Mis alumnos

Descabezadero 15
Diario de un escritor


La reseña de mi libro Poéticas y obsesiones publicada por mi ex alumna y hoy compañera de la Editorial en la Universidad Veracruzana Nina Crangle, ha refrescado en mí el recuerdo de mis clases en la Facultad de Letras de la misma institución. La reseña apareció en el semanario Performance y me hizo sentir orgulloso de una época de mi vida, en la que me ocupaba fundamentalmente de enseñar a redactar a un grupo de muchachos que de alguna manera resultó privilegiado. Sin ánimo de exagerar puedo decir que de 30 alumnos que tuve en ese grupo, por lo menos quince resultaron escritores. Escritores de diversos niveles, no todos genios literarios, pero sí gente que ha escrito libros, artículos, ensayos, teatro, personas que han hecho periodismo, han reunido leyendas, han laborado en asuntos editoriales, fundado semanarios y dirigido suplementos literarios.
Recordemos algunos: José Homero, el más inquieto, empresario (ha tenido locales de difusión cultural y etílica), fundador del semanario Performance, director del suplemento Graffitti y de la editorial del mismo nombre. Ha frecuentado las becas y las grillas culturales. Prefirió irse por la libre. Nada de cargos burocráticos. Él es su propio jefe. Tiene el respeto de la mafia más influyente de la literatura mexicana: Letras Libres, El Universal (cuyo suplemento, Confabulario acaba de fenecer), Christopher Domínguez y su pandilla.
Víctor Hugo Vázquez, a quien le di un premio literario, quien ha escrito libros de cuento interesantes, promueve el teatro y tiene una labor de respeto en las facultades de Idiomas y Letras. Nina Crangle, que sin muchos aspavientos ha hecho difusión cultural y quizás algo más que no quiere difundir. Carla García, que ha sido conductora de televisión y ha escrito poesía. Francisco Magaña, un poeta grande de Tabasco. Olimpia Guevara y María Luisa Hernández Rizo, críticas literarias. Otra chica grandota, que se ha dedicado a recoger y publicar leyendas. Se identificaba a sí misma como Bestia Erótica. No recuerdo su nombre ni tengo testimonios personales de que hiciera honor a su apodo. Y así podría seguir mencionando varios. No todos mis alumnos reconocen mi trabajo. Hay incluso algunos que lo niegan. José Homero, por ejemplo, niega mi magisterio. Y cuando le digo que yo le enseñé a poner las comas, dice: “Yo no soy tu alumno. Mis maestros fueron Juan Vicente Melo y Luis Arturo Ramos”.
Voy a reproducir unos párrafos de la reseña de Nina Crangle sobre Poéticas y obsesiones: “Remy de Gourmont, en una carta cuyo destinatario era Pound, afirmó: Franqueza de escribir lo que se piensa, único placer del escritor. Esta frase del erudito francés bien pudo aparecer como epígrafe del más reciente libro del colombiano Marco Tulio Aguilera (ya sin el Garramuño): Poéticas y obsesiones (Universidad Veracruzana, 2007). El otrora enfant terrible de las letras colombianas arraigado en México desde hace casi tres décadas, se nos muestra en estas páginas dueño de una plenitud creadora y vital mucho más (por qué no decirlo) sosegada de lo imaginable. Y no se trata de una pose más, este autor polémico (lo sigue siendo, por fortuna) asienta en su prólogo las razones de ese cambio radical de rumbo después de haber sacrificado la vida para privilegiar el arte, en este caso, la literatura, su literatura, que no ha sido otra cosa que una serie de variaciones sobre mi propia existencia. Además de una absoluta franqueza para descubrirse, Marco Tulio hace gala de una sinceridad auténtica para abordar cada una de las constantes que privilegian su obra narrativa: el erotismo, el amor por la mujer, la condición humana y los placeres de la escritura”.
Aun más conmovedor que el anterior párrafo es el siguiente: “Recuerdo con admiración a un Marco Tulio en su faceta de maestro de redacción (y de traducción de la lengua inglesa). El entusiasmo, la camaradería y el deseo ilimitado por compartir el conocimiento acumulado fueron cualidades que marcaron aquellas clases (no sólo limitadas a la gramática, también al ejercicio cotidiano de la escritura) y que ahora, en este volumen aquí comentado, reaparecen depuradas y firmes, integrando así al lector no como a un alumno impuesto por la casualidad sino como a un interlocutor al que se le participa a un diálogo cuyas rutas parten de la literatura para volver a ella, una y otra vez, siempre distintas. Un ejemplo de su talento magisterial poco apreciado: Un cuento debe tener cimientos sólidos: que el lenguaje se ajuste a lo que se cuenta; que sea verosímil, que sea interesante, que su longitud no exceda lo que su intensidad permita, que sea significativo, que abra puertas al lector”.
“En estas Poéticas hallaremos más de una sólida –y convincente– concepción en torno al acto creador, resultado de la entrega absoluta de su autor a atender y reflexionar sobre todo lo que lo rodea, pero enlazado de manera inexorable al devenir humano (La prevalencia de la novela, como la prevalencia del arte, son labores tan importantes como la preservación del planeta: se juega en este golpe de dados, ni más ni menos, la existencia del espíritu, de la imaginación, de la libertad […]”).
Gracias, Nina. Tus consideraciones sobre mi trabajo valen para mí más que las de diez reseñistas desconocidos y profesionales. Sigo esperando las obras mayores de mis ex alumnos.
Mistercolombias.blogspot.com
(El artículo puede ser leído completo en mi blog: mistercolombias.blogspot.com)

Marco Tulio Aguilera

No hay comentarios:

Publicar un comentario