de uno de sus coterráneos, convencidos de poseer una obra tanto o más valiosa que la del laureado autor de Cien años de soledad. La de Gabo es una presencia constante en este libro, surge de una admiración disfrazada de odio (o a la inversa) y Marco Tulio nos confía haberla exorcizado mediante la escritura de El juego de las seducciones. Pero honesto (nunca ha negado su indiscutible calidad literaria), admite en él al maestro, con todas las implicaciones que conlleva semejante reconocimiento. Aunque, como afirma en el último de los textos: “En realidad yo estoy de acuerdo con todo el mundo. Ya llegué a la conclusión de que es fácil tener la razón cuando se sabe que la verdad no existe”.
Y no es que Marco Tulio Aguilera ya no sea el mismo (contestatario, provocador, maldito), sólo que ha aprendido que la vida está, además, en otra parte: “Importa –me importa hoy– ser feliz y estar en paz con mi familia y los que me rodean. Lo demás, incluso la literatura, termina por ser vanidad. Vanidad sin la cual no puedo vivir. Por ello persisto en ella”. Menos mal que así sea.

Marco Tulio Aguilera. Poéticas y obsesiones. Universidad Veracruzana, colección Biblioteca. México, 2007. 178 pp.

* Publicado en Performance, año IV, núm. 65, Xalapa, Veracruz,16 de abril de 2008.

Marco Tulio Aguilera

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