Encuentro con mi rector


Hace aproximanadmente una semana fui invitado a desayunar por mi rector, Raúl Arias Lovillo. Lo llamo "mi rector" porque es el primer rector de mi universidad, la Veracruzana, con quien tengo una vieja y distante amistad. Digo vieja porque lo conozco desde hace más de quince años, cuando lo veía pasar con su hija de la mano para llevarla al kinder. Yo estaba todas las mañanas en la cancha de Economía jugando básket-desde que me conozco estoy jugando básket-. El era entonces profesor y yo guionista de Radio Universidad. Digo "distante amistad" porque nunca pasamos del saludo amable y una corriente muy obvia de simpatía mutua.

Lo reencontré en la pista del estadio durante la carrera del FESAPAUV. Nos tomamos fotos juntos y prometió invitarme a desayunar.

Al desayuno en La Pérgola llegué tarde debido al tránsito y a que mi mujer siempre está en desacuerdo con al ropa que visto e insiste en que me ponga la que ella quiere. Y como sé que las mujeres siempre tiene la razón, pues me cambié la ropa y llegué tarde.

Hablamos en el desayuno de varios temas: invitar a Juan Villoro a la Feria de Libro, buscar formas para atraer más gente a los eventos de la feria, planear eventos para el año 2008 con el objetivo de celebrar mi cumpleaños 60, el triufo de los Halcones (equipo de básket), su extraordinario I Pod, que tiene todo: radio, TV, internet, cámara, grabadora, etc.

También hablamos de Sergio Pitol. Yo sugerí la idea de que ya lo dejaran en paz, que no le dieran más premios y medallas, que no lo llevaran para acá y para allá, pues en una de esas se nos iba a petatear, es decir, a dar el azotón o irse para el lugar de donde nadie regresa. Raúl dijo que Pitol estaba bien y que le gustaban todas esas cosas de premios y reconocimientos, y que tal vez eso es lo que lo mantenía vivo y activo.

Como soy una persona relativamente sistemática, le llevé un oficio, en el que le especificaba los temas que quería tratar: uno de ellos. acondicionar un cubículo en la Editorial, para que yo pudiera trabajar a gusto. Mi labor básicamente es leer, y a veces, escribir.

Sobre todas estas no muy solapadas solicitudes, Raúl Arias Lovillo, respondió con amabilidad, no comprometiéndose a todas ellas.

Una cosa es cierta: este rector tiene una actitud muy diferente a todos los anteriores rectores: es accesible, amable, sencillo, no carece de la natural vanidad pero sabe manejarla con donaire, es un rector deportivo (todas las mañanas trota un mínimo de cinco kilómetros). Es persona interesada en su trabajo, le tiene cariño a la Universidad Veracruzana y es capaz de meterse a la jaula de los leones (léase las oficinas del SETSUV o la Facultad de Humanidades) y salir sin un rasguño.

¡Larga vida a mi rector, Rúl Arias Lovillo! Y ojalá podamos reelegirlo.

Marco Tulio Aguilera

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